Dicen que “La historia es la política del pasado y la política es la historia del presente”. La sentencia se estaría cumpliendo pues merced a una acción política concertada, la reclamada alianza opositora a la dupla oficialista-masista, está dando a luz, en el momento preciso, en los términos que requiere la coyuntura y una adecuada estrategia política.
Se trata del sorpresivo y contundente binomio Manfred Reyes Villa-Leopoldo Fernández. El ex prefecto Fernández, preso hace un año sin el debido proceso, le da un contenido reivindicatorio por la justicia conculcada, apunta a la denuncia y a la vez a la protesta.
En otra acción de correcta madurez política, a pesar de sus primeros pasos en ella, el candidato cruceño Germán Antelo también está escribiendo la historia del presente sin más interés que el bien de Bolivia: declina su candidatura, se suma a aquel binomio, hará campaña por el y no va en lista en alguna. Se trata de una acción política que no es moneda común en la práctica, pues exige claridad de objetivos estratégicos, unidad de criterios y generosidad personal. Eso es lo que ha demostrado Germán Antelo.
Tampoco se trata de unidad de borregos, sino de una a más a largo plazo que a mediano. La unidad que ha asumido el reto que se juega en diciembre: la supervivencia del sistema democrático y del Estado del Derecho; la restauración de la República y sus instituciones; las libertades ciudadanas, el respeto a la diversidad y la pluralidad en todas sus expresiones, la inclusión social y la lucha contra la pobreza, que requiere de una economía política, y no meros parches de políticas económicas, bonos y prebendas. La ‘opción por los pobres’, como justifican algunas personas su adhesión al MAS, no es excusa para desconocer que el presidente y sus hombres violan sistemáticamente los derechos humanos, el Estado de Derecho, la convivencia democrática y la libre labor de la prensa.
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Por eso el enemigo principal es Evo Morales, candidato oficialista y a la vez presidente, que corre con el caballo del corregidor engalanado con recursos sin medida. Por eso nunca fue tarde para la construcción de una alianza estratégica, a la que ya se suman muchos, ante la posibilidad real de derrotar al binomio masista. Podrá haber una u dos candidaturas opositoras más, pero el grueso de la población apuntará al binomio que tenga mejores perspectivas de éxito, para rechazar la dictadura disfrazada de democracia que imponen Morales, Linera y todos sus colgandejos.
Como la realidad es dialéctica, aplaudo más que satisfecha la alianza en torno a Leopoldo Fernández, pero me queda una duda ante una miopía política de grueso calibre. ¿Qué impidió qué las fracciones de la burguesía cruceña, sus elites, conocidos ‘grupos de presión’ y más de un político no optaran por el candidato cruceño nuevo, con una acumulación social a su favor, merced a las victoriosas luchas autonómicas cercanas? Acumulación que le corresponde también a más de una generación cruceña que apostó y apuesta por el desarrollo regional y las autonomías sin mutilaciones.
Explicaciones habrá y muchas, pero nada justifica el error táctico de la burguesía local, sin duda apoyada por las de occidente y otros políticos, celos mediante bien conocidos.
Pese a todos ellos, se está escribiendo la historia presente desde otra acción: la correcta acción política que escucha el clamor de la gente.