El ‘chiste’ de las drogas

- Opinión

Lo más conveniente sería que este Gobierno, por más que haya surgido desde los cocales del Chapare, deje de encarar con liviandad el grave problema del narcotráfico.

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El Gobierno parece aliviado con la reciente revelación de la Junta Internacional de Estupefacientes (JIFE) dependiente de la ONU, que coloca a Bolivia como el tercer productor mundial de marihuana, detrás de Marruecos y Afganistán.

Al contrario de lo que sucede con las malas noticias que suelen llegar desde el exterior sobre el crecimiento de la coca y la cocaína en el país, diferentes autoridades nacionales y hasta el mismísimo presidente Morales han salido inmediatamente a darle la razón a la JIFE, la que, por primera vez, según lo que se ha admitido, este organismo no parece haberse equivocado en las cifras.

Es curioso cómo, en el caso de la marihuana, el Gobierno relaciona el aumento de las incautaciones y el crecimiento de cultivos con el auge del tráfico de esta droga, pero cuando se trata de la cocaína, mayor incautación es sólo sinónimo de la eficiencia de la Policía y no de más producción, como sobradamente lo han demostrado numerosos informes.

La situación cambia ni bien la JIFE menciona a la coca. El Presidente se ha molestado porque la misma organización, con sede en Austria, le ha recordado que la “hoja sagrada”, cuyos cultivos han superado con creces las 30 mil hectáreas, mucho más del doble de lo permitido por la ley, sigue siendo considerada una droga por la ONU y ha pedido que el Gobierno de Bolivia haga esfuerzos para que la gente deje de masticarla. Evo Morales pasa de la molestia al chiste, cuando les hace una invitación a los señores de la JIFE a visitar el país para conocer la realidad de la coca y masticarla para que “se vuelvan más sanos e inteligentes”.

Lo más conveniente sería que este Gobierno, por más que haya surgido desde los cocales del Chapare, deje de encarar con liviandad y un relativismo poco serio, el grave problema del narcotráfico que une a la marihuana, la coca y la cocaína y que para los bolivianos ha comenzado a ser palpable en el aumento de la delincuencia, los asesinatos y la drogadicción.

Es muy fácil hablar de números fríos, porcentajes, tratar de negarlos o rebatirlos, pero no es nada gracioso ver cómo el bandolerismo, los crímenes ligados al consumo de las drogas y la incidencia de la drogadicción en las escuelas siguen aumentando. ¿Cuándo vamos a dejar de asumir posturas simplistas para salir del paso? ¿Cuando existan en Bolivia regiones como Ciudad de Juárez, donde los narcotraficantes asesinan cada día a decenas de personas? ¿Cuando las calles de las ciudades estén llenas de muertos vivientes consumidos por sustancias consideradas por algunos de origen “sagrado”?.

Diferentes organismos internacionales no han dejado de machacar sobre lo que está ocurriendo en Bolivia con el narcotráfico y en el Gobierno siempre han tenido una respuesta despectiva, como si todo fuera parte de una gran conjura. Todos sabemos que el MAS no va a reaccionar para cambiar el rumbo de las cosas y es improbable una acción mucho más drástica desde afuera, al margen de los informes y las llamadas de atención. Le toca a la sociedad civil organizada, a los educadores, a las iglesias, comenzar a generar conciencia sobre los riesgos que les esperan a las futuras generaciones si las cosas siguen así.

El Presidente hace chistes cuando se habla de la coca y el narcotráfico. Conviene que encaremos con seriedad este tema.