Donde manda cocalero ¿indígena obedece?


Las » autoridades» son también cocaleros, ¿es que alguien puede creer que apliquen la ley contra sus compañeros de sindicato y de partido?

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Territorio de los yuracarés avasallado por colonos del Chapare que han extendido sus cultivos de coca ilegal a esta región que es área protegida.



De la misma forma en la que amplían su poder político, los cocaleros quieren ampliar la extensión de sus cultivos y desde hace mucho tiempo atrás el parque Nacional Isiboro-Sécure se cuenta entre sus objetivos. El gobierno, de dientes para afuera, proclama que «no permitirá que en territorios protegidos se siembre coca». Palabrería pura en boca de las «autoridades» porque desde el presidente Morales hasta los viceministros del sector, Cáceres, Meneses, Cutipa, todos son cocaleros. ¿Es que alguien puede creer que apliquen la ley contra sus compañeros de sindicato y de partido?

El conflicto que enfrentan los yuracarés tiene más de dos años y ahora con un muerto y varios heridos la situación imperante en el Tipnis recién se hizo conocer en el resto del país, porque en la zona, no es un secreto para nadie que los cocaleros han expandido sus cultivos ilegales y que las fuerzas de erradicación poco pueden hacer, ya que existen influencias que aconsejan hacer la vista gorda en relación al problema.

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En realidad hay pocos aspectos de la vida cotidiana en el Chapare tropical que escapen al control de las todopoderosas “seis federaciones” de cocaleros, cuyo máximo dirigente es el propio presidente del Estado Plurinacional y candidato, Evo Morales.

Estas seis federaciones han decidido que este es el momento oportuno para ampliar sus cultivos hacia el norte del trópico cochabambino. Finalmente tienen un gobierno que responde directamente a sus intereses.

Hace unos días se presentó un problema con la construcción de un camino vecinal que partiendo de Villa Tunari llegaba hasta la central Copacabana atravesando el parque Machía, donde son acogidas diversas especies de animales.

Resulta que la central Copacabana, en los límites del parque Isiboro-Sécure, es la zona donde existen las mayores extensiones de cultivos de coca y naturalmente requerían de una vía para sacar su producto hacia la ruta principal así sea afectando un área protegida.

Solo la reacción de las organizaciones dedicadas a la preservación de la fauna posibilitó que la construcción de este camino fuera suspendida aunque sabemos que solo temporalmente ya que finalmente terminarán imponiéndose los supremos intereses de los cocaleros y el floreciente negocio del narcotráfico ligado al cultivo de coca.

Sin embargo, esta situación no puede ser atribuida solo a las aviesas intenciones de un reducido grupo de cocaleros. En realidad se trata de una Política de Estado destinada a hacer de Bolivia un país monoproductor de coca, de un Estado cocalero cuyo germen se encuentra en el Chapare.

El poder cocalero ya se expresa nítidamente en el Chapare; las autoridades formales están solo de pantalla y son los dirigentes de las “seis federaciones” las que tienen el control real de la situación.

El plan cocalero marcha sin pausa porque los cultivos hoy se extienden por todo el territorio nacional, al extremo que en un par de años Bolivia deberá importar alimentos, porque miles de campesinos han dejado la producción de frutas, verduras y hortalizas por la lucrativa hoja verde que tiene un mercado seguro en las factorías de droga que proliferan en el país.

El gobierno del MAS proclama en forma permanente la supremacía de los pueblos indígenas y originarios y su propiedad sobre la tierra y los recursos naturales y hasta se hizo dar un premio de la ONU como defensor de la «pachamama»; sin embargo, en los hechos, este precepto se aplica solo en caso de inversores privados quienes en cualquier momento pueden ser avasallados apelando a un supuesto derecho ancestral.

La situación es otra en relación a la coca y así lo muestra el drama que hoy sufren los indígenas yuracarés. En este caso tal derecho no será atendido ya que está cruzado con el derecho cocalero que al final será el que prevalezca. Como dice Evo “sentimos” que aquí tendremos otro ejemplo de la existencia de una enorme distancia entre el hecho y el discurso.