Los cárteles mexicanos de la droga se caracterizan por sus métodos violentos y han llegado a convertir ciudades como Tijuana y Ciudad Juárez en tierras de nadie donde solo impera su ley. Asesinan impunemente a policías, jueces, periodistas y ciudadanos comunes y amenazan con desmantelar toda la estructura institucional.
La Felcn muestra los implementos utilizados por los narcos para acelerar la producción de cocaína y el coronel Nina (der) observa la «calidad» de la cocaína incautada.
No hay día en la que no aparezca una información dando cuenta de atentados con explosivos o de ejecuciones realizadas en la forma más bárbara y cruel que se pueda imaginar. Por eso la incursión de estos cárteles, concretamente el cártel de Michoacán, en el territorio nacional no puede menos que preocupar.
Por las dudas conviene aclarar que la incursión de estas organizaciones delincuenciales en Bolivia no fue denunciada por la oposición, que según el oficialismo es capaz de inventar cualquier cosa para afectar la imagen gubernamental. La versión fue confirmada por el propio director nacional de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (Felcn), coronel Oscar Nina.
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Según el jefe policial los cárteles mexicanos estarían invirtiendo en Bolivia parte de sus capitales a través de las mafias colombianas para asegurarse la producción y provisión de cocaína.
La verdad es que el director de la Felcn no hizo sino confirmar una sospecha que ya se tenía hace tiempo: que el narcotráfico en Bolivia había pasado de una etapa de producción, digamos artesanal, dedicada mayormente a la pasta base y pasado a otra más sofisticada para obtener clorhidrato, es decir, cocaína de alta pureza y esto se debe precisamente a la cada vez mayor presencia de las organizaciones internacionales del narcotráfico.
Estas fábricas no están instaladas en lugares remotos de la selva tropical sino en sitios muy próximos a las áreas urbanas, como es Pantipata y Sacaba a pocos kilómetros de Cochabamba, en Santa Cruz ocurre otro tanto o en el mismo centro urbano como es el caso de El Alto.
Naturalmente para que esto ocurra tienen que darse condiciones muy especiales, por no decir favorables, que es lo que lamentablemente está ocurriendo en el país en los últimos cuatro años.
Si bien de manera regular se anuncia el descubrimiento y desmantelamiento de fábricas de cocaína, lo curioso es que la cantidad de detenidos es mínima como ha ocurrido recientemente en San Matías, con lo que resulta imposible afectar al núcleo mismo de esta actividad delictiva ya sea por filtraciones de información, por falta de recursos o también porque no existe la intención de pillar a los narco capos que al parecer cuentan con otras influencias que exceden el accionar de la Felcn.
Existen otras circunstancias que favorecen el incremento de las actividades en el país de las organizaciones internacionales de narcotraficantes. La oferta de materia prima, es decir la hoja de coca, se ha incrementado ostensiblemente ya que el gobierno de Evo jamás aplicará una adecuada política de erradicación porque eso significaría afectar a lo más duro de su base social y política.
Se conoce todas las secuelas de la incursión de cárteles como el de Cali o Medellín en Colombia y también observamos con espanto que los cárteles mexicanos están sumiendo en un baño de sangre gran parte de ese país.
Ciertamente nadie desearía que ese estado de cosas se imponga en Bolivia, donde lamentablemente ya se está viendo ciertas expresiones como el incremento desmesurado de la inseguridad ciudadana debido al cada vez mayor número de asaltos, atracos y asesinatos, muchos de ellos vinculados al trafico y consumo de drogas.
Una cosa conlleva la otra: el narcotráfico y sus actividades conexas, incluido el cultivo de coca ilegal, solo provocan violencia y muerte y nadie quiere que Bolivia entre en ese circuito ya que las consecuencias serán funestas para todos. Es hora que el gobierno se saque la careta y deje de proteger a un reducido grupo de pseudo campesinos ligados al mercado ilícito y actúe en defensa de los 10 millones de ciudadanos del país.