El desafío del 4 de abril 2010 está planteado en términos radicales. Vamos a ir a votar, a elegir, a gobernadores en los 9 departamentos y los alcaldes de más de 300 municipios, con sus respectivas asambleas legislativas departamentales y concejales municipales, para dotarse mediante elección directa de autoridades con las mayores capacidades para ejercer con dignidad, transparencia y eficiencia los respectivos cargos. La última prueba para el MAS que lo ha ganando casi todo desde el 2006. Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija, una y otra vez pintaron de verde el mapa. La clase media urbana en La Paz, Oruro y Potosí, no se ha hecho sentir, por lo contrario, figuras representativas se han sumado a las filas gobiernistas.
La propuesta autonomista rayó la cancha con porcentajes abrumadores, entre 60-86 %. En los Andes, por consigna, voto acrítico, resultado de prácticas y cultura no democráticas, de mayoría indígena campesina quechua aymara, votaron en contra, también de forma apabullante. El atraso político en términos de democracia se puso en evidencia, pues en la consulta siguiente, ante la misma pregunta, no por convicción, votaron por la autonomía. Pero, todo con sabor a derrota para la oposición y los autonomistas (Ley 3365) porque ya se fraguó la CPE y los Estatutos quedaban a “compatibilizarse”, mediante otra ley, a ser elaborada por el propio ejecutivo hipercentralista.
Lo que se viene es de órdago. Definido quién es quién en estos departamentos autonomistas, se tratará de imponer una visión de Estado, un concepto de Nación y, fundamentalmente, de la nueva sociedad que pretende el Palacio Quemado. Lo ha demostrado repetidas veces, de a buenas y de a malas. El “hombre de acero” (Stalin) ejecutor es bicéfalo. Evo, que pasó de dirigente cocalero a reivindicador de los pueblos indígenas por la colonia y, ahora, a nuevo líder universal de los oprimidos y salvador del planeta. Y Alvaro, que hace ostentación de haber leído sólo algunos libros marxistas. En consecuencia, se trata de elegir entre autoridades afines a un proyecto hegemónico de toma del poder o a autoridades de convicción democrática, donde la única hegemonía es democrática, la igualdad ante la ley.
El gobierno construye con afán el estalinismo más reaccionario después de la experiencia de los Castro, para desgracia de Cuba, y Santa Cruz, sus dirigentes e instituciones, son el enemigo natural (El Nuevo Día 12/06/2008). La Bolivia resentida por un pasado de esclavitud y pobreza pretende imponerse sobre pueblos que vivieron otra experiencia social, económica y cultural. Pocos pueden imaginar vivir en Tocopaya, Arque, Caripuyo, Colquechaca, Presto, Charagua, Urubichá, Beni o Pando. Pero en vez de levantar la bandera para atacar a fondo el tema de la pobreza, implementando infraestructura básica, creando condiciones favorables para la inversión, apoyando la generación de empleo, es decir, mejorando los IDH del Premio Nobel Amartya Sen, salud, educación, ingresos/consumo, se busca arrastrar en la desgracia a los pueblos del oriente, los autonomistas.
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Maurice Duverger lo resume magistralmente “Afirmar que los pueblos libres son pueblos ricos expresa, con una fórmula brutal, pero apenas exagerada, una verdad fundamental”. La alternativa a la pobreza en el país fue una sociedad más libre, como la cruceña y su entorno de influencia, que ha dado espacio y condiciones para que la migración andina encuentre no sólo donde sobrevivir sino para que progrese, se desarrolle y abra horizontes de esperanza a sus hijos, los nuevos cruceños de vocación autonomista. Pero el gobierno está ciego, propone el modelo de economía centralizada, que a corto plazo, los errores y caprichos de unos pocos serán contabilizadas como pérdidas de todos. A la cola con Haití, Honduras, Nicaragua y países africanos, por debajo de la media mundial. Mientras Santa Cruz arrastró al 25% de los bolivianos por encima de la media latinoamericana, a un nivel “alto superior” (IDH 0.89, UDAPE 2004)
El socialismo será un bonito discurso pero es garantía de violencia y pobreza al mediano y largo plazo. Los bonos son luces de bengala en medio de tanta miseria. La propiedad en manos del Estado garantiza la pérdida de libertades, no sólo de riqueza. Políticos metidos a empresarios, a veces sin experiencia ni para sacar aceita de una calucha, confunden la empresa con un montepío hasta hacer el prodigio de quebrar monstruos económicos como son PDVSA en Venezuela, llena de juicios por cesación de pagos a sus proveedores. ¿Y cómo irá COMIBOL?, con 5.000 nuevos empleados “políticos” no garantiza buenos resultados. ¿Vivirán los porteños, y todo el país, el fracaso del proyecto Mutún? ¿Arrancará algún día la industrialización de los hidrocarburos, de la que se habla hacen cinco años? ¿Sobrevivirá la agroindustria nacional a los embates de control de precios, licencias a la exportación, levantamiento de garantías sobre la propiedad de tierras productivas? Un político “gurú” define las leyes de la economía, las relaciones de producción y el destino de los excedentes del trabajo y la inversión. Porque hay que destruir el sistema capitalista explotador: al que crea empleo, paga sueldos estables, asegura empleados, aporta para una vejez sin sobresaltos, etc.
Karl Marx lo intuyó, no hay que dejar desarrollarse al capitalismo, porque acaba con los pobres, no va a arruinar a los campesinos ni a los productores. Y sin ellos no se puede plantear la toma del poder. San Julián, Yapacaní, el norte integrado, hace 30 años eran migrantes pobres de las regiones más miserables. Hoy no lo son más. El modelo asumido por la sociedad cruceña hizo posible que hoy sean comunidades prósperas, aunque no exentas de problemas. Por eso, frente a la tentación de hegemonía totalitaria está votar por la hegemonía democrática, para seguir progresando en libertad, fiel a una tradición y cultura, exigiendo el Estado de Derecho.