El que más o el que menos recuerda haber participado en su niñez en aquel apasionante juego llamado “mono mayor”. Dado que en la actualidad las inquietudes lúdicas de los niños tienen más relación con la electrónica y los juegos en red han copado todos los espacios, conviene recordar a grandes rasgos en que consistía el “mono mayor”.
Un niño, por lo general el más avispado e intrépido encabezaba la columna e iba efectuando gracias (morisquetas) que debían ser imitadas por los restantes niños. Estas gracias iban in crescendo y podían llegar a ser peligrosas; no era raro que se produjera alguno que otro descalabro. Naturalmente ganaba el niño que podía imitar a la perfección todo lo que hacía el “mono mayor”.
Pero no se trata aquí de recuperar los viejos y añorados juegos infantiles, que dicho sea de paso no estaría demás, sino de mostrar las grandes similitudes existentes entre este inocente juego y las relaciones, ya no tan inocentes, que se dan entre los presidentes de Venezuela y Bolivia.
Ocurre que Hugo Chávez, luego de sacarse la careta, ha hecho de los ataques a la prensa uno de los componentes fundamentales de su actividad política y sus ataques no son solo verbales sino que han llegado a los hechos. Este dictadorzuelo ha clausurado al principal canal opositor y a más de 50 radioemisoras por el único delito de informar y criticar las barrabasadas de su régimen.
Pero Chávez no comete sus abusos solo en su país. Cuando llega a Bolivia actúa como el patrón y no se priva de agredir a los periodistas bolivianos que tienen la «osadía», no de cuestionar sino de indagar sobre su abierta intromisión en los asuntos internos del país.
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En oportunidad de la VII Cumbre del ALBA, Chávez hizo gala de toda su prepotencia cuando quiso amedrentar a una periodista exigiéndole que “mostrara la cara” y calificó como “inmoral” que esta le preguntará si estaba financiando la campaña electoral de Evo.
Ya en el extremo del cinismo llegó a cuestionar la actitud ética y profesional de la periodista y así por así le dijo que la “mandaron” con la pregunta hecha y hasta se metió en la vida personal de la reportera al querer saber si tenia o no tenia hijos.
En primer lugar en Bolivia nadie es tan ingenuo para suponer que Evo Morales está financiando su millonaria campaña con la libra de coca que aporta cada uno de sus compañeros del Chapare o con el chuño de las comunidades del altiplano. Nadie cree tampoco que el MAS esté pagando al canal 7 y la red de emisoras del Estado por las horas y horas de transmisión de sus actos de proclama o de entrega de obras, que son también parte de la campaña.
Pero esto es material de otro comentario. A lo que vamos es que si Chávez arremete contra la prensa, Evo lo hace con igual entusiasmo. Recordemos la humillación contra un editor de un importante periódico paceño, escudándose en su investidura; recordemos también que ventiló de la forma más torpe aspectos de la vida privada de una reportera de Unitel solo para eludir una pregunta incómoda.
Lo de “pollos de granja” puede ser pasado por alto dado que si de aves y plumíferos se trata los pollos tienen mucha más categoría y gracia respecto a los buitres que han anidado en el palacio de Gobierno.
Por tanto los ataques de Evo contra la prensa, un sector que se debe estar arrepintiendo de haberlo encumbrado, no son más que la imitación de las maromas que echa Chávez, el “mono mayor” que está obligando a su protegido a hacer «gracias» cada vez más arriesgadas en las cuales puede resultar descalabrado.
De todo esto al menos queda como evidencia la «mariconería» de ambos presidentes, por el entusiasmo que demuestran al atacar a mujeres periodistas metiéndose en cuestiones personales y olvidando que ninguno de ellos es ejemplo de rectitud en la vida pública y menos en la privada.