Las disposiciones del Órgano Electoral Plurinacional (OEP) pueden estar motivadas por las mejores intenciones pero hay sobrados motivos para dudar sobre su aplicabilidad práctica. Ocurre que el MAS respeta las disposiciones, cualquiera sea su origen, solo si se acomodan a sus intereses. De lo contrario se limita a ignorarlas o a presionar para cambiar lo que no le conviene.
Presidente Evo Morales y Vicepresidente Álvaro García, el binomio oficialista, en la reunión con vocales del Órgano Electoral el 8 de octubre (Foto Abi)
Una de estas disposiciones es la que prohíbe que la candidatura oficialista pueda hacer campaña con obras realizadas con recursos públicos lo que pondría en desventaja a las otras candidaturas que no pueden beneficiarse del acceso al aparato estatal. Una disposición que motivó la inmediata «visita» del binomio Evo-Alvaro a los vocales del órgano Electoral, obligándoles a retroceder en su determinación, con lo cual el presidente-candidato hará propaganda hasta 24 horas antes de los comicios bajo el pretexto de que «es necesario informar sobre las obras y la gestión».
Precisamente, uno de los principales cuestionamientos a la reelección presidencial está dirigido al peligro que implica que quienes detentan el control de los aparatos del Estado puedan instrumentalizarlos para reproducir su poder. Según opinan algunos analistas este peligro se acrecienta en países que, como Bolivia, tienen una marcada debilidad institucional y una arraigada práctica caudillista, sin embargo hay que reconocer que es muy difícil que alguien resista la tentación de usar todos los medios a su alcance para ser reelecto.
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El MAS y su candidato Evo Morales, como era previsible, están utilizando todos los recursos del Estado en su favor. Esto significa que los vehículos, aviones, helicópteros, los funcionarios, los medios de comunicación y todas las instituciones públicas han sido puestos a su servicio de una manera totalmente impúdica.
Si bien el actual gobierno tiene muy pocas obras que mostrar que estén dirigidas a incrementar, por ejemplo, la producción y el empleo está supliendo esta deficiencia con canchitas, sedes sociales y otras obritas que no son más que un espejismo, una ilusión sobre el supuesto interés de Evo Morales por el bienestar de los bolivianos.
Estas obras son financiadas en algunos casos con recursos del Tesoro (TGN), otros con dinero que envía Hugo Chávez en condiciones muy oscuras, sin descartar un flujo de dinero proveniente de fuentes cocaleras ligadas a actividades ilícitas; lo cierto es que en los hechos Evo usa y abusa en su beneficio de toda la estructura del aparato estatal.
Esta utilizando también a su favor la estructura estatal cuando exige aportes “voluntarios” a los servidores públicos o cuando les ordena que asistan a sus proclamas. Demás está decir que quienes no cumplan estas instrucciones serán inmediatamente exonerados y esto también significa utilizar los instrumentos del Estado en forma ilegal y carente de toda ética.
Si alguien pensaba que el MAS podría actuar con alguna ecuanimidad tendría que decepcionarse con solo ver la forma en la que el gobierno y sus diversas dependencias han copado los espacios publicitarios en todos los canales de televisión mientras que la presencia de las otras cinco candidaturas (excepto Samuel que tiene recursos) se muestra bastante tibia por la carencia de dinero para solventar la propaganda política en medios que como es sabido triplican el precio en época de campañas electorales.
Pedir al candidato del MAS que cambie de actitud y deje de usar en su favor los instrumentos y recursos del Estado, bajo el disfraz de obras, equivaldría a pedirle peras al olmo, pero sí resulta más realista pedir que la ciudadanía tenga una visión crítica y pueda discernir sobre quienes hacen de la impostura y la prebenda su método favorito de actividad política.