Una vieja receta


Los tiranuelos de todas las épocas suelen aplacar su megalomanía con sangre. Nada es más satisfactorio para ellos que pueblos enteros se les ofrezcan en holocausto. Hugo Chávez es arquetípico de este tipo de personajes y desde hace tiempo se encuentra dedicado a un jueguito que es ciertamente peligroso y que puede acabar trayendo serios problemas para la región.

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Es conocido el verbo beligerante de Chávez y sus llamados a la lucha marcial en defensa del “socialismo bolivariano”, como denomina a ese grotesco ensayo político que seguramente hubiera dejado perplejo al Libertador de cinco naciones.



Pero sucede que el “socialismo” chavista no está siendo amenazado desde el exterior como cotidianamente denuncia el vocinglero sátrapa caribeño. Lo que ocurre es que el experimento está ocasionando que los venezolanos se vean cada vez más sumidos en la pobreza y se muestren también cada menos proclives a dejarse engatusar por la verborrea chavista.

No es un método nuevo inventar un problema externo para tapar los problemas internos. Inventándose una amenaza exterior se persigue no solo distraer a la población de los problemas cotidianos sino también generar una identificación con el régimen que supuestamente está saliendo en defensa de la nación. La historia registra decenas de ejemplos, la Guerra de las Malvinas, es uno de ellos. 

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Por lo tanto la patraña de Chávez es poco original y empalagosa como su propia oratoria. Sin embargo eso no quiere decir que no existan razones para preocuparse. Cuando hace unos meses se veía que Chávez en su programa “Alo Presidente”, instruía al comandante de las Fuerzas Armadas venezolanas enviar tropas a la frontera con Colombia como quien manda a comprar de la tienda de la esquina, llamaba a pensar que algo no andaba bien por su mollera.

Vino repitiendo de manera insistente el chiste y ahora habla de “aviones de espías” que sobrevuelan a voluntad el territorio venezolano ante las narices de su fuerza aérea y sus tan mentados MIG´s y Sukhois, reputados como los mejores aviones del mundo.

Ocurre que todos estos desorbitados repiten el mismo libreto. Siempre se muestran primero como víctimas para luego justificar su “justa reacción” ante una insistente agresión.

Para nadie es un secreto que Venezuela confronta una aguda crisis económica cuyo origen no está solo en la caída de los precios del petróleo en el mercado mundial. El origen de esta situación está más bien en los gastos dispendiosos de una administración irresponsable que está más interesada en exportar su “revolución bolivariana” que en mejorar las condiciones de vida de sus ciudadanos.

Chávez sabe muy bien que se acerca la hora de rendir cuentas y se ha dado a la tarea de tapar a como de lugar los resultados de su mala gestión gubernamental, con cansadores discursos, declaraciones rimbombantes e interminables programas de televisión.

En este su empeño al parecer está dispuesto aún a generar un enfrentamiento en la región que le pueda servir de coartada y atribuir la persistente pobreza en su país a una agresión sistemática del imperio. Lo lamentable es que en este tipo de maniobras los afectados no son solo sus propios gestores sino que también acaban arrastrando a sus pueblos y, en ocasiones, a los de países vecinos.

Es lamentable también que Chávez todavía encuentre aliados obsecuentes en este su empeño suicida aunque estos sean cada vez menos ya que una mayoría está eligiendo el camino de la responsabilidad, lo que no está peleado con las concepciones progresistas de izquierda.