Vivió un siglo para aprender a escribir su nombre y apellido. El 23 de febrero tiene lugar el primer encuentro de llajtamasis centenarios en cochabamba.
Valeriana Aviles Riva en su casa de Morochata a sus casi 104 años de vida. – José Rocha Los Tiempos
Por Gisela Alcócer Caero – Los Tiempos
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Vivió un siglo para aprender a escribir su nombre y apellido
Escribir su propio nombre… fue lo que Valeriana Avilés Riva recuerda como lo mejor que le pasó en sus casi 104 años de vida. Tuvo que vivir un siglo para ver, en el ocaso de su existencia, la luz del conocimiento. Nació el 14 de mayo de 1907.
Fue un logro que le costó mucho esfuerzo, pues a pesar de que su pierna izquierda ya casi no tiene fuerza para mantenerla en pie, ella fue capaz de caminar hasta la escuela que se encuentra a tres cuadras de su casa en Morochata, cada tarde, para pasar clases en el programa de alfabetización “Yo si puedo”, en el cual aprendió después de un siglo de vida a escribir su nombre.
“Las mujeres no íbamos a la escuela, yo no fui, somos sin escuela, así nomás nos crió nuestra mamá, antiguamente no había escuela, sólo había una escuela particular, eso también llegó cuando ya era joven”, explicó.
Después abrió una bolsa de mercado en la cual guarda sus más preciados tesoros: Tres lápices, un tajador y un borrador, atesorados cuidadosamente dentro de otra bolsa, una de plástico color rosa amarrada por la parte superior con una cinta tejida por ella misma con una lana roja, “tenía cuatro lápices, pero el vecino me ha robado, se llevó uno de los míos”, explica mientras sentada sobre el colchón que está en el piso, con las piernas cruzadas muestra los útiles que tiene sobre su regazo y con los que intentará volver a escribir.
Tres cuadernos forman parte del tesoro, bien resguardados junto a un certificado que asegura que logró vencer el curso. “Ésta es mi libreta, yo soy con libreta. Esa señorita me dijo que trajo las libretas desde La Paz, de lo que aprendimos, le dijimos que nos entregue las libretas”, dice mientras toma uno de sus lápices y vuelve a repetir sobre una hoja cuadriculada la palabra Valer… “ya no veo muy bien, todo se ha vuelto un poco oscuro”.
El resto de las posesiones de la anciana se reducen a una casa de un solo cuarto en el que guarda todo lo que pudo acumular en 104 años de esfuerzo y trabajo que son una cama, dos colchones de paja, una hornilla con su garrafa, tres frazadas tejidas por ella, toda la leña que pueda caber, dos cueros de oveja, una rueca para hacer lana, un par de zapatos negros de goma y tres ollas tiznadas por el fuego. Nada más hay dentro del cuarto sin revoque, construido de barro y paja, con techo de calamina y una puerta que no tiene más de 1,50 metros de alto y dos ventanas, cerradas con algunos adobes para que no le entre el frío.
“Nosotras éramos mujeres solas, mi mamita también era sola, nuestro papá había muerto hace mucho tiempo ya no logré conocerle, seguramente murió cuando era pequeña, luego, las mujeres solas lavábamos ropa, cocinábamos, tostábamos, los patrones mandaban tostado a la ciudad, allá tenían familiares a ellos les mandaban, arvejas, maíz tostábamos, eso mandaban; había que hacer muco, por eso no tengo ni dientes de tanto muquear”, recuerda mientras disminuye el volumen de su voz para contar en un quechua perfecto que “era muy malo el patrón, les trataba muy mal a sus peones. Recuerdo una vez yo estaba pastando nuestras ovejas y, para experiencia, que se reúnan todos, había dicho… ese Pánfilo (un peón) estando con una mujer se había metido con otra, a su esposa casi la había matado pegando, de eso le castigó el patrón. A la mujer le colgó de una pierna y a él de la misma manera, cosa que pudieran mirarse de frente, ahí le había azotado tres veces, luego hizo que le azotaran todos los jefes mayorales. Él era propietario de todas las tierras de Link’u; Wayq’o; Tacata; Umachuku; Pataparanqani”.
