El neopopulismo económico tiene como base de sustento al fisco. Sus defensores, piensan que cuando más grande es la intervención del Estado en la economía más capacidad tiene este para definir que se produce, cuanto se produce y para quien se lo hace. Por supuesto esta intervención trae aparejada mayores niveles de poder. Eso convierte al Presidente en el “gran hacedor”. Todos debemos pedirle, y el atenderá a quienes le convenga.
Así se ha manejado el país en estos años de vida republicana. Nada ha cambiado. El centralismo político y su correlato económico han producido la creencia de que el Gobierno, es decir el Presidente, es el Padre de los Bolivianos, el que da, el que otorga y a quien debemos estar agradecidos.
No ha importado que los ingresos fiscales sean esmirriados, el populismo los usa igual y en algunos momentos hizo uso de empréstitos para satisfacer sus ansias de repartir dinero y gozarlo en el gasto diario. Esta es la característica esencial del populismo. Gastar hoy sin pensar en el mañana.
Los dictadorzuelos que han pasado por el Palacio han tenido la misma conducta y han hecho las mismas cosas. En nombre de los pobres, se han enriquecido. Veamos en este retorno del neopopulismo lo que se nos ha mostrado como “cambios profundos”:
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Se ha considerado que el crecimiento de las Reservas Internacionales es una bolsa a la cual se puede meter mano cuando el Presidente así lo disponga.
Se han recibido ingresos fiscales por exportaciones de gas, cuyos montos excedieron las expectativas presupuestarias y se ha procedido a su gasto en: la creación de bonos asistenciales, en la formación de empresas denominadas estratégicas, se ha decidido aumentar el gasto corriente en nuevas pegas y se ha usado estos ingresos para hacer compras directas de bienes de consumo familiar, desafiando el comportamiento del mercado y dañando la producción nacional y se ha dispuesto la formación de fideicomisos bancarios para respaldar el gasto y la inversión de las empresas estratégicas.
Todo esto se ha llevado el 80 por ciento de los ingresos fiscales provenientes del gas y el 65 por ciento de los ingresos fiscales totales. Paradójicamente los ingresos transferidos a las Prefecturas y Alcaldías han mostrado montos en caja, que son el resultado de la ausencia de inversión en estas instancias públicas.
Los resultados de este neopopulismo económico se han mostrado descarnados. Corrupción generalizada en la estructura administrativa del Poder Ejecutivo. Gastos sin fiscalización que demuestran sobreprecios, entrega de fondos para obras que nunca se ejecutaron, coimas ejecutivas, despilfarro de recursos duplicando esfuerzos en empresas que ya existen en el mercado, como papel, cemento, cartón y aviación. Todo esto en nombre de los pobres y del cambio que ejercen.
Mientras el neopopulismo administra de esta forma el interés nacional, los indicadores sociales se agravan; el desempleo crece, tanto el desempleo abierto como el disfrazado representa el 49 por ciento de la población económicamente activa; mientras el salario real disminuye; la pobreza se acrecienta en el área rural y se incrementa en la periferia urbana, la población indefensa para tener acceso a la salud y la seguridad social es mayor que nunca, la deserción escolar es la misma que antes del Bono Juancito Pinto.
Pero por otro lado la delincuencia se agiganta, el consumo de drogas aumenta, la prostitución se expande y la inseguridad social es la constante de cada día.
El neopopulismo ha logrado terminar con la autoridad y el orden, cada persona y cada sector social se defienden como pueden para hacer prevalecer sus derechos, en esta atomización de la vida del ciudadano, todo puede suceder sin que a nadie le asombre nada.