Nuevos ejemplos de la cultura de la paz y la tolerancia

- Palo Santo

Un ex “periodista” colaborador de la inteligencia cubano-venezolana coordinó el asalto a la propiedad de Cárdenas.

Participaron dirigentes del MAS, ponchos rojos y hasta algunos “satucos” del grupo del diputado Torrico.

imageSentencia. En la leyenda inscrita en la puerta principal se plasma la decisión comunal. (foto La Razón y Cadena A)

Cada día se perfila de manera más nítida el perfil del modelo que quiere imponer el MAS, un gobierno donde prevalezca la intolerancia, donde los que cometan el imperdonable error de discrepar con el gobierno, pondrán en serio riesgo sus vidas, la de sus familiares y sus bienes, en suma, deberán andar con “el testamento bajo el brazo” como afirmaba un coronel de triste memoria cuando formaba parte de un gobierno que como el actual, se cuidaba muy bien de afectar los intereses del narcotráfico.

Víctor Hugo Cárdenas cometió ese error y los masistas ya han comenzado a encargarse de que lo pague muy caro. Los cobardes actos cometidos contra sus familiares en su domicilio de Huatajata no son obra exclusiva de un grupo de levantiscos comunarios que asumieron la enaltecedora labor de escarmentarlo por haber convocado al NO en el referéndum constituyente.

Se trata de una acción instruida desde las más altas esferas de gobierno y los “valientes” indígenas solo fueron un instrumento ciego y hasta inconsciente. El viernes, en la víspera de la acción punitiva, el ex periodista Hugo Moldiz, se reunió en Achacachi con Eugenio Rojas, alcalde de esa localidad cercana a Huatajata en la que le comunicó que desde el palacio de Gobierno se había dado luz verde a la toma de la vivienda del expresidente.

Moldiz es un conocido operador gubernamental y mantiene estrechos vínculos con los servicios de inteligencia venezolanos y cubanos a los cuales presta muy bien remunerados servicios. Como parte de sus actividades dirigió durante un tiempo al “estado mayor del pueblo” desde el cual se organizaban agresiones contra periodistas y parlamentarios opositores.

De acuerdo a una información cursada desde el regimiento Ayacucho con asiento en Achacachi al comando en jefe de las FFAA en el Gran Cuartel Miraflores, Eugenio Rojas se trasladó en horas de la mañana a la feria que se realiza semanalmente en Huatajata donde participó en una “asamblea” durante la cual convidó generosamente decenas de cajas de cerveza y cuando las condiciones estaban dadas, deslizó, como por casualidad, el tema del escarmiento a Cárdenas y la “conveniencia” de que en el domicilio de su propiedad se instale una sede para las personas de la tercera edad.

Naturalmente el clima de euforia debido a la generosa ingesta de cerveza permitió que el numeroso grupo de comunarios se dirija al domicilio de Cárdenas y agreda con palos, piedras y chicotazos a la esposa, los dos hijos y la cuñada del exmandatario con esa valentía que es tan característica de los grupos originarios.

imageAmenaza. Catari y su hijo son cercados por campesinos con palos (Foto La Razón y Cadena A)

Sin embargo existe otro elemento que debe ser tomado en cuenta. Pese a los desesperados llamados que hacían los vecinos de los Cárdenas a la Policía, esta se dio su tiempo y no llegó hasta el lugar de los hechos sino hasta las cinco de la tarde cuando los familiares del exvicepresidente aymara habían sido chicoteados y apedreados siguiendo esa “honorable” tradición ancestral. Además las amenazas de los dirigentes de la población de Huatajata eran públicas y permanentes sin que autoridad alguna del gobierno se rasgara las vestiduras y gimiera lastimeramente ante tamaña muestra de intolerancia hacia un aymara.

Ante la gravedad de la situación, diversos medios de comunicación intentaron comunicarse este sábado con el ministro de Gobierno, Alfredo Rada; el comandante de la Policía o el viceministro de Gobierno, Marcos Fárfan para pedir una intervención policial pero de manera altamente sospechosa, todos se habían borrado del mapa. Solo se pudo lograr el contacto con el director de Comunicación del Ministerio de Gobierno, Javier Macías, quien sostuvo que intentaría comunicarse con alguna de esas autoridades.

Cuando Farfán se digno a dar la cara lo hizo para afirmar que posiblemente este acto era una expresión de repudio por una “masacre de Huarisata” de la que solo él tiene referencias y que habría sido cometida durante el segundo gobierno de Sánchez de Lozada.

Posiblemente se refería a los sucesos que antecedieron a los hechos de octubre de 2003 y que se iniciaron con la toma de rehenes en la población de Sorata continuando con unas acciones muy poco meditadas por parte del entonces ministro de Defensa, Carlos Sánchez Berzaín. Pero ocurre que para esas épocas, Cárdenas no cumplía función alguna en el gobierno.

Consiguientemente se trata de un burdo intento de justificar lo injustificable, pero más aún, constituye una confesión de culpa, lo grotesco de los argumentos no dan para pensar otras cosa.

Como es más que evidente, existen los suficientes elementos para pensar de que la toma del domicilio y la agresión en contra de los familiares de Víctor Hugo Cárdenas no fue solo obra de un grupo de alcoholizados comunarios sino una acción de escarmiento planificada desde el gobierno. Una advertencia contra todos aquellos que tengan la osadía de oponerse a los designios del MAS. Una muestra de la “cultura de la paz y la tolerancia” que cínicamente menciona de manera permanente Evo Morales.