Doña Valeriana no cuenta con más ropa que la que lleva en el cuerpo: Una pollera azul, una chompa ploma, una blusa blanca y un mandil celeste. Debajo de la pollera lleva un pantalón de lana y permanece descalza. Sus pies son tan fríos como el suelo de tierra de su casa–cuarto, por el cual transita pausadamente sin hacer ruido. Como si flotara.
“Que terreno voy a tener, esta casa tampoco es mía, es del señor Alvares, tenía mi casita mi terrenito todo se lo he dado al señor Alvares, hicimos un documento para que cuando muera el me entierre. En el campo no puedes quedarte, hay poca agua, antes se sufría demasiado, aquí hasta el agua está cerquita, de ahí nos proveemos nomás; en esta casa te vas a vivir me dijo, el me puso aquí, la casa es de don Alvares no es mía, mi terreno tenía una huertita, habían plantas de durazno”, recuerda mientras suelta el lápiz y los cuadernos para recoger en una olla, un poco de agua de lluvia que logró acumular en una batea de metal instalada al borde de la puerta de entrada de su casa. Pone la olla con algunas papas pequeñas en el fuego, para hacer un papa wayku y sigue recordando.
Sus ojos azules como el cielo parecen cubrirse por algunas nubes cuando habla de los hijos a los que no ve hace más de 40 años. “Ése mi hijo varón llegando del Chapare… mamita ya eres mayorcita no creo que vivas muchos años más, me dijo. A la persona que te atienda bien, a él se lo vas a hacer las escrituras de nuestro terreno. Yo tal vez ya no vuelva nunca más, me dijo, ya tengo mi lotecito, como sea viviré, después su lotecito del Chapare había vendido y supe que se fue a Santa Cruz, no me ha llegado más”, dijo.
Según parece, ella quiso irse de Morochata al Chapare con su hijo, pero él le explicó que “mamita ya soy joven, me dijo, tú no podrías vivir allá, tuvieras mucho miedo de los tigres, chanchos de monte, las víboras también, todas esas cosas asustan mucho, me dijo, no podrías estar como aquí, este nuestro terrenito dando en compañía te vas a hacer sembrar diciendo me dejo, desde aquel día nunca más me llego”. Recordó que su hija mujer es mayor y que después que se fue a la Argentina nunca más volvió a saber de ella.
En su rostro no hay lluvia, sólo la admisión de la preocupación que la ronda cuando piensa en las últimas horas de su vida. “mi terreno se lo regalé al señor Álvarez, yo ya no podía… ¿quién me va a enterrar?”, dice y explica que tenía miedo que su cuerpo se quede dentro de su casa sin sepultura, por eso decidió dejarle todas sus posesiones a un desconocido, a cambio de la promesa de que tras su muerte él se encargaría de comprarle un cajón y la haría enterrar con misa y cura.
Según cuentan los vecinos de Morochata y el alcalde, Juan Vegamonte, la decisión no fue mala, pues el futuro propietario del terreno, cada semana le lleva comida, papa, carne, algunas verduras y a veces arroz o azúcar, para que mientras viva no tenga hambre. “Aquí me traen los soldaditos, 200 cada mes, con eso no más estoy”, explicó haciendo referencia al Bono Dignidad, que recibe cada mes.
”Me estoy cocinando papita ahora, en las mañanas preparo chocolatito, tomo avena, esas cositas me preparo. Tecito, a veces preparo maicena.… al medio día, antes lagua, papa, eso comíamos pues, mote, tostado con eso teníamos que estar. Huevos, queso… eso comíamos”, dice mientras asegura que la comida más rica que probó su boca fueron “las tortas y los bizcochuelos”.
