El Mutún, YPFB, Petroandina SAM, ABC y los variados proyectos, todo vale para que los «yescas» (pobres) de ayer hoy se vuelvan ricos y que el país se vaya a la m…..
Guillermo Dalence (izq) declara ante la fiscalía, la saco barata y esta libre; Santos Ramírez (der) sigue preso.
Si Evo merece algún título, ese es el de vendedor de ilusiones, aspecto en el que ha demostrado tener una habilidad insuperable. Primero nos vendió una “nacionalización” de los hidrocarburos que no fue tal y que en los hechos ha convertido a Bolivia de potencial eje energético en la región en país importador de carburantes.
Se firmaron también varios “convenios” con la Argentina y Brasil para “industrializar” los hidrocarburos pero hasta la fecha el único resultado es toda una cadena de corrupción y, Santos Ramírez, el segundo principal jerarca del MAS en la cárcel.
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Es cada vez más evidente que los “acuerdos” firmados de manera estratégicamente conveniente para sus intereses, no son más que medidas cuyo objetivo es esencialmente propagandístico.
Los pasados días se denunció la compra con sobreprecio de terrenos para la Jindal Steel, la empresa india que se adjudicó la explotación de los recursos ferrosos de El Mutún en medio de un gran despliegue publicitario. Sin embargo no ha corrido mucha agua bajo el puente para que poco a poco se vayan desvelando algunos detalles en los que el caso de corrupción atribuido a Guillermo Dalence, viene a resultar el menos engorroso; después de todo el ex presidente de la Empresa Siderúrgica El Mutún, con el aval de un decreto supremo firmado por García Linera y el gabinete, solo se estaba embolsillando unos dos milloncitos de dólares, que según la «etica» masista es nada comparado con la magnitud del proyecto.
El asunto es que nuevamente se ha jugado con las ilusiones de los bolivianos en general y de los habitantes de Puerto Suárez en particular, por cuanto si bien los ejecutivos de la Jindal han expresado su disposición a seguir “trabajando” en el país, en los hechos, en El Mutún a casi dos años de firmado el contrato, no hay nada que permita avizorar una explotación minera y mucho menos una industria siderúrgica.
De acuerdo a las versiones de los ejecutivos de la Jindal, en estos dos años se invirtió 60 millones de dólares para la generación de las condiciones que permitan comenzar la explotación de los recursos ferrosos. Si embargo se debe recordar que inicialmente se estableció que la inversión debía ser de alrededor de 300 millones de dólares y que durante el primer año la exportación sería de un millón de toneladas.
Sin embargo, todas estas previsiones del gobierno se quedaron tan solo en el papel, como la planta de extracción de líquidos. En El Mutún están trabajando solo unas 20 personas, es decir un número mínimo para un proyecto que supuestamente requerirá una inversión total de algo más de dos mil millones de dólares.
Se habla también de avances en la construcción (solo se hacen mejoras) de la carretera Puerto Suárez-Puerto Busch, la cual, ya está construida desde muchos años, pero se la quiere hacer figurar en el contrato como nueva.
Si no se cumplieron las inversiones previstas y los pocos recursos que se están poniendo en movimiento ya vienen marcados por el signo de la corrupción se puede decir que, lamentablemente el proyecto de El Mutún está en camino de convertirse en una nueva decepción para los bolivianos, de la misma forma en que lo es la llamada nacionalización e “industrialización” de los hidrocarburos.
Y como están las cosas, Dalence podría quedar como un ladronzuelo de baratijas frente a otro hecho que en las últimas horas se ha destapado y que involucra, otra vez, a YPFB y su socia venezolana en lo que se conoce como Petroandina SAM. Están de por medio varios contratos suscritos en forma sospechosa en medio de una danza de decenas de millones de dólares y que tienen como principal responsable a Carlos Villegas, quien se apresuró a despedir a los funcionarios denunciantes y empezó a mover sus fichas para quedar libre de polvo y paja como ocurrió con el caso de Santos y la Catler.
Habrá que concluir que con «el gobierno del cambio», los únicos que han cambiado son los jerarcas masistas, que de «yescas» han pasado a tener los bolsillos llenos, mientras el país lleva a cuestas el «karma» de la corrupción.