Ganó el totalitarismo «democrático»


Se dice que el voto popular es la esencia de la democracia pero no siempre los resultados de este acto son positivos para un país. Hitler fue elegido por voto popular pero es seguro que a nadie se le ocurriría decir que esa fue una buena idea.

imageMasistas celebrarón la reelección del presidente Evo Morales frente al Palacio Quemado (Foto: Abi)

La votación que recibió el candidato de la Unidad Nacional (UN) Samuel Doria Medina fue bastante esmirriada pero se acomodó muy a los propósitos del MAS. Esta situación se puede percibir con mayor claridad en los departamentos de Tarija, Chuquisaca y Santa Cruz, en los cuales la división opositora posibilitó que el partido en función de gobierno obtenga dos y tres senadores que le permitiran tener los dos tercios en la Cámara Alta.



Esto confirma, además, las versiones que circularon los días previos a los comicios en sentido de que el principal impulsor de la candidatura de Samuel Doria Medina, era precisamente el MAS, a lo que lamentablemente se sumaron varios cruceños y tarijeños. La jugada consistía en arrebatar la mayor cantidad posible de votos al candidato opositor con mayores posibilidades y hasta lo que se ve los resultados fueron óptimos para el oficialismo.

“Divide et impera” dice un adagio latino que ha demostrado ser muy cierto a lo largo de la historia pero que los perdedores no acaban de asumir y por tanto reinciden en sus errores con una tenacidad digna de un premio a la estupidez.

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Es una costumbre muy arraigada aguzar el ingenio para justificar las derrotas en una suerte de masoquismo político. Sin embargo, nunca está demás un análisis aunque un tanto rápido, dada las circunstancias, que evite caer en argumentaciones autocomplacientes.

En primer lugar se debe mencionar que el MAS está en campaña electoral desde hace cuatro años y ha utilizado sin límites en su beneficio todos los recursos del Estado boliviano, además de los llegados desde Venezuela, lo que le otorgaba una indudable ventaja.

Todos recuerdan el empeño con que el MAS impulsó una ley que quite a los partidos los recursos que recibían para hacer sus campañas. Sabía que ellos si podrían acceder a otras fuentes de ingreso, lo que no ocurría con los opositores.

No es el único frente en el que el MAS usó todas las posibilidades en su beneficio y en perjuicio de la oposición. Basta con mencionar el uso y abuso de los medios de comunicación oficiales, que son pagados por todos los bolivianos pero que en este caso estuvieron al servicio exclusivo del MAS y también los privados (negocio al fin) abultaron sus arcas con la masiva y millonaria propaganda pagada por el gobierno que, frente a la pobreza de los otros candidatos, dispuso de alrededor de 90 millones de dólares, así nomás.

Existen otros casos como el traslado de conscriptos y militares y el acarreo de migrantes para que voten en Pando, naturalmente a favor del MAS o el llamado “voto comunitario” que fue aplicado en varias regiones del país, como el Chapare y la región del lago Titicaca, donde los votantes eran obligados a mostrar la papeleta antes de introducirla en el ánfora. Los votos por un candidato que no fuera Evo Morales eran inmediatamente descartados, pero para  los observadores internacionales y el órgano electoral todo estuvo de maravillas.

Sin embargo otro aspecto que debe ser tomado en cuenta es el relacionado con la mayoría que tendría el MAS en el Senado. Ya no habrá el pretexto de que la oposición obstaculizaba la aprobación de leyes. Ahora todo estará en sus manos y es esta la prueba de fuego por cuanto deberá demostrar que tiene capacidad de gestión, lo que no ha hecho en estos cuatro años de su primera administración.

También será interesante ver cuanto tarda Evo en sucumbir a sus inclinaciones autoritarias y que  la primera ley que ordena aprobar sea la su reelección permanente e indefinida o si es que impulsa acciones que vayan recortando la libertad de prensa y expresión, así como el nombramiento de militantes en toda la estructura del Poder Judicial.

Se dice que el voto popular es la esencia de la democracia pero no siempre se puede decir que los resultados que emergen de este acto son positivos para un país. No olvidemos que Hitler fue elegido por voto popular pero es seguro que a nadie se le ocurriría decir que esa fue una buena idea.

En fin lo que cuenta son los resultados y en algún momento de la historia ese 60 por ciento de bolivianos que votó por  darle el poder absoluto a Evo deberán responder ante su conciencia y hacerse cargo del nuevo modelo de país que hoy comienza.