¿Cuál puede ser la alegría en la victoria de Rubén Costas? ¿Hay algo de qué alegrarse en la elección del peor posible bajo el único argumento -mentiroso y reduccionista por cierto- de que o es él o el cataclismo? ¿Cómo es posible mi bienamada Santa Cruz que te hayamos dejado en esta situación? ¿Cómo es entendible que vayamos a votar por un Gobernador para vos y tengamos que elegir entre un logiero, un dinosaurio y un bienintencionado? ¿Porqué mi bienamada Santa Cruz no te podemos entregar un Gobernador a tu altura? Me dueles mi Santa Cruz. Me duele verte engañada. Engañada por unos cuantos pendejos que hasta se trajeron terroristas para jugar paintball y acabaron con sus sesos en las paredes; y huyendo; y dejándote en manos de un gatito ensimismado, taimado y soberbio; y que te mintieron; quienes te guiaron desde su ceguera; y te negociaron; y quienes ahora se parapetan tras el taita verde con el único ideal de perpetuarse; esos que terminarán regalándote para proteger sus estancias.
No está bien todo esto mi bienamada Santa Cruz. Hoy el Piraí está turbio de ánimos y la alegría se esconde. Cinco años más con quienes jugaron con la voluntad de tu gente. Cinco años más de logios y de los peores. Cinco años más de negarte una nueva esperanza. No, mi Santa Cruz, esta mierda no está pariendo bien.
Y aún así te seguiré amando. Y aún así te seguiré viviendo, respirando, celebrando. Y aún así yo no te pierdo la fe. Ya pronto, mi Santa Cruz, ya pronto dejarán de humillarte los que no te quieren de ambos bandos: los whipaleros y los taitas. Un día ya pronto te sacudiremos del lomo a estos poderes temporales: el uno que te desprecia desde sus piedras andinas y el otro, parásito e intestino, que ve a tu gente como cambada de su tercer canchón.
Habrá una nueva esperanza mi Santa Cruz. Ya llegaremos ahí.
Fuente: Pablo Javier Deheza
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