Nunca llegó a un hospital o a la casa de un yatiri, por su fuerte salud. “No voy a los curanderos y menos a los doctores, me sano por propia voluntad, hablando solo con Dios, no sé enfermar. Sólo le pido a Dios hasta cansarme y me sano. Dos o tres días no más enfermo. La gripe, la calentura nos agarra no, eso nomás”, dijo y después contó que hace algunas semanas, por primera vez fue a buscar a una “doctorita” que vive a dos cuadras de su casa para que le cure su pierna. Esta profesional cada vez que la ve, le fricciona la rodilla izquierda con mentisan y le invita té caliente, no puede hacer nada más, pues no es doctora, es abogada.
La mujer de 104 años sólo recuerda que sus partos le provocaron fuertes dolores. “En las manos de mi esposo nacieron mis hijos. Duele pues la barriga, hasta que nazca el bebé, aguantamos, luego nos sanamos no más. Ese día el esposo nos alcanza un poco de agua, cocina una sopita, nos alcanza, eso nomás hace así no más se queda”.
Hace una pausa larga antes de hablar del amor de su vida… “Machu soltero, era mi marido”, empieza a contar la historia con el minero que murió demasiado pronto. “Se murió hace tiempo, mi marido, él era excombatiente, estando en el servicio había entrado a la guerra, le había agarrado una bala”.
La papa ya está cocida y la generosa abuela la invita. Vuelve a tomar su lápiz y su cuaderno y buscando la luz intenta otra vez escribir su nombre. “Se me oscurece, ya se me ha oscurecido mucho, no puedo mirar… a ver, un poquito de luz. Yo creo que podría. Aquí, aquí creo que se puede…”.
MÁS AÑOS QUE MOROCHATA
Valeriana Avilés Riva, nació el 14 de mayo de 1907 y tiene casi cuatro años más que el municipio en el que vive, pues Morochata cumplió su primer centenario el 24 de enero de 2011, con una celebración en la que participaron el ministro de la Presidencia, Óscar Coca, el gobernador de Cochabamba, Edmundo Novillo, y los miembros de la Asamblea Legislativa Departamental, que declararon a esta región como la capital de la papa cochabambina.
A pesar de su siglo de vida edil, algunas de sus calles y antiguas casas ya tienen más de 400 años.
En este municipio hay más de 300 familias y su alcalde, Juan Vegamonte, informó que existen muchas personas que viven por más de un siglo porque “la alimentación de la gente siempre se hizo con base en los productos naturales, como la papa, el maíz, el chuño que se hace en las alturas, el trigo y la quinua. Antes aquí no había macarrón, azúcar o aceite, por eso hay personas que viven más de 100 años. No teníamos insecticidas ni plaguicidas, no necesitábamos fumigar”.
HITOS HISTÓRICOS EN LOS QUE PARTICIPÓ
“Dentro la mina junto a mi esposo trabajábamos solo tres personas. Cuando sacaban los metales ahí mismo era de trozar el metal, con martillo teníamos que golpear, yo también hacía ese trabajo. Y ese producto sacaban los varones. Mi padrino hizo trabajar esa mina. Escarbaba, hilos tejían de eso, no. Qué cosas explotaría nuestro padrino, no sabemos nosotros sólo sacábamos, él nomás llevaba”.
La minería en Bolivia
“El surgimiento del estaño fue providencial para la economía boliviana que vivía al finalizar el siglo XIX el desplome de la plata. El descubrimiento de la veta de La Salvadora de Patiño en 1900 simboliza el cambio. El ámbito geográfico de la riqueza minera boliviana, distribuido en los departamentos de Potosí y Oruro no cambió desde el inicio de la explotación colonial. El estaño no marcó la diferencia, los grandes yacimientos se ubicaron en la misma zona y más de una vez en las mismas minas en las que se había explotado plata.” (Historia de Bolivia de José de Mesa, Teresa Gisbert y Carlos D. Mesa Gisbert).
