“Todos somos Evo”, otro panegírico que se suma a la lista de «libros» orientados a inflar el ego del presidente aymara, quien corre el riesgo de reventar de tanta calculada zalamería.
El “culto a la personalidad” es una característica muy particular de los regímenes autoritarios, sean estos de derecha o de izquierda. La cultivaron con esmero los cortesanos de todo tiempo y en algunas ocasiones pueblos enteros se volcaron a esta práctica. Surge de la necesidad del líder de sentirse permanentemente elogiado, de satisfacer de manera continúa su egolatría exaltada.
Estos lideres son muy afectos a las masivas concentraciones, a los desfiles con inmensos bosques de banderas. Mediante ellos dan una imagen de su poder y, a la vez, intentan compensar su personalidad que por lo general no es muy equilibrada y necesita de algunos ritos espectaculares para proyectar la imagen del caudillo en toda su magnificencia.
Pero también gustan que se escriba sobre ellos (elogios y alabanzas, claro esta). Consideran que su paso por este mundo es demasiado trascendente para que no sea conocido por las generaciones futuras y para ello pagan a algunos “escribidores” que se dan a la dura tarea de crear mitos en torno a la figura del líder.
También encomiendan reescribir la historia, una historia en la cual, por supuesto, los protagonistas estelares son ellos mismos. Todo nace con ellos y morirá con ellos.
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En el caso de Evo Morales, la conversión sistemática de unas cuantas patrañas en mitos es una práctica muy entendida e incentivada desde los círculos palaciegos. Se filmaron películas, se escribieron libros, todos ellos dirigidos a ensalzar la supuesta epopeya de un niño campesino que emerge de la más absoluta pobreza para redimir a los indígenas oprimidos por siglos.
Vienen a la mente algunos títulos: “Evo Pueblo”, «Evo espuma de plata», “Jefazo” y otras películas y libritos en los que se aporrea de manera inmisericorde la verdad para aportar a la creación de un mito que se avenga con los objetivos políticos que se persiguen.
Sin embargo es difícil de creer que tales engendros hayan sido creados solo para convencer a todo un pueblo al que suponen muy ingenuo. En realidad, la intención última y más evidente es intoxicar al actual inquilino de palacio hasta el extremo de que crea que todo lo que se dice sobre él es verdad, en un proceso permanentemente alimentado de autodivinización, hasta el extremo de suponer que “Todos somos Evo”, como dice el título de un panegírico escrito por el cubano Pedro de la Hoz y editado por la embajada de ese país.
Los chicos cubanos saben perfectamente cual es el punto débil de Evo y lo explotan con un gran sentido de la oportunidad y del negocio, mientras se infiltran sutilmente en todos los ámbitos de la actividad nacional y el gobierno de Castro aprovecha para enviar mas contingentes de «médicos» a que ganen suculentos sueldos que jamás conocieron en su isla.
Editar un libraco en el que se recogen todas las buenas opiniones que se vierten sobre Evo en Bolivia y entre sus amigos los presidentes de Venezuela, Hugo Chávez, de Nicaragua, Daniel Ortega; de Ecuador, Rafael Correa; de Irán, Mahmud Ahmadineyad y de Rusia, Dmitri Medvédev, entre otros, evidentemente solo puede estar dirigido a hacerle creer que es el ombligo del mundo y que su misión trasciende a los márgenes estrechos del territorio nacional.
A estas alturas, Evo, por obra y gracia de sus aliados de la órbita caribeño-chavista y sus adulones palaciegos, esta convencido de que el país le queda chico, pues ha perdido toda noción de la realidad y las proporciones y se ve a si mismo encabezando un proyecto que redimirá a la humanidad entera, mientras les facilita todos los medios para que estos sigan adelante con una labor de penetración e intromisión cuyas consecuencias, claramente, serán nefastas para Bolivia.