La cuestión indígena no fue más que una estratagema que utilizaron para hacerse del poder pero a estas alturas nadie puede suponer que los discursos reivindicativos del MAS sobre los derechos de los pueblos originarios fueron sinceros. Solo fueron parte de una estrategia política que al parecer ya alcanzó sus objetivos y por tanto debe ser abandonada paulatinamente.
Tragedia. El futuro del país depende de los «levantamanos» del MAS que aprueban leyes en 24 horas sin un mínimo análisis de sus consecuencias. (foto El Diario)
El discurso indigenista a ultranza que utilizó el MAS para ganar las elecciones en el 2005 y posteriormente para afianzarse en el poder mediante una controvertida asamblea constituyente ya se agotó y esta constatación surge de las declaraciones de los propios funcionarios gubernamentales, incluidos el presidente Evo Morales y el vicepresidente Álvaro García.
Se viene a la memoria una de las frases que lanzó el presidente Morales cuando llegó al gobierno. Dijo que mandaría obedeciendo, refiriéndose a los grupos indígenas y «organizaciones sociales» a los cuales asignó el papel de supremos rectores de la vida nacional como una especie de compensación por los más de «500 años de opresión».
Es evidente que los indígenas le tomaron la palabra, quieren que esta se convierta en hechos y por tanto exigen derechos que se sobreponen y vulneran a los de otros sectores. Hasta ahora las reivindicaciones indígenas se habían circunscrito al terreno simbólico y expresado en la incorporación de la whipala como emblema nacional pero está visto que ello no acabó por contentarlos.
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Pero cuando los indígenas- y no solo del oriente- quieren asumir en los hechos ese rol que el MAS le había asignado por un supuesto derecho histórico, las cosas empiezan a complicarse. Ocurre que los indígenas nunca fueron incorporados a la estructura gubernamental; solo fueron un apéndice mediante el cual el masismo pretendía legitimar sus acciones.
Se identificó como “racista” cualquier expresión democrática que rechazara que un solo sector como el indígena, convertido de manera ficticia y mañosa en mayoría, hegemonizara el poder.
Pero el tiempo pasa y se constata que los indígenas nunca llegaron al gobierno. Si lo hicieron un grupo de mestizos-como Saúl Avalos, Edgar Patana, Fidel Surco, Eugenio Rojas, Leonilda Zurita y muchos otros- que fungen como “dirigentes de organizaciones sociales” que hablan y se han enriquecido a su nombre y los indígenas ya se han percatado de esto.
Esa construcción artificial sobre la cuestión indígena realizada por algunas ONG´s y que fue asumida por el MAS por pura conveniencia política está haciendo agua por todos lados por la propia fuerza de la realidad. Este aspecto fue reconocido por el propio Evo Morales y su vicepresidente García al remarcar lo incongruente que resulta que un diputado indígena sea elegido por 500 votos en tanto que otros, denominados “interculturales” requieren más de cien mil.
Vale la pena mencionar que el tema indígena no es más que uno de los muchos y graves problemas que traerá al país, la vigencia de una Constitución irracional impuesta con sangre y la serie de leyes estructurales que están siendo aprobadas bajo el método de “levantar la mano” y “bajar la mano”.
La «manada de legisladores» que responden a la voz de mando del Ejecutivo definitivamente está llevando a Bolivia al borde del abismo y todo hace prever que cuando la situación se salga de control, el presidente que llegó montado en las espaldas de los indígenas acabara instalando un gobierno represivo y autoritario como única salida para mantener el poder.