¡Quien como ellos!


Cultivan una planta que no requiere de esfuerzo ni inversión y que rinde buen dinero y como si esto fuese poco ¡están en el gobierno! 

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El auge de la coca chapareña 



Para los cocaleros llegar al gobierno realmente fue muy bueno. Pueden hacer dictar a su gusto y antojo medidas para favorecer su producción y se están dando lujitos de nuevo rico como ese de tener un moderno estadio con capacidad para 25 mil personas y contar con el mayor número de vehículos caros per cápita en una zona donde aún prevalecen enfermedades endémicas como las infecciones respiratorias agudas y las diarreas siguen siendo la principal causa de mortandad infantil.

Decir que la creciente producción de coca en el Chapare está destinada al consumo tradicional es pura patraña y todos lo saben, principalmente los cultivadores que conocen a la perfección para qué sirve la desagradable hoja chapareña y quienes son sus compradores.

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Y para algunos ingenuos o despistados es necesario advertirles que la coca del trópico cochabambino es todo menos «hoja sagrada» porque su destino es el narcotráfico cuyas exigencias crecen día a día y los cocaleros con el agudo sentido capitalista que tienen están haciendo lo posible para satisfacer esa demanda.

La actitud permisiva del gobierno disfrazada bajo un supuesto “control social” ha posibilitado el incremento en las áreas de cultivo pero no solo eso; ahora buscan dar un nuevo salto. La coca “transgénica” porque aquella producida sin la participación de agroquímicos ya no puede satisfacer la creciente demanda.

Los cocaleros han descubierto que con los agroquímicos pueden realizar hasta ocho cosechas por año. Si se tiene en cuenta que las cosechas de coca “orgánica” eran solo tres nos daremos cuenta de que las exigencias del narcotráfico serán cubiertas con creces con la hoja transgénica y aquí no se aplica el discurso virulento de Evo contra los productos transgénicos, eso rige para los pollos.

Es claro que los cocaleros llegaron al gobierno. El presidente del Estado Plurinacional, es también el principal dirigente de las “seis federaciones” de productores de coca del trópico de Cochabamba (mas conocido como Chapare) y en esto no hay donde perderse. Será muy difícil o imposible que como presidente, Evo Morales vaya a adoptar medidas que puedan afectar a sus “bases” y el resultado puede apreciarse a primera vista: la superficie de cultivos se disparó entre los años 2004 y 2009 y los cocales ilegales han tomado los parques nacionales y otras áreas del oriente y la amazonía.

La estratagema consistió en permitir el cultivo de un cato de coca por afiliado en el Chapare -ahora son más de 60 mil- en lugar del cato por familia que también por razones políticas y al margen de la ley 1008 les había otorgado el gobierno de Carlos Mesa. El cato por afiliado autorizado por Evo fue la primera expresión de las ventajas que da «el estar en el gobierno».

Para justificar el incremento de los cultivos de coca se argumenta que se industrializará la producción, un intento que fracasó en el pasado y no existen razones para suponer que en esta ocasión tendrá éxito debido a consideraciones esencialmente económicas y a la escasa probabilidad de que los países modifiquen sus leyes para importar hojas de coca o los productos derivados de esta. 

Una industria que pretenda producir champús, dentríficos, vinos, jarabes u otros a partir de la hoja de coca, es claro que no podrá competir con los altos precios que paga el narcotráfico por esta materia prima. Es lógico suponer que el producto será vendido siempre al mejor postor y por tanto el argumento cae por su propio peso.

Otra razón económica es que la coca requiere mínima inversión, es una planta resistente que no necesita mayor cuidado, rinde varias cosechas al año, tiene buen precio y mercados en expansión. En lo «social» también es muy conveniente para los cocaleros, pues les queda mucho tiempo libre para el deporte, el sindicalismo o simplemente para descansar de panza al sol; la plantita crece sola y el único trabajo es arrancar sus hojas, secarlas y cosechar abundante dinero. Los otros cultivos, café, bananas, cítricos, palmitos, requieren mucho esfuerzo e inversión, no tienen mercado seguro y los precios son infinitamente menores al de la coca.

Este auge en la producción de cocales naturalmente no podía producirse sin adecuado correlato político y Evo Morales tuvo el acierto de comprender esta situación y generar su “instrumento político por la soberanía de los pueblos” que en los hechos ha significado el “instrumento político para el incremento de los cultivos de coca”.

Tomando en cuenta este criterio, resulta comprensible que los cocaleros quieran reproducir y mantener su poder político y como dicen «engendrar otro Evo» y en este empeño hasta el susodicho puede resultar prescindible. De lo que se trata es de generar un “Estado cocalero” en el cual todas las actividades económicas sean subsidiarias de la hoja de coca.