Rubén Costas tiene prácticamente asegurado el triunfo en las elecciones del 4 de abril, pero eso no equivale a afirmar que será el próximo gobernador de Santa Cruz. Es muy probable –porque así lo ha anunciado el Gobierno-, que al día siguiente de la votación, el ex prefecto cruceño sea encarcelado en virtud de las denuncias que existen en su contra. Qué duda puede haber sobre esa posibilidad, si hasta ahora, nada ni nadie ha conseguido frenar al régimen del MAS en su avance destructivo del Estado de derecho y la institucionalidad en el país.
Y si meten preso a Rubén Costas ¿qué? Seguramente habrá unos cuantos que van a salir a las calles a gritar y despotricar, pero nada más. Todo seguirá su curso, como ha venido sucediendo; como ocurrió cuando encarcelaron a Leopoldo Fernández y a numerosos líderes opositores, como pasa hoy con muchos que sufren persecución política, mientras que se van apagando paulatinamente las señales de resistencia y cada vez son más los que desfilan hasta el patíbulo instalado en La Paz, haciendo apuestas por salvarse, sin tener la seguridad de que surtirán efecto los coqueteos con el régimen.
Y con Rubén Costas preso, qué le puede impedir al MAS apelar a triquiñuelas políticas y jurídicas para “meterle nomás” y al día siguiente nombrar su propio gobernador en Santa Cruz, con el concurso de la Asamblea Legislativa Departamental. Ya lo hizo en Pando, en el Poder Judicial, en el Ministerio Público y en todas las instancias de la institucionalidad nacional ¿y qué?
Rubén Costas sabe muy bien lo que le espera y por eso ha hablado de hacer “pactos con el centralismo”. Ha dado suficientes pruebas de sumisión, criticando a Leopoldo Fernández, a Manfred Reyes Villa y manifestando que siente repugnancia por José Luis Paredes. También promete no más carajazos y que estará disponible para cualquier solicitud o requerimiento de la justicia que administra el centralismo. Tal vez eso pueda servirle para evitar la cárcel, pero obviamente, si él asume su cargo en esas condiciones, nadie podrá afirmar que Santa Cruz tendrá a un opositor en la Gobernación de Santa Cruz y tampoco negar que el MAS habrá tomado la última región que le falta para completar el absoluto dominio territorial en el país.
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Cuando todo esto se consolide, el 4 de abril, porque en la práctica ya es un hecho, Evo Morales tendrá menos opositores al frente que Raúl Castro en Cuba, donde un puñado de valientes huelguistas ha comenzado a poner en aprietos a la dictadura más férrea y longeva del continente. Y no hablemos de otros regímenes como el venezolano o el iraní, donde la cárcel, el garrote y los asesinatos no han sido capaces de derrotar a una oposición, que sigue exigiendo, aún a riesgo de la propia vida, el respeto a los derechos y garantías ciudadanos.
El MAS conduce un Gobierno altamente legitimado en las urnas, pero que ha usado ese poder para debilitar la democracia. La existencia de una oposición firme es la única capaz de garantizar en Bolivia y en cualquier sistema democrático, la posibilidad de un equilibrio político. Lamentablemente y contradiciendo una amplia expresión ciudadana que se opone al autoritarismo, el liderazgo cruceño parece ir en contra de esa voluntad.