Empleados de ArcelorMittal se unen a las multitudinarias manifestaciones de Marsella (Francia)…Foto: gaceta.es
La crisis en Francia – Presión masiva sobre Sarkozy
Los sindicatos sacan a la calle a entre 1 y 3 millones de personas contra el Gobierno
INAMOVIBLE "No habrá un nuevo plan de relanzamiento", asegura el primer ministro Fillon
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INQUIETUD Alain Juppé se suma a las voces de la UMP que piden al Gobierno una respuesta
PAROS POCO SEGUIDOS La huelga afectó sobre todo a la enseñanza y el transporte público
FRENTE OPOSITOR La izquierda y los centristas se unen para reclamar nuevas medidas al Gobierno
LLUÍS URÍA – París. Corresponsal de LA VANGUARDIA
Si Nicolas Sarkozy confiaba en que el movimiento de contestación social en Francia empezara a perder fuelle, ayer se dio de bruces con la áspera realidad. El malestar de la sociedad francesa, golpeada cada vez con más violencia por la crisis económica, no sólo no amaina, sino que se recrudece. Entre uno y tres millones de ciudadanos – algo más que en la anterior jornada de protesta, el pasado 29 de enero-salieron a la calle para rechazar de nuevo la política económica del Gobierno, que perciben como injusta, y para expresar su inquietud y su indignación. Sarkozy, el adalid de una respuesta mundial a la crisis, el profeta de la moralización del capitalismo, parece haber perdido su aura, ya no convence.
La masiva movilización de ayer significa que el plan social puesto sobre la mesa por el presidente francés como respuesta a la huelga del día 29, dotado con 2.600 millones de euros, no sólo no ha servido para apagar el incendio, sino que ni siquiera ha logrado ponerlo bajo control. "La movilización de hoy demuestra que las respuestas del Gobierno a la crisis no están a la altura", resumió al término de la manifestación de París el moderado François Chérèque, secretario general del sindicato CFDT, resumiendo en pocas palabras la percepción de los franceses de a pie.
El presidente francés, inamovible en su determinación de concentrar los 26.000 millones del plan de relanzamiento en la inversión – una apuesta con efectos a largo plazo-y con un margen de maniobra económico cada vez más exiguo – el endeudamiento público ha sobrepasado ya todos los límites-,se halla en un callejón de difícil salida. Se ha quedado sin respuestas. Con Sarkozy fuera del país – el presidente se encontraba en Bruselas para participar en el Consejo Europeo preparatorio de la cumbre del G-20-,su consejero especial para los asuntos sociales, Raymond Soubie, fue el primero en avanzar que no habrá medidas suplementarias. El pulso con los sindicatos, por lo tanto, amenaza con endurecerse y radicalizarse en las próximas semanas y meses.
El primer ministro, François Fillon, salió anoche a la palestra para intentar templar los ánimos. En una entrevista en el telediario de las 8 de la tarde de TF1 – el de más audiencia-,Fillon llamó a afrontar la crisis desde la unidad y no desde la división, pero confirmó que no habrá un nuevo plan de relanzamiento. "No se puede ir más allá", dijo tras recordar las medidas ya aprobadas en beneficio de los parados y de las rentas más bajas, y argumentó que aumentar más el déficit sería un lastre para la recuperación económica. El primer ministro rechazó levantar el denominado escudo fiscal – que limita al 50% de la renta lo que un contribuyente debe pagar por todos los impuestos al Estado y que beneficia a los más ricos-,pero concedió que los empresarios deben dar ejemplo y poner coto a los sueldos astronómicos de los directivos. "Si el 30 de marzo, la patronal no ha hecho una propuesta, legislaremos nosotros", advirtió.
Poca munición, incluso para su propio campo. El problema de Sarkozy es que no son sólo los sindicatos y la oposición de izquierda los que piden un cambio de rumbo, ni que sea un gesto que dé a entender que también los más pudientes hacen un esfuerzo de solidaridad. La resistencia del presidente a aumentar los impuestos o suspender algunas de las ventajas fiscales aprobadas en el 2007 no ha hecho sino hacer todavía más audibles las voces críticas en las propias filas de la derecha. Si anteayer el ex primer ministro Dominique de Villepin apelaba a la "justicia social" para pedir la suspensión temporal del escudo fiscal, ayer fue otro ex jefe de Gobierno de la UMP, Alain Juppé, quien llamó al Gobierno a dar una respuesta a la angustia social: "No es con arrogancia ni ignorando las preocupaciones de la gente que saldremos de la crisis", afirmó.
Como ya sucediera hace mes y medio, la repercusión de la huelga convocada de forma unitaria por los sindicatos fue escasa. Pero lo significativo, de nuevo, fue la masiva participación en las 229 manifestaciones organizadas en todo el país: entre 1,2 y 3 millones de personas – según los cálculos divergentes de la policía y de los sindicatos-salieron a la calle, una cifra que está por encima de la de la jornada anterior – en que hubo de 1,1 a 2,5 millones de manifestantes-y la más importante desde la elección de Sarkozy en 2007.
Los paros, en contraste, tuvieron un seguimiento limitado. Donde más se notaron fue en el sector de la enseñanza – donde la participación osciló entre el 24,6% y el 35% de la educación secundaria y la primaria-y en el transporte público – con un 36% en la SNCF-.Pero los servicios mínimos hicieron que la repercusión fuera relativa. En París, el metro y los autobuses funcionaron casi con normalidad.
Los líderes sindicales, con el secretario general de la CGT, Bernard Thibault, a la cabeza, salieron al unísono a reclamar del Gobierno una respuesta a las demandas ciudadanas. Lo mismo que la primera secretaria del PS, Martine Aubry, y el presidente del centrista Movimiento Demócrata (MoDem), François Bayrou.