Un error de proporciones

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Rolando Aparicio-Otero*

El “palacio del pueblo” inicia sus obras con un costo millonario. Nuevamente estamos ante un despilfarro absurdo en un país con misérrimos servicios públicos de salud y educación. Es muy grave constatar nuevamente que la ignorancia resulta muy cara para países pobres.

Este palacio parece sacado de un manual: en el ocaso de su despótico régimen, el caudillo ordena un megalómano proyecto de “Casa del Pueblo”, burdamente demostrativo de su poder y riqueza, para amedrentar a sus súbditos y borrar el pasado, pretendiendo, además, la imposible tarea de pasar a la historia con dignidad a partir de una obra indigna.

Así sucedió con el enorme “Palacio del Pueblo” erigido por orden de Nicolau Ceaucescu en Bucarest, que es hoy el símbolo más grotesco del abuso de poder del antiguo dictador rumano. O los siete “rascacielos” erigidos por orden de Stalin, recuerdo de la lúgubre era soviética y sobrepuesto a una parte esencial del paisaje urbano de Moscú.

Aplastar un bello y proporcionado conjunto histórico arquitectónico de la ciudad de La Paz, con una escala desproporcionadamente mayor a esa arquitectura adyacente que le supera en valores es un ejercicio arriesgado porque puede ser que si la calidad de ese armonioso conjunto sobrevive la barbarie, denunciará por siglos la insensibilidad e ignorancia de quienes lo proyectaron sin ética ni estética, complaciendo tan solo al despotismo no ilustrado que nos gobierna.

Este nuevo desatino presidencial es un error de proporciones por la ausencia de calidad en su esencia, por su desproporción, por su falta de sensibilidad y sentido común. Cuando se olvide la corrupción y los abusos del régimen, el “palacio del pueblo”, engendrado por ellos mismos, será un acusador permanente de este periodo oscuro de nuestra historia.

*Premio Mejor Obra de Arquitectura de la VIII Bienal Iberoamericana de Arquitectura

Página Siete – La Paz