Bolivia: De los barones del estaño a los dueños de la minería

- Economía

Las venas abiertas de la minería. La historia de la minería en Bolivia es la historia misma del país. De sus entrañas salieron y siguen saliendo toneladas de plata, estaño y zinc, entre otros minerales, que han terminado por favorecer a determinadas personas o grupos, mientras el Estado intenta recuperar aquellas vacas flacas, tras el pedido de los mineros que acuden al grito de la nacionalización, para buscar mejores condiciones de vida.

imageLa actividad minera fue afectada por la violencia registrada en los últimos días entre cooperativistas y asalariados.

El problema suscitado en las últimas semanas entre mineros cooperativistas y aquellos que reciben el sueldo del Estado, obliga a unos y otros volcar la mirada atrás y ver a través del retrovisor del tiempo una historia idéntica, con distintos actores, pero los mismos seres codiciosos que hunden en el corazón de la tierra sus maquinarias sofisticadas para hacer saltar por sus venas el mineral, que ayer como hoy favorece más a pocos y casi nunca al Estado.

Los Arce, Argandoña y Aramayo cedieron el bastón de mando a los Patiño, Hoschild y Aramayo, nombres tan repetidos en la escuela que el hombre común los repite mnemotécnicamente en ese orden. Hoy los nombres y apellidos cambiaron por los de empresas: Manquiri, Sinchi Wayra y San Cristóbal, que seguramente se repetirán con la misma facilidad con el paso de los años.

“Si antes los minerales se llevaban en carretas y mulas, ahora se los llevan en vagones. Parece que no hay un buen control o el registro está en manos de los técnicos, la mayoría extranjeros que saben cuándo y cómo sacar esos minerales, mientras la mano de obra es de los bolivianos y nosotros somos los testigos mudos”, nos narraba un maestro de una escuela de Uyuni, en ocasión de una visita fugaz que hicimos por aquel lugar.

DESDE EL NACIMIENTO DEL PAÍS

Cuando se fundó la República la minería de la plata atravesaba por una profunda crisis, minas abandonadas y otras inundadas. Potosí había dejado de ser un imán económico y había decrecido la población, muchos de los cuales se fueron a Sucre. En aquellos años el principal producto era la plata convertida en moneda sufría la ausencia de circulante, razón por la que exportaba sus monedas de plata. Fue durante el mandato del mariscal Andrés de Santa Cruz que se empezó a acuñar la moneda feble, que tenía un menor contenido de plata. El llamado peso fuerte tenía una ley de 10 dineros mientras que el peso feble tenía sólo 8 dineros.

Bajo la presidencia de Melgarejo se consolidaron los mineros, fue el mazazo final al Estado. Los Aramayo, Arce, Argandoña y compañía, que defendieron a los compradores de tierras de comunidad recibieron nuevas concesiones y Arce, a su turno, obtuvo para Huanchaca el permiso de exportar directamente su producción, según cuentan Klein y Vladimir Díaz en la “Breve Historia de la Minería en “Bolivia”.

La caída del monopolio estatal era ya una fruta madura que no tardó en caer. En 1872 se acabó con el monopolio estatal sobre la comercialización de plata y se suspendió la emisión de la moneda flebe. La nueva era de la plata estaba por hacer su entrada en el escenario político

El ferrocarril Antofagasta – Uyuni completado en 1889 fue festejado por la oligarquía, con él la compañía Huanchaca daría el salto definitivo, a través de este medio se pudo elevar los niveles de exportación.

El ferrocarril rompió la unidad mina ingenio y Huanchaca con su capacidad de extracción de mineral incrementada, ahora estaba en condiciones de hacer envíos de gran cantidad de mineral a menor costo llenando los vagones del tren par ser procesados posteriormente en Chile, en la fundición de Playa Blanca en Antofagasta.

