Salta, Argentina. Investigan las supuestas actividades de una banda de narcopolicías salteños. El exsubcomisario Gabriel Giménez, principal implicado en un caso de contrabando de cocaína, asegura que el tráfico nunca existió.
INTERROGATORIO GIMENEZ SALE DEL JUZGADO TRAS SER INDAGADO.
ElTribuno.com.ar
En su extensa declaración manuscrita ante el juez Bavio, Gabriel Giménez -cuyas acusaciones, de ser comprobadas, abrirían la puerta a un escándalo insospechado- asegura que las pinchaduras de teléfonos a terceros y la consecución de las sábanas de llamadas de estos con sus contactos también les eran solicitadas por altos jefes de la fuerza “tales como el actual jefe de Policía, comisario general Néstor Cardozo; comisario general Simón Pistán, quien fuera en ese momento director de Drogas Peligrosas; comisario general Néstor Hugo Méndez, quien fuera director de Seguridad y su ayudante, oficial Velázquez; el jefe de la Brigada de Investigaciones 1, Juan Carlos Míguez; el comisario Flores, jefe de la brigada de Orán y actual jefe de la 1; el comisario general Marcelo Lami, que en aquel tiempo era jefe de Inteligencia” y menciona a otros, sin dar nombres.
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“Dejo expresamente aclarado que no existían órdenes judiciales para tales actividades y que tanto el ministro (Pablo Kosiner) como el secretario de Seguridad tenían pleno conocimiento de las mismas…”.
“En reiteradas ocasiones Aldo Rogelio Saravia me citaba a su oficina y me daba órdenes no compatibles con una persona racional: que ingresáramos clandestinamente a la República de Bolivia y matáramos a los individuos que cometían delitos del lado argentino, ya que su pensamiento era que si se sacaba del camino (mataba) a un par de ellos se produciría un efecto de temor sobre los delincuentes. Esas órdenes, las cuales no cumplíamos porque eran de una locura, lo enfurecían de una manera tal que amenazó con corrernos de la Policía o amenazarnos la vida. Hoy me doy cuenta, con el torbellino de presiones que sufrí, que Aldo Rogelio Saravia cumplió sus amenazas valiéndose de su poder y apoyo político para causarme daño…”.
Giménez continúa su exposición asegurando que eran tantas las presiones, que “me dieron carpeta médica psiquiátrica y que las constancias constan en Simela y el doctor que me trataba, Roque Almada, tiene pleno conocimiento de lo que me sucedía y le comentaba sobre las cosas que me pedían, como es el caso de los teléfonos, quien si se lo cita podría corroborar lo que estoy diciendo”.
Giménez expone también lo que ya fue publicado por El Tribuno en el sentido que fue convocado por un ingeniero (Elio del Frari y un legislador de nombre Pablo y de apellido Ruiz o Díaz) y luego por el entonces diputado Fredy Petrón, para que realizara más escuchas ilegales y espiara al entonces candidato a gobernador Alfredo Olmedo y su entorno. Que, cansado de todo esto, pidió asesoramiento al abogado del gobernador, Horacio Aguilar, a quien le exhibió su computadora con toda la información de acciones ilegales realizadas, ya que allí tenía “cargado el informe de la investigación del Sr. Alfredo Olmedo, el que había obtenido por intermedio del cabo Rolando Rodríguez, quien solo daba los formatos de los informes por su conocimiento en informática y en estos se veían las sábanas de llamadas de los diferentes números telefónicos del Sr. Olmedo y demás investigaciones, a lo que el Dr. Aguilar se sorprendió con dicha información y me dijo que el gobernador estaba de viaje y que cuando regresara le contaría las acciones de Saravia…”.
“Por alguna circunstancia Saravia supo que yo estaba solicitando ayuda por lo que estaba haciendo… por lo cual, en el procedimiento de fecha 25 y 26 de mayo de 2011, vio su gran oportunidad y en complicidad con efectivos policiales de jerarquía "plantaron’ la droga que fue hallada en el lugar de tránsito casi 24 horas después”.
Un desafío bravo
“Para comprobar la veracidad de mis dichos y del informe que hago referencia, al mismo se lo puede extraer de mi computadora portátil secuestrada, la cual para su acceso tiene una clave personal; que en este mismo acto solicito que la traigan a los efectos de proceder a buscar el archivo de referencia” (No se accedió a esa demanda).
“Asimismo, hago saber que en caso de que el archivo hubiera sido borrado, existen formas de lograr su recuperación mediante programas y aparatos para obtener la información eliminada como así también determinar las veces que se accedió a partir del 25 de mayo de 2011 a la máquina, solicitando, en caso de ser así, que dichas pericias sean realizadas por la Gendarmería o la Policía Federal Argentina, quienes poseen los elementos para tal fin. Que dicha información también estaba contenida en un DVD que se hallaba en un sobre blanco dentro de un cajón de mi placard, al igual que un pendrive, que fueron secuestrados de mi casa, en Los Inciensos 70 de esta ciudad, elementos que también sean traídos en este acto”.
“Pudieron ver este informe el Dr. Aguilar, que trabajó en la Justicia Federal; el cabo Rolando Rodríguez, quien le dio el formato; el cabo Sergio Quiroga, quien consiguió las sábanas de llamadas y realizó otras investigaciones sobre el Sr. Olmedo y se entrevistó varias veces con el ingeniero enviado de gobierno (Elio del Frari), de quien poseía su número de teléfono; el cabo Dante René Armella, quien sabía toda la actividad y observó y filmó -con cámara oculta en una lapicera de Inteligencia Criminal-, junto al cabo Rolando Rodríguez, la última reunión que se realizó en la estación Shell de la terminal”.
