Las ojotas y el chuño, un recuerdo del pasado


Para «cazar» el voto de empresarios y clase media reemplazó los “aptapis” campesinos por cenas en lujosos hoteles de cinco estrellas. 

imageEl binomio oficialista compartió la noche del miércoles una cena con empresarios privados en el hotel Radisson; les garantizó sus inversiones. En la foto, Evo y Álvaro con Ana María Romero de Campero. (foto La Prensa)

Hubo un tiempo que un importante sector de la clase media estaba encandilada con Evo Morales. Llegó a ser una especie de símbolo de la rebeldía que se había incubado en este colectivo luego de que muchos izquierdistas devinieron en neoliberales y se vinieron abajo varios de los paradigmas construidos desde los años heroicos y revolucionarios.



Se trataba de buscar un nuevo referente a como de lugar y la figura del líder cocalero que se enfrentaba al poder del Estado y proclamaba que la hoja de coca era sagrada y una herencia de nuestros ancestros, les caía de perillas.

Es así que muchos comunistas, trotskistas, elenos (ELN), miristas de primera época, amén de movimientistas y hasta adenistas recalaron en el partido de Evo, cuyos orígenes no pueden ser considerados gloriosos. En primer lugar, tomaron prestada la sigla MAS, que no fue otra cosa que un desgajamiento del partido más nítidamente expresivo de la derecha en Bolivia como es Falange Socialista Boliviana (FSB).

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Su ideología nunca fue muy clara. En principio tenía como único elemento programático la defensa de la hoja de coca. Sin embargo, al cabo de algún tiempo, algunos reciclados y funcionarios de organizaciones no gubernamentales, ONGs, vieron que Evo tenía un interesante potencial y se apresuraron a darle algo que pudiera verse como ideología y el indigenismo que nunca estuvo presente en su carrera sindical y política, fue incorporado a ultima hora sumándole un decisivo apoyo que finalmente le permitió llegar al gobierno.

Este indigenismo resultó también atractivo para cierta clase media que se encontraba errática y que por el momento se limitaba a debates de café y a bailar caporales y en algunos casos extremos el Tinku.

Sin embargo, una vez llegado al gobierno, esa clase media pudo constatar que ellos no entraban en el proyecto de Evo y es cuando el enamoramiento comienza a atenuarse. Los mensajes que el cocalero convertido en presidente les enviaba no eran precisamente tranquilizadores.

Mucho se ha teorizado sobre el carácter ambivalente de la clase media. Se dice que es esencialmente conservadora pero que en algunos momentos puede adoptar posiciones extremas, aunque esa no es la norma.

La clase media quiere principalmente estabilidad y seguridad y vio que durante estos 4 años Morales no ha garantizado esas condiciones. Ese es el momento en que se rompió el hechizo y se comenzó a generar la desconfianza hacia una persona que no hacía lo que decía y más aún, no podía saberse si lo que decía era lo que quería.

Para los estrategas del MAS que han demostrado gran habilidad política aunque encaminen al país hacia el descalabro económico, esta situación no podía pasar desapercibida y es así que han aconsejado al presidente-candidato que lance piropos a esa veleidosa clase media y empresarial para intentar reconquistarla.

El “caballo de Troya” para esta maniobra política es la ex defensora del pueblo Ana Maria de Campero, «AnaMar» y unos cuantos «blancoides» mas que le acompañan en esta nueva etapa y que le han hecho ver la conveniencia de que abandone, por el momento, el fundamentalismo indigenista que lo caracterizó en sus cuatro años de gobierno y se refiera más frecuentemente a la importancia del empresariado en su proyecto, un empresariado que incluye a coreanos y venezolanos presentes en la cena. 

Le aconsejaron también que cambie los “aptapis” (comidas campesinas servidas en el suelo) por cenas en lujosos hoteles de cinco estrellas, en las que el poncho y las ojotas no son bienvenidos y se prefiere los trajes importados, las camisas Cristian Dior y las corbatas Gucci, a la usanza de su acompañante de fórmula Alvaro García. Tampoco Evo se queda atrás con sus trajecitos con adornos tihuanacotas, por los que paga miles de dólares para alegrar el bolsillo de su burguesa diseñadora la señora Canedo.

Los resultados de esta maniobra electoral están por verse; por de pronto lo que si es evidente son las peripecias de la clase media que transita de sobresalto en sobresalto y con los bolsillos semivacíos, frente al rápido ascenso de la cúpula de la feligresía masista convertida en la neo-oligarquía de rostro autóctono.