Como suele ocurrir con la mayoría de los bravucones, Hugo Chávez tuvo que recular con el rabo entre las patas cuando alguien de mayor estatura le salió al paso. Bastó que el congreso brasileño anuncie que postergaba el tratamiento del ingreso de Venezuela al Mercosur para que Chávez ensaye nuevos malabarismos verbales para justificar su exabrupto, con resultados tan lamentables como los que produjeron sus primeras palabras.
La actitud de Chávez es la misma del matoncito del curso o el guapo del barrio cuando le paran el coche en seco. No les queda más remedio que poner los pies en polvorosa lamentando el momento en que se les ocurrió querer jugar rudo y acabaron haciendo el ridículo.
Lo que diga o haga el tiranuelo en su país debiera tenernos sin cuidado. Sin embargo sabemos que sus desvaríos, nos guste o no, tendrán consecuencias para Bolivia y esto se han encargado de demostrarlo en reiteradas oportunidades tanto Evo Morales como Alvaro García Linera.
No fue necesario mucho tiempo desde que el déspota caribeño lanzara su temeraria amenaza de guerra contra Colombia para que Evo saliera a respaldarlo con afirmaciones que hacen dudar de su estabilidad mental y emocional. No es muy gratificante para los bolivianos ver como su presidente baila prestamente al ritmo de los tambores guerreristas que toca Chávez.
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Hace unos días, Evo expresó un criterio mesurado cuando indicó con motivo de la reunión de la ALBA que el tema de la creación de una Fuerza Armada bolivariana debería ser analizado con prudencia pero al parecer la sensatez en él es una enfermedad pasajera, que lo afecta muy de vez en cuando sin dejar mayores secuelas.
Genio y figura como es no tarda mucho en volver a las andadas y apenas gruñen en Caracas, el también se apresura a mostrar los dientes gustoso de ser parte de una grotesca payasada. Afirma que se debe convocar a las FF.AA. de los países de ALBA para resistir la invasión del maléfico imperio del norte pero en realidad parece que no tiene idea de las consecuencias que podrían acarrear acciones de esta naturaleza.
El vicepresidente Alvaro García, muy a tono con su jefe no quiso quedarse atrás y adoptó también muy diligentemente poses marciales haciendo un vehemente llamado a resistir la inminente invasión sin darse cuenta que en una guerra realmente hay que tenerlas bien puestas y que ese, definitivamente, no es su caso.
De la tragedia a la comedia no existe mucho trecho y realmente sería muy interesante saber que es lo que dicen Evo y Alvaro luego que Chávez, de la manera usual, afirmó que lo “malinterpretaron” y no dijo lo que dijo o por lo menos no lo quiso decir.
Por el momento han optado por el silencio, que en ambos pudiera ser una inapreciable virtud que no practican con mucha frecuencia. Hay muchas y variadas formas de hacer el ridículo pero la dupla palaciega siempre está tratando de innovar en este campo mostrando una imaginación que emula, sin llegar a sobrepasar, a la de su vocinglero maestro.