La enorme dificultad que significa mantener las poses inflexibles del pasado obliga a una toma de posiciones más amplias y conciliatorias.
Aunque la Quinta Cumbre de las Américas que tiene lugar en Trinidad y Tobago ha estado precedida de malos presagios, se mantiene como la más firme oportunidad de convertirse en el auténtico punto de inflexión en las relaciones de Estados Unidos de Norteamérica con los países de América Latina y el Caribe. Si bien se han perfilado posiciones contrapuestas que pueden derivar en el anunciado veto a la Declaración de la Cumbre por parte de los países del ALBA, se espera que la apertura estadounidense se exprese en hechos concretos y obtenga respuestas oportunas que lleven a la distensión de las relaciones en el continente.
A estas alturas del devenir histórico ha quedado de manifiesto que EEUU debe resolver en primera instancia el problema “Cuba” para romper el nudo gordiano de las relaciones distantes con la región. Siendo un problema heredado por el presidente norteamericano Obama, éste ya ha lanzado un nuevo estilo de acercamiento que no puede tomarse a la ligera. Los países que se aglutinan en torno a la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), y que se han mostrado proclives a una OEA con Cuba y sin Estados Unidos, estarían dando pruebas inequívocas de su falta de perspectiva, aun considerando que es otra la situación de la región y, muy distintos, los escenarios políticos, sociales y económicos.
En Trinidad y Tobago debe resolverse el rumbo que tomará la región frente a los acuciantes problemas emergentes, como son la crisis económica, el narcotráfico y las medidas para avanzar en el sector energético. Resulta evidente la enorme dificultad que significa mantener las poses inflexibles del pasado y toma fuerza la necesidad de una toma de posiciones más amplias y conciliatorias. Por ello, de la amplitud de la apertura hacia una nueva etapa de cooperación entre países -como promete la administración norteamericana- depende, también, que la tozuda oposición a todo lo estadounidense tienda a diluirse.
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Si se encara con una mentalidad renovada el asunto de la Energía y el Clima, que tanto se ha reclamado para un desarrollo verdaderamente sostenible, se abrirían perspectivas económicas promisorias para los países de la región, y es una oportunidad que no debe dejarse pasar. No es posible ignorar por ejemplo, la irrupción de Brasil en el campo de la energía, que coloca a este país en el camino de ser potencia energética. Este solo hecho, que le abre la posibilidad de ser portavoz de Sudamérica, puede ser un obstáculo insalvable para los propósitos que persigue el mandatario venezolano Chávez y los países que lo secundan.
Tampoco es sensato pensar en combatir el narcotráfico sin EEUU. Sólo las acciones conjuntas en términos de igualdad, y con la nueva postura estadounidense de comenzar las tareas “en casa”, se abren grandes posibilidades de cooperación que deben ser positivamente analizadas para construir el futuro de las Américas. La integración de Cuba a la región, siendo un proceso iniciado, debería ser un aliciente, no un obstáculo. Ya se ha dado el paso inicial. Es hora del punto de inflexión que permita mayor apertura y cooperación entre Estados Unidos y los países de América Latina y el Caribe.