El novelesco testimonio de Giménez ante el juez Bavio
El exsubcomisario y principal implicado en un caso de contrabando de cocaína asegura que el tráfico nunca existió. Lanza acusaciones y un desafío: que sea peritada su notebook, donde está todo sobre escuchas y espionajes.
El exsubcomisario y exjefe de la División de Inteligencia Criminal Gabriel Giménez aseguró -en un manuscrito de su puño letra que entregó al juez federal Julio Bavio, quien investiga las supuestas actividades de una banda de narcopolicías salteños- que jamás ha traficado droga, que la droga hallada en un operativo “fortuito” le fue “plantada” y acusó por ello al exsecretario de Seguridad de la Provincia Aldo Rogelio Saravia, a quien sindica como el “armador” del procedimiento.
Giménez, quien escapó de un control policial realizado en un camino vecinal, cerca de Gemes -junto a Marcelo Francisco Irahola, alias “Lobito”, un colombiano-boliviano de pésimos antecedentes- el 25 de mayo del año pasado, fue capturado el 9 de enero pasado en Santa Cruz de la Sierra, en una acción coordinada por fuerzas de seguridad combinadas de Bolivia y Argentina y, según su versión, trasladado clandestinamente a nuestro país, sin dar cumplimiento al más mínimo protocolo.
Ahora se halla preso en la cárcel federal de Gemes, donde también está su colega Carlos Gallardo, detenido durante el procedimiento efectuado en mayo del año anterior.
En su primera declaración ante el magistrado, negó ser narcotraficante y advirtió ser víctima de una venganza por parte de autoridades superiores, por negarse a continuar con tareas de escuchas telefónicas y espionajes personales e informáticos a terceros, entre ellos dirigentes de la oposición, periodistas, empresarios y hasta integrantes del equipo gubernamental del Centro Cívico Grand Bourg, especialmente a los que cumplen funciones en la Secretaría de Prensa.
Giménez reconoció haber estado con Irahola cuando huyó, pero dijo que esa noche no traía droga sino que custodiaba junto a Gallardo, que los seguía, armado y en otro auto, un despacho de $800.000 procedente de Orán, vía Bolivia, y que debía ser trasladado a Salta primero y a Buenos Aires después, lo que les daría un rédito de $3.500 a cada uno.
“Tenía desconfianza y miedo de que nos mejicanearan”, señaló al explicar las razones de su desplazamiento por un camino vecinal.
“El dinero se hallaba en una bolsa de tela verde y contenía $870.000, discriminados en 87 fajos de $100 y un fajo de $6.000”, especificó.
“A horas 20, cuando circulábamos junto a Irahola como vehículo de cabecera, observé a lo lejos chalecos refractarios; me asusté, porque eran dos opciones: o personal de una fuerza de seguridad o delincuentes, por lo que instintivamente miré hacia atrás y no visualizaba el automóvil de Gallardo, por lo que, en forma inmediata, le dije, vía radial, que estábamos en problemas”, continuó.
“Era un control policial; nos hicieron una inspección visual y nos dijeron que continuáramos la marcha. Al alejarnos, observamos que la camioneta en la que se encontraba la policía salió presurosamente rumbo al norte, sin saber por qué…”. (Era la persecución de Gallardo).
Luego, cuenta que se quedaron atascados en el río Toro, que fueron a Gemes a pedir ayuda para sacar el vehículo y que, finalmente, llamó a sus hermanos a Salta para que los rescataran. Cuando llegaron ellos a auxiliarlo, lo retaron preguntándole en qué andaba.
“Cuando nos trasladábamos al lugar donde estaba atascado el auto de Irahola, observé que pasaba a gran velocidad una camioneta dorada o champán, lo que me hizo pensar que habían robado el dinero, que estaba en el baúl. Al llegar, observé el movimiento de personas cerca del rodado por lo que le pedí a Luis que diera la vuelta y apagara las luces, y nos fuéramos rápido. Mi otro hermano, Carlos, comenzó a insultarme y me dijo: "Dónde nos metiste, hijo de puta!’. Luego observé a lo lejos una luz de un vehículo que nos seguía. No sabía si eran policías o delincuentes. Recorrimos unos kilómetros y estaba la camioneta dorada antes mencionada, cruzada en medio del camino. Comenzaron a escucharse disparos. Escuchamos la palabra "policía’ y con Irahola nos bajamos y corrimos hacia unos cañaverales, pensando que nos matarían. Me entró el real miedo, ya que estaba seguro de que si no me mataban algo me iba a suceder, por todos los problemas que mantenía con el secretario de Seguridad Aldo Rogelio Saravia.
Logré escapar y mi próximo destino fue La Quiaca y cruzamos por un paso clandestino a Villazón, Bolivia. Pernocté en diferentes ciudades de ese país y, finalmente, me asenté en Santa Cruz de la Sierra. Pasados unos días, comencé a informarme y grande fue mi sorpresa cuando en ningún momento se mencionaba un procedimiento por el dinero que trasladábamos, sino por infracción a la ley de estupefacientes. Desde ese día mi único objetivo es, y será, desenmascarar a Saravia. El nos ordenaba acciones no policiales, como controlar la red de computadoras del Grand Bourg, después que se retiraban los empleados a efectos de comprobar, especialmente en Prensa, si desde esas computadoras salía información a medios en contra del Gobernador. Estas actividades eran realizadas bajo coacción…”.