Los documentos de entonces señalan que el control estatal era tan débil que no llegaba ni al 3% de lo que se sacaba el impuesto que se pagaba. Parece que la historia no cambió mucho, porque de acuerdo con la versión de Vladimir Díaz, las grandes cooperativas no aportan más del 9% por concepto de impuestos, lo que abre un gran interrogante y dará una razón a los que piden nacionalización, aunque muchos de ellos no saben si este es un paso al frente en terreno seguro o al borde del precipicio.

TODAVÍA ATADOS AL PASADO

En el fondo tienen razón los opositores y oficialistas en el diagnóstico, pero no en la gestión porque la historia seguirá pintando a Bolivia como el primer país productor de plata y estaño, que luego fue bajando la producción hasta desaparecer del ranking de países productores, agotando las reservas como materia prima. Pero ello no cambió la situación de pobreza del país por lo que ahora se habla con propiedad que se debe incorporar valor agregado a las exportaciones, como han recomendado diversos foros y publicaciones.

Sin embargo se quiere apretar el acelerador aunque el coche del desarrollo tiene todavía suspendido el freno de mano y es que el actual Código Minero responde al objetivo de explotar y exportar, y tal vez por ello no especifica nada sobre la industrialización ni la incorporación de valor agregado, lo que podría contribuir a la diversificación de la economía por rubros.

La temática del presente no apunta hacia esta diversificación sino a cuánto más se podría recibir por exportar la materia prima. Es el árbol que impide la mirada y no permite ver el bosque.

“Respecto a los impuestos, el año pasado fueron exportados 3.400 millones de dólares por conceptos de impuestos directos a la renta minera, es decir regalías como el impuesto a las utilidades de la empresa más la cuota adicional. Lo que pagan el conjunto de los operadores mineros, respecto a este valor de la exportación, apenas alcanza al 13 por ciento. De los 3.400 millones de dólares apenas recibió el Estado 437 millones”, cuenta Díaz.

LAS EMPRESAS DEL PRESENTE

“San Cristóbal, Sinchi Wayra y Manquiri, las tres empresas conjuntamente son responsables de más de la mitad de la producción y exportación nacional de minerales; en cambio, la Corporación Minera de Bolivia, que aglutina a empresas estatales, es responsable del 9% de las exportaciones y en los últimos años no superó la barrera del 10%”, precisó Díaz.

La minera boliviana Sinchi Wayra, filial de la suiza Glencore, opera cinco minas en las regiones de Oruro y Potosí, explotando principalmente estaño, plata, plomo y zinc. Administra las minas Porco y Colquiri en contrato de arrendamiento, y Bolívar bajo contrato de riesgo compartido con la estatal Corporación Minera de Bolivia (Comibol). Según sus datos su capacidad de producción es 205.000Mt concentrado de zinc; 15.000Mt de concentrado de plomo; y 6.000Mt de concentrado de estaño.

En tanto, la empresa minera Manquiri, subsidiaria de Couer d’Alene Mines Corporation viene desarrollando en Potosí la operación minera “San Bartolomé” donde tiene previsto invertir 220 millones de dólares.

San Bartolomé está orientado a la producción de lingotes de plata a partir de la remoción y procesamiento metalúrgico de pallacos, sucus, desmontes y otros materiales superficiales que se encuentran depositados en las laderas y periferia del Cerro Rico de Potosí.

Finalmente, la mina San Cristóbal dependiente de Sumitomo es una empresa productora de concentrados de zinc-plata y plomo-plata. Realiza una operación a cielo abierto que utiliza equipo y maquinaria de última generación, usando el método de análisis del cono flotante. La planta concentradora procesa 40 mil toneladas de mena por día y cada jornada se debe remover de la mina aproximadamente 150 mil toneladas de roca para satisfacer la demanda de producción.

La mena extraída es transportada a la planta de trituración en camiones con una capacidad de 200 toneladas. Una vez triturada la mena es llevada por medio de una correa transportadora hasta la planta de concentración

Ernesto Murillo, El Diario, La Paz




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