El miedo y el chantaje como programa electoral


En las elecciones generales la amenaza fue "nosotros o la violencia"; ahora es: voten por nuestros candidatos si quieren recursos y desarrollo. Chantaje puro y simple.

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Domingo 07 de marzo de 2010. El presidente y vicepresidente se reunieron en Santa Cruz con los candidatos del MAS a las Gobernaciones y Municipios de los nueve departamentos del país (Foto Abi)



El principal elemento de la campaña del MAS para la elección de gobernadores y alcaldes es el chantaje. En todas sus intervenciones tanto Evo Morales como Alvaro García Linera están remarcando que aquello distritos que elijan a opositores, no tendrán la cooperación del gobierno.

Como ya es costumbre, toda la estructura gubernamental se ha puesto a disposición de los candidatos oficialistas y en esta oportunidad se agrega un nuevo elemento: el gobierno ha hecho saber, primero en forma velada y luego de manera abierta que los departamentos o municipios que elijan opositores verán recortados todos sus ingresos.

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Este domingo se realizó en Santa Cruz una reunión de los candidatos oficialistas y en esta oportunidad no se dejó margen a dudas sobre este tema. En una actitud indigna de una autoridad nacional, García Linera no se fue por las ramas y dijo muy claramente que aquellas regiones que vayan en sentido contrario al gobierno, verán postergadas sus expectativas de desarrollo por cuanto los recursos les serán negados.

Es más, hizo un inesperado reconocimiento. Dijo que Santa Cruz se vio postergada durante los cuatro años de gobierno del MAS precisamente porque había elegido un prefecto y alcaldes opositores. No se les podía pedir mayor sinceridad. La táctica favorita del MAS es el miedo. En las elecciones generales plantearon “el caos y la violencia o nosotros”. Para las elecciones del 4 de abril próximo afirman “si eligen a los opositores no habrá recursos”.

De manera indudable se trata de una táctica terrorista dirigida a generar el miedo en la población, a intentar mostrar que a parte del MAS no hay otra alternativa y que si alguna región resulta respondona, deberá atenerse a las consecuencias.

En realidad este método ya fue utilizado de manera sistemática por Evo durante los cuatro años de su gestión. El gobierno se dio a la tarea de sabotear la administración de las prefecturas y alcaldías en manos opositoras y es evidente que está dispuesto a repetir la experiencia esta vez con dosis cada vez mayores.

Por otra parte es llamativa la desfachatez con la que tanto Evo Morales como Alvaro García se han incorporado a la campaña oficialista descuidando su responsabilidad en el manejo administrativo gubernamental. Alguien podrá opinar que dada la "eficiencia" que han mostrado en el manejo de la cosa pública, esto podía ser hasta positivo pero ocurre que el presidente y vicepresidente, además de los ministros reciben un salario del Estado por cumplir una función específica que no está relacionada con la dedicación a tiempo completo a una campaña electoral.

En el caso de La Paz, todos los recursos de la prefectura han sido puestos a disposición de los candidatos oficialistas, César Cocarico y Elizabeth Salguero y en todos sus actos pueden verse los vehículos de la institución a los cuales ni siquiera se pasaron el trabajo de ocultar sus distintivos y otro tanto ocurre en las prefecturas controladas por el gobierno como las de Cochabamba, Oruro, Potosi y Pando.

En una forma que raya en el cinismo el presidente Morales ha puesto los recursos económicos y medios estatales al servicio de sus candidatos en todo el país, basta mencionar la transmisión de 6 horas por el Canal 7 y la red de radios  Patria Nueva del acto masista en Santa Cruz ayer con el rótulo de "espacio solicitado", cuando es evidente que el MAS nunca paga un centavo por el uso y abuso de los medios del Estado.

Lo cierto es que el oficialismo, con absoluta impunidad, hace (y ha hecho) lo que le viene en gana en todas las campañas y referendos frente a un permisivo órgano electoral y la lamentable indiferencia o resignación de la ciudadanía. Esta vez es de esperar que la gente salga del letargo y no se deje amedrentar por el chantaje y la amenaza gubernamental. No es tiempo de arrinconar la conciencia.