La esposa de Juan


Allá por la épocas del rey inglés Enrique VIII, en la corte se disponía de un “niño de los azotes” que tenía por función recibir los castigos que debieran estar dirigidos al príncipe por la comisión de cualquier falta. Se tenía la concepción de que tanto el rey y su sucesor lo eran por derecho divino y por tanto nadie tenía atribución alguna para ponerles la mano encima.

Pero al parecer, el príncipe no se caracterizaba por su carácter dócil y tranquilo y acostumbraba a sacar de quicio a sus tutores que no podían sacarse la bronca propinándole por lo menos un coscorrón al bribonzuelo lo que les ocasionaba agudas crisis nerviosas.

Muy preocupado, al rey, pragmático como era, se le ocurrió la idea del “niño de los azotes” contra el que podían los tutores descargar su furia sin afectar en lo más mínimo al heredero real.



Han pasado cinco siglos pero al parecer esa costumbre en esencia persiste y los intocables de hoy a pesar de que no tienen sangre real y por el contrario se jactan de su origen plebeyo, siempre tienen a la mano a alguien que deberá cargar con todas las culpas.

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Los pasados días, la esposa del alcalde paceño Juan del Granado y actual candidata uninominal por el MAS, Marcela Revollo, fue sorprendida haciendo campaña a bordo de un vehículo propiedad del municipio. Marcela fue sorprendida in fraganti, sin posibilidad alguna de hacerse a las desentendidas.

Como correspondía, el caso fue puesto en conocimiento del alcalde, si es que esto es posible, quien puso cara de yo no fui y anunció severas sanciones contra el chofer a cuyo cargo estaba el vehículo. De su esposa no dijo nada, aunque semanas atrás por otras denuncias anunció que sería multada por haber «ensuciado» la ciudad con excesiva propaganda.

Alguna feminista podrá criticar que se cargue tanto la tinta y se aluda  a cada paso a la “esposa” del alcalde. No se trata de mala intención. Ocurre que la cochabambina Marcela Revollo fue constituyente y es ahora candidata a diputada por La Paz, por obra y gracia de su esposo. De no haberlo sido lo más probable es que hubiera seguido sumida en el anonimato político. Se trata por tanto de su cualidad más destacada.

Volviendo al tema. Ocurre que Juan si le tiene miedo a su esposa ya que no anunció medida alguna contra ella por el evidente uso irregular de un bien de la comuna paceña para hacer campaña política. En esta caso el “pato de la boda” fue el chofer quien, si interpretamos la actitud de Del Granado, de puro cantor tomó el vehículo y obligó a la señora Revollo a subirse a él para hacer campaña.

Naturalmente esta versión resulta poco convincente ya que todos saben el poder que tiene Marcela Revollo en el municipio paceño y muchos hacen lo imposible por congraciarse con ella, incluido el poner a su disposición aportes económicos para su campaña y lo que es peor, los bienes edilicios.

“La soga se rompe por el lugar más delgado” dice el conocido adagio popular y en este caso resulta claramente comprobado. Es un chofer el que debe pagar las culpas de quienes usan y abusan del poder ya que la Revollo, al igual que muchos otros masistas, resulta intocable. Los tiempos pasan pero ciertas costumbres siguen intactas.