Venden a su madre


Angel “Chichi” Pérez es el autor de un estribillo en el que no queda muy bien parada la progenitora de Evo Morales, que fue ampliamente difundido por la “barra brava” del club Oriente Petrolero y llegó a ser incluido como “ring tone” en los teléfonos celulares para algarabía de opositores y rabia incontenida de los oficialistas.

De Angel no tiene nada y fue acusado de disparar contra los integrantes de la barra de Blooming, el tradicional rival de su club y fue procesado por robo agravado y quema de viviendas. Se lo vio muy activo también durante la toma de instituciones públicas en agosto de 2008 que fueron tan repudiadas y condenadas por el gobierno del MAS.

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Isaac Avalos, candidato a senador por el MAS, recibió con los brazos abiertos a ex integrantes de la Unión Juvenil Cruceñista y a las barras bravas de Oriente Petrolero y Blooming como aliados del MAS.

El otro «aliado», Ángelo Céspedes, también tiene un proceso abierto por la toma violenta de instituciones públicas el 9 de septiembre de 2008 en Santa Cruz.

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Con ese currículum, naturalmente Pérez, Céspedes y sus amigos tienen el perfil más que suficiente para ser recibido con los brazos abiertos en el MAS, un partido en el que se han congregado individuos con amplio prontuario y probada experiencia en el secuestro de personas, en el narcotráfico, en el terrorismo, la extorsión, la corrupción y otras actividades muy lucrativas características del “proceso de cambio”.

Pero no son los únicos que por motivos dudosos pero seguramente no muy honestos, decidieron incorporarse al carro del MAS. Esta también Israel Medina, de la “barra brava” de Blooming, que todos los domingos mostraba con total contundencia la firmeza de sus convicciones deportivas y políticas.

¿Que es lo que ha podido ocurrir para que ex miembros de la «ultraderechista» y «fascista» (son términos del gobierno) Unión Juvenil Cruceñista se adhieran al proyecto masista que aparentemente se encontraba en las antípodas?

¿Cómo fue que los cabecillas de las “barras bravas” de los dos clásicos rivales cruceños decidieron “cruzar ríos de sangre” y darse un abrazo en aras del proceso de cambio?

Ocurre que el candidato a la senaduría por el MAS en Santa Cruz, Isaac Avalos, es más partidario de los métodos gangsteriles que políticos para hacer campaña electoral y ha previsto que el voto no se decidirá con discursos ni propuestas, que por otra parte no las tiene, sino que supone que se inclinará hacia el que muestre más fuerza, esto es capacidad para agredir al adversario.

Naturalmente dentro de esta concepción, los “barras brava” caían como anillo al dedo así como algunos otros ex unionistas decepcionados porque sus expectativas de buenos y rápidos ingresos no fueron colmadas por la dirigencia cruceña. Es así que dinero mediante, que a Avalos le sobra, se concretó este pacto aparentemente contra natura, aunque estas cosas suelen suceder cuando no existe ideología ni ética que sustente las posiciones políticas y cívicas. 

El pacto, según se sabe, no fue solo por dinero, por medio existió también la extorsión y la amenaza ya que a los conversos les ofrecieron librarlos de cualquier posibilidad de juicio y encarcelamiento por la toma de instituciones y éstos a su vez (dejando al descubierto su cobardía) se habrían comprometido a no tener contemplación alguna a la hora de actuar contra sus antiguos compañeros de lucha.

En el MAS, ahora Chichi Pérez se dedicará a crear estribillos contra los opositores y hasta lo que se sabe, nadie le ha exigido que retire todo lo que dijo de la madre de Evo, que seguramente debe estarse revolcando en su tumba al enterarse que su gratuito detractor y su adorado retoño ahora están de a buenas y trabajarán juntos por la reelección olvidando pasados agravios.

Los nuevos masistas volcarán también toda su experiencia para agredir a los contrincantes, esta vez no deportivos sino políticos para justificar los pesos que les entrega Dávalos a fin de que se encarguen del trabajo sucio durante su campaña, que como se presentan las cosas será de todo menos pacífica y limpia.

“Son cosas del fútbol” decían hace años los comentaristas deportivos cuando sus argumentos ya no les daban para explicar a la afición los avatares del popular deporte. “Son cosas de la política” podrían comentar los agudos analistas de la actualidad con idéntico criterio, porque la fiesta recién empieza.