Los populistas «guerreros»


Resulta difícil establecer cuales son los motivos que inducen al presidente del Estado Plurinacional a realizar ciertas declaraciones que hacen dudar de su estabilidad emocional. Una cosa son los alardes antiimperialistas de Evo que todos saben no son más que un burdo intento de quedar bien ante el dictadorcillo caraqueño pero otra es que quiera pasar del discurso al hecho e involucrar en su paranoia belicista a las Fuerzas Armadas.

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Una de las características de un gobernante debe ser la mesura pero evidentemente Evo Morales no conoce de esto y prefiere hacerse eco de la delirante verborrea de Hugo Chávez que se solaza lanzando amenazas contra el imperio mientras hace buenos negocios petroleros con Estados Unidos.



¿Cuáles son las fuentes de información que dispone Evo y que lo inducen a lanzar afirmaciones de un tono tan grueso? Sostener que los Estados Unidos está preparado una invasión a América del Sur no es precisamente una muestra de equilibrio mental y es dudoso que las Fuerzas Armadas bolivianas tomen en serio el llamado que les hizo para prepararse para resistir la supuesta incursión.

Es claro que las campanas están tocando a réquiem para los experimentos populistas en la región. En Venezuela el encandilamiento que produjo en algún momento el muy risible “socialismo del siglo XXI” se ha disipado y cada vez mayores sectores de la población se están pronunciando contra la permanencia de un régimen cuyos resultados más visibles son el avasallamiento de las libertades democráticas, la más cruda de las corrupciones y el aumento de la pobreza.

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En Argentina, los esposos Kirchner (multimillonarios tras años en el poder provincial y nacional) otra vez están envueltos en un escándalo de proporciones por la compra de dólares aprovechando información confidencial para favorecerse, lo que en buenas cuentas significa corrupción. Los populismos estan, entonces, de capa caída y los experimentos autoritarios ya no convencen a nadie. No está demás recordar la dramática caída de la popularidad del presidente ecuatoriano, Rafael Correa.

Chávez evidentemente ha evaluado esta situación y está ensayando la estrategia de “escapar hacia adelante”, esto es incrementar su discurso belicista y acudir a la generación de problemas externos para ocultar los internos o, por lo menos, incrementar la represión de los opositores. Es claro que está intentando una suerte de “solución por el desastre”.

Pero el riesgo en este caso es que muy rápidamente Evo Morales se haga coro y reproduzca los desplantes de Chávez y pretenda conducir a Bolivia a una aventura cuyos resultados pueden ser funestos.

Habría que rezar (a Dios o la Pachamama) para que las afirmaciones de Evo no sean más que una nueva expresión de la aguda incontinencia verbal que padece y que contradice el propio espíritu de la nueva Constitución que describe a Bolivia como un país pacifista. De lo contrario muy negros nubarrones se ciernen sobre el futuro del país.