La influyente revista Veja denuncia que la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos, será una de las rutas por las que la cocaína llegará a Brasil.
Denuncia: Veja señala que la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos será usada por los traficantes de drogas.
Revista brasileña acusa a Lula de financiar una ruta que ayuda al narcotráfico
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En su edición más reciente, la influyente revista independiente brasileña Veja denuncia que la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos, cuya construcción es financiada por el Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, será una de las rutas por las que la cocaína llegará a ese país. Veja publica lo siguiente:
«En los últimos siete años, el Gobierno brasileño inspiró su política externa en el modelo del Partido de los Trabajadores. Los diplomáticos y el presidente Lula visitaron países que violan los derechos humanos. En general, esos gobiernos cultivan una retórica antiamericana. (Así se) coloca a la ideología por encima de los intereses brasileños.
La semana pasada, el precandidato opositor a presidente José Serra apuntó uno de los efectos de esa diplomacia al hablar de las relaciones del presidente boliviano Evo Morales con el tráfico de estupefaciente. “¿Usted cree que Bolivia iba a exportar 90 por ciento de la cocaína consumida en Brasil sin que el Gobierno de allá fuera cómplice? Imposible”, dijo Serra en entrevista a una radio.
Al día siguiente, reforzó el concepto: “Brasil debería hablar con el Gobierno boliviano, hacer gestiones, presionar para que se controle la exportación ilegal de cocaína para nuestra juventud”. Sus comentarios fueron clasificados por la precandidata oficialista, Dilma Rousseff, como una “satanización” del país vecino. Serra, sin embargo, no atacó a Bolivia ni a los bolivianos; sí a la política del actual gobierno de aquel país. Y lo hizo hasta con detalle.
Más que cómplice, como dijo el candidato opositor, Evo Morales, presidente desde 2006, es patrocinador de narcotraficantes. Peor: el Gobierno de Lula no sólo cierra los ojos ante lo que acontece en Bolivia y se prepara a financiar una carretera que facilitará el traslado de la cocaína hacia Brasil. O sea, la droga que destruye los sueños de familias de todas las clases sociales llegará más rápidamente a nuestras ciudades y con ayuda del contribuyente brasileño.
Irritado con las declaraciones de Serra, un ministro boliviano con nombre sugestivo, Óscar Coca, exigió pruebas. He aquí ellas: Morales entró en la política defendiendo los cultivadores de hoja de coca de la región de Chapare, en el departamento de Cochabamba. En la nueva Constitución boliviana, dictada por el Presidente y aprobada en referéndum al inicio del año pasado, la coca es considerada “recurso natural renovable de la biodiversidad de Bolivia y factor de cohesión social”. Ésa fue la fórmula encontrada para vender al mundo la idea de que la defensa de la producción de coca visa a preservar los usos culturales, como en tes y al natural, para masticar.
Si eso fuera verdad, el Presidente boliviano debería incentivar la reducción del área plantada, no su aumento. Morales anunció la intención de ampliar el cultivo de coca a 21 000 hectáreas. La demanda tradicional no necesita de más de 7 000 hectáreas para ser cubierta.
Además de eso, la mayor parte de la producción boliviana tiene fines ilícitos: 71% de la coca del país es transformada en droga. En el Chapare, reducto electoral de Morales, ese índice sube para espantosos 95%. Las acciones de combate al narcotráfico fueron desmanteladas una a una en la Administración Morales. La DEA, por ejemplo, fue expulsada del país en 2008. Daba apoyo a la policía local especializada en el combate al narcotráfico (FELCN), complementando salarios, comprando uniformes e impartiendo cursos. Sin ese auxilio externo, la FELCN no tiene siquiera gasolina para perseguir traficantes y encontrar laboratorios de refinación de cocaína. Las aprehensiones actuales son, en la mayor parte, realizadas próximas a la frontera con Brasil, y sólo por insistencia y con la ayuda de la Policía Federal brasileña.
Morales también expulsó de Bolivia a la agencia americana de desarrollo, la USAID, que los paranoicos izquierdistas latinoamericanos siempre ven como un brazo de la CIA, la agencia de inteligencia de Estados Unidos. Sus integrantes financiaban proyectos para dar alternativas económicas a los pequeños agricultores, como la plantación de banana, melón, café y cacao. Sin USAID, las plantaciones de coca avanzaron y la exportación de frutas cayó 41% en un año. Morales prefiere que su país gane dinero vendiendo droga a Brasil.
Bajo su supervisión, los cultivos de coca ahora están presentes en los nueve departamentos bolivianos y en tres reservas forestales. Desde 2007, Bolivia cristaliza la cocaína en laboratorios montados en asociación con carteles colombianos. Hasta entonces, el país exportaba sólo la pasta base de cocaína.
El incentivo de Morales hizo que la producción de cocaína creciera 41%. La política cocalera tuvo el efecto deseado por el Gobierno boliviano: el negocio prosperó. El volumen de cocaína incautado por la Policía Federal en los cuatro estados brasileños fronterizos con Bolivia se triplicó. “Los traficantes están haciendo fiesta, porque Brasil es el segundo mayor consumidor de cocaína del continente, atrás sólo de Estados Unidos, y llegar a ese mercado nunca fue tan fácil”, dice el boliviano Humberto Vacaflor, especialista en narcotráfico.
Entre el 80% y el 90% de la droga consumida en Brasil es boliviana que, por no tener la misma calidad de la colombiana, es despreciada por americanos y europeos. Este comercio aumenta el bandidaje organizado y financia otros tipos de crimen en Brasil. En Río de Janeiro, 60% de los delitos está relacionado con droga. Además de cristal, los traficantes bolivianos venden pasta de cocaína a Brasil. El producto, mezclado con soda cáustica, es transformado en crack, una droga barata y mucho más peligrosa.
Con el dinero de los contribuyentes brasileños, será aún más fácil para los traficantes colocar cocaína y crack en las calles de nuestras ciudades. En agosto del año pasado, en Bolivia, el presidente Lula, adornado con un collar de hojas de coca, prometió un préstamo de 332 millones de dólares del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (Bandes) para la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos. En la ocasión, la seguridad de Lula no fue hecha por policías, sino por centenares de cocaleros armados con bastones envueltos en esparadrapo.
Con 60.000 habitantes, Villa Tunari es el principal centro urbano del Chapare. La carretera cruzará las áreas de cultivo de la planta y, teóricamente, debería formar parte de un pasillo interoceánico conectando Iquique con el Atlántico».
Policía de Brasil arresta a 30 personas
La Policía Federal (PF) de Brasil aprehendió en cinco estados fronterizos con Bolivia, entre los que se cuenta a Mato Grosso, a 30 de 32 presuntos narcotraficantes contra quienes se habían librado los mandamientos correspondientes, informaron ayer medios impresos del país vecino.
Un empresario establecido en el municipio brasileño de Cáceres, fronterizo con San Matías, en territorio boliviano, financiaba las operaciones de esta banda que traficaba con el alcaloide entre ambos países.
El empresario, cuya identidad es mantenida en reserva, guarda detención preventiva bajo la acusación de homicidio y, según una fuente policial, “participaba activamente en el robo de vehículos para su posterior intercambio con drogas y armas de fuego de origen ilícito”.
Este operativo fue denominado por la PF como Re-Volver, por tratarse de un complemento del conjunto de acciones Volver, llevado a cabo en julio de 2009 y que logró la captura de 37 sospechosos de narcotráfico. La Prensa