El suicidio político colectivo


Daniel A. Pasquier Rivero *

clip_image001 ** Vivimos tiempos de incertidumbre. Lo que ocurre en cualquier rincón de la Patria debe interesar a todos, porque es parte de un guión meticulosamente elaborado que sigue un plan para desarrollar el programa que debe llevarnos al Estado “marxista, leninista, socialista, comunista”, sintetizado magistralmente por el Presidente del Estado Plurinacional, sucesor de la República de Bolivia. Lo que el “castrismo” consiguió implantar en Cuba lo intenta el “evismo” para Bolivia.



La revolución cubana fue traicionada por ese proyecto, y fueron también traicionados los que lucharon por derrotar al dictador Fulgencio Batista. Muchos de los que sobrevivieron y marcharon triunfantes sobre La Habana ese 1 de enero del 59, entonando cantos a los nuevos tiempos de libertad y progreso, pronto despertaron sorprendidos al escuchar de su líder, Fidel, en declaración pública, los mismos términos del líder cocalero Evo Morales en la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago. Y, por cierto, no llegaron los tiempos de libertad y menos de progreso. Cuba se convirtió en una cárcel para millones de sus habitantes, y las cárceles trocaron a tumbas para miles de combatientes que se atrevieron a exponer su descontento. Cincuenta años después la libertad no se ha recuperado y las cárceles albergan todavía viejos y nuevos disidentes políticos sentenciados casi de por vida, por el simple hecho, pero vital, existencial, de tener opinión propia frente a la “voz oficial” parapetada detrás de esa oscurísima burocracia partidaria que conforma el Partido Comunista Cubano, el único permitido. La libertad es un secreto.

El progreso esquivó a la isla, que ha sobrevivido en la dictadura sólo por su sometimiento, vaya paradoja de un movimiento revolucionario liberador, a los subsidios de la URSS en la primera etapa y, ahora, al del petróleo venezolano. Los avances en educación y salud pública, no pueden ocultar las enormes carencias en la economía nacional y en la satisfacción de las necesidades básicas del pueblo cubano. Sobre todo, el estricto control de la vivienda y su pésima calidad; las limitaciones al consumo individual y familiar, empezando por la alimentación; la imposibilidad de acceder a comodidades simples, aceptadas hace medio siglo por la mayoría de las sociedades de todo color ideológico en cualquier punto del planeta; y la prohibición explícita y absoluta hasta hace muy poco de utilizar adelantos técnicos de comunicación universal, telefonía móvil, internet, Tv abierta, etc., por el miedo a la contaminación (ejemplo) doctrinal política y social. Cincuenta años después de implantado el comunismo el subdesarrollo se asentó en una de las economías más florecientes del continente entonces y hoy Cuba, con mucha dignidad, sigue buscando subsidios y donaciones de la comunidad internacional para subsistir, aparte de llorar en cuanta oportunidad puede, por el “embargo” de EEUU, que no es otra cosa que “llorar porque vengan los dólares y los gringos en nuestra ayuda”. Ayuda que llega sin embargo en grandes cantidades vía remesas de parientes e, incluso, de países “imperialistas, capitalistas, neoliberales”, por razones de solidaridad humanitaria, pasando por encima de la discrepancia con el sistema político imperante.

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Hugo Chávez, un paso adelante de Morales, lleva diez años siguiendo las huellas de Castro y ya muestra los resultados políticos, sociales y económicos que confirman el fracaso del modelo. Venezuela sobrevive, porque Dios así lo dispuso, gracias a los hidrocarburos.

Es tiempo de reflexionar con Ayn Rand. El poder político se ha lanzado con todo contra el que produce, dictando reglas negativas, limitantes en lugar de promotoras, coartando y hasta haciendo casi imposible el trabajar, producir, comercializar, vender y exportar, principalmente al sector privado. Deciden los que no producen, y a su vez improvisan en las empresas estatales. La producción nacional ha caído estrepitosamente y los ingresos se mantuvieron sólo por la demanda y precios internacionales extraordinarios durante los dos pasados años. Ahora la situación ha cambiado. Se reconoce que la corrupción no nació cuando el íntimo Alvarado estuvo al frente de YPFB, pero también hay que reconocer que se ha multiplicado cual hongo venenoso durante esta gestión hasta alcanzar cotas increíbles, como la de Santos Ramirez. El contrabando, mejor no tocarlo, ha encontrado protección oficial, y hasta uniformada. La venta de cargos en la administración pública dejó de ser noticia. La coima se exige hasta con sangre si es necesario. Familias enteras ocupan entidades públicas ante la pasividad de los órganos fiscalizadores, que están en manos de gente del gobierno. Otras forman clanes tan eficientes ligados a la producción y tráfico de drogas, que no les hace mella la confiscación de toneladas cada día, siempre que sean pocos los aprehendidos y que muy pocos lleguen a juicio. Parece aplicarse el dicho italiano “soldado que huye, sirve para otra guerra”, así la nueva riqueza es ostensible y escandalosa en personas de Potosí, El Alto o Chapare que producen nada de día, nada de noche. La sociedad está al límite, nuestra libertad está en peligro.

Es tiempo de evitar el suicidio político colectivo, mostrando la realidad sin polvo ni paja. No la que trata el gobierno con todos sus medios de hacernos ver y creer, acomodada en función del proyecto de sociedad que tiene el MAS para Bolivia, si no en función de la defensa de nuestra libertad y de la democracia, que ahora ha retrocedido para unir fuerzas en defensa del derecho a la vida. Hasta ahí hemos llegado. Para Evo, “la tierra es más importante que el hombre”, de donde quizás ha concluido que, para darle más valor, haya que echarle un poco de tierra encima, si no, cómo explicar la fría ejecución de los supuestos terroristas el 16 de abril. Según él “seguirá “luchando por la igualdad y la unidad de los bolivianos” a pesar de su CPE que reconoce ciudadanos de varias categorías, distintos en derechos y deberes, al punto que se puede repetir como en la película MATRIX, “si ves un agente, corre, corre, corre sin descansar”, pues ya sabes que éstos no necesitan identificación ni orden judicial, pueden ir encapuchados o a cara descubierta, pero aplican, finalmente, “si no eres nuestro, eres de ellos”; lo que desconoce el Secretario Ejecutivo de la COB al repetir “somos masistas, no fascistas”. O como el presidente, que “lucharía contra la corrupción”, pero no lo hace, por “falta de plata” (¿)

Hoy vivimos una Bolivia con leyes que no están para ser aplicadas a los que las infringen, si no contra los que se empeñan en cumplirlas. Puede parecer locura, pero mejor es ser conscientes de que se ha perdido el Estado de Derecho en vez de seguir insistiendo en entender la reencarnación de Napoleón o de Bolívar. Un mínimo de realismo señala a la unidad como requisito sine qua non para enfrentar al proyecto del “evismo”. Lo contrario, amarrados a egoísmos personales, partidarios o regionales, será el suicidio político colectivo, la vida y el futuro de todos los bolivianos.

*CEO del ICEES, Santa Cruz (Bolivia)

**Publicado por ALFA