No deja de llamar la atención que los países con mayor índice de corrupción en la región sean aquellos en los que supuestamente se ha producido un “viraje a la izquierda”, que están impulsando un “proceso de cambio” y se han adscrito a los términos dictados por Hugo Chávez. Nos referimos, por supuesto, a Venezuela, Ecuador, Nicaragua, Paraguay y Bolivia, sin olvidarnos de Argentina y el enriquecimiento escandaloso de «la familia K» (Kirchner).
Los mandatarios y Jefes de Estado que participaron en la 7ma. Cumbre Extraordinaria ALBA-TCP, en Cumaná, Venezuela, el pasado mes de abril (Foto: ABN /ABI)
Que Venezuela haya sido identificada por Transparencia Internacional como el país más corrupto de Sudamérica no es precisamente un galardón para el insoportable de Chávez y menos cuando también «destaca» entre los más corruptos del mundo.
Naturalmente existen muchas razones para Venezuela ocupe ese podio del escarnio. Desde que llegó al gobierno y más aún después del fracaso del golpe en su contra, Hugo Chávez se ha dado a la tarea de desmontar en forma sistemática todo atisbo de institucionalidad en su país, lo que ha ocasionado que los venezolanos tengan que arreglárselas por si solos acudiendo a los métodos más imaginativos.
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Saben que no pueden contar con la justicia, que se encuentra íntegramente al servicio del sátrapa que los gobierna. Los empresarios saben que jamás podrán adjudicarse una obra si es que no pagan la millonaria comisión que irá a engrosar los bolsillos de Chávez y sus allegados.
Gracias a las arcas estatales ha surgido en Venezuela una nueva casta de “revolucionarios” que transitan en vehículos de lujo, visten solo ropa “de marca” y hacen una ostentación tal de su riqueza, que la tradicional oligarquía venezolana debe sentirse muy venida a menos y hasta acomplejada frente a los recién llegados.
Bolivia anda por el mismo camino. No es para tomar en chiste rebajar en 18 puestos, del 102 al 120, en solo un año. Es claro que algo muy grave está ocurriendo y no se trata tan solo de los escándalos relacionados con YPFB y Santos Ramírez y toda esa danza de millones de dólares que no se sabe a donde fueron a pagar o a quien beneficiaron.
Como siempre el MAS, para justificarse, acude a esa “herencia” que habría recibido de los gobiernos neoliberales, un periodo en el que si bien existía corrupción, no llegaba al grado de institucionalización que alcanzó en el actual periodo de Morales.
Además, siguiendo la receta chavista, Evo está montando todo el andamiaje que le permita en el futuro controlar en forma absoluta el Órgano Legislativo y el Órgano Judicial. La Contraloría ya se encuentra en manos del masista Herbas lo que en buenas cuentas significa dejar al gato cuidando la carnicería.
Mencionan el encierro de Santos Ramírez, hombre de absoluta confianza de Evo Morales, como una muestra de que el gobierno no socapa la corrupción, sin embargo se olvidan de mencionar que tuvo que pasar algo fortuito y muy grave como el asesinato del empresario Jorge O´Connor para que el caso fuera conocido por la opinión pública. De no mediar este hecho, el tema hubiera sido convenientemente tapado como ocurrió con el contrabando en los 33 camiones en Pando apañado por el intocable ministro Quintana.
En el caso de YPFB, no se debe olvidar que en el primer momento, Evo Morales, respaldó a su principal correligionario y solo cuando las evidencias eran demasiado abrumadoras tuvo que asumir una posición política instruyendo que no se apoyara a Santos Ramírez pero que tampoco se lo presionara demasiado por cuanto siempre existía la posibilidad de que abriera la boca y salpique a todo el entorno gubernamental.
Pero existen un centenar de otros casos de corrupción que jamás fueron investigados y cuyos autores, por el contrario, fueron premiados. Recordemos la compra de computadoras con sobreprecio y de manera amañada durante la gestión de Felix Patzi al frente del Ministerio de Educación. Patzi es en la actualidad secretario general de la prefectura paceña.
Esta también en la memoria la venta de gasolina al Brasil a título personal por parte del entonces presidente de YPFB, Jorge Alvarado, quien fue premiado después con un cargo diplomático en Venezuela.
La exministra de Gobierno. Alicia Muñoz tenía la costumbre de contratar sus parientes con jugosos salarios pero también fue premiada con un puesto diplomático en Suiza y actualmente cumple funciones como cónsul de Bolivia en Barcelona.
Otra que bien baila es la exministra Celinda Sosa que hizo desaparecer 11 millones de dólares otorgados por Venezuela en el marco del programa TCP ALBA.
El ministro de Defensa Walker San Miguel fue denunciado por graves irregularidades en el Registro Internacional Boliviano de Buques (RIBB) y nada pasó.
Corrupción escandalosa en los planes de vivienda gubernamentales; en el ministerio de Agricultura el negociado de los tractores en la gestión de Hugo Salvatierra, la «venta»de las visas a ciudadanos chinos, las coimas por casinos y juegos ilegales de los hermanitos Peredo y más de un centenar de casos que darían para llenar páginas y páginas.
Y conste que se trata solo de aquellos hechos que de alguna forma han salido a la luz pública porque la gran mayoría continúa siendo tapada con todos los mecanismos que brinda el poder.
Por tanto resulta evidente que Evo Morales y Hugo Chávez, que son aliados en muchos aspectos y tienen grandes coincidencias, ahora están pugnando por proclamar a sus respectivos países como campeones de la corrupción. Sabiendo los quilates de los competidores, es seguro que la pelea será muy dura.