REFORMA AGRARIA
“Los patrones vendieron sus terrenos pues, los que tenían dinero se compraban, mi yerno también se compró. Ya no hay patrones, todos se han perdido. A la mayoría de los patrones no les quitaron sus tierras, sólo se compraron, con su dinero se quedaron con esas tierras, así fue. En otros lugares, los campesinos se quedaron con sus tierras, no les pagaron, habían lindas plantas de chirimoya, pacay, paltas, esos árboles habían, también habían dos molinos, el agua se los ha llevado. Supe que en Yayani habían matado campesinos, no sé la verdad. Aquí, no han asesinado a las personas, sólo cuando se prostituyeron les hizo azotar, eso nomás”.
Sublevación campesina
Con la Reforma Agraria promulgada con el Decreto Supremo del 2 de agosto de 1953, “se eliminó un sistema de explotación y una estructura económica muy próximos al feudalismo. Los grandes propietarios controlaban en latifundios más del 95 por ciento de las tierras cultivables del país. Tanto las presiones de sectores campesinos y de la COB como la decisión del Gobierno que había creado una comisión para definir el problema de la reforma presidida por el vicepresidente Hernán Siles, fueron paralelos a la propia acción de campesinos armados que comenzaron a tomar por su cuenta haciendas en el valle cochabambino.” (Historia de Bolivia, de José de Mesa, Teresa Gisbert y Carlos Mesa).
AUTORIDADES DE GOBIERNO
“Los presidentes quienes serían, no sé, no recuerdo. Ellos habrían venido, venían siempre, este camino carretero ellos hicieron abrir, antes no teníamos ni camino, este camino se abrió cuando yo era jovencita, pero antes, no recuerdo qué presidente llego aquí. Al Evo si le conozco, dos veces ya ha venido, pero así no más, era demasiada la aglomeración, a los campesinos no nos permitían acercarnos… estas cosas no más se han llenado. Está no más bien como Presidente, él siempre nos está ayudando, quién me hubiera dado dinero así. Evo Morales… cuando el Evo estaba llegando esa vez pegamos esto (muestra dos afiches con la foto del Presidente). El Evo está sonriente aquí”.
Primer Presidente indígena
Evo Morales nació el 26 de octubre de 1959, durante el Gobierno de Hernán Siles Zuazo (MNR), en la comunidad rural de Oruro, Isallavi que pertenece al cantón de Orinoca de la provincia Sur Carangas. En las elecciones de 2005 (18 de diciembre) obtuvo el 54 por ciento de los votos, lo que le permitió acceder a la presidencia de la República. Asumió el poder el 22 de enero de 2006.
Es el tercer mandatario boliviano en la historia de la República elegido por mayoría absoluta de votos (el primero fue Hernán Siles Zuazo en 1956 y el segundo fue Víctor Paz Estenssoro en 1960).
El 6 de diciembre del 2009 logró la reelección, asumiendo el cargo el 22 de enero del 2010. (Extraído de Evo Morales – Biografía, fundación CIDOB).
HECHO HISTÓRICO QUE MÁS AFECTÓ SU VIDA
“Yo si puedo”
El programa de alfabetización “Yo si puedo” empezó en mayo del 2006 y concluyó el 2009, tras 33 meses de trabajo y con una inversión de 36,7 millones de dólares. Según la información del Gobierno, 819.417 bolivianos aprendieron a leer y a escribir en los 327 municipios y 112 provincias de los nueve departamentos del país con el método audiovisual cubano “Yo sí puedo”, que además alfabetizó a unas 3,6 millones de personas en 28 países.
Un contingente de 46.460 facilitadores y 4.999 supervisores cubanos, venezolanos y bolivianos establecieron 28.045 puntos de alfabetización y llegaron hasta remotas comunidades sin electricidad llevando equipos para garantizar las clases. Instalaron 8.350 paneles solares y entregaron 212 mil anteojos a ciudadanos con discapacidades visuales. Las mujeres representaron más del 70 por ciento de los beneficiados. Casi 30 mil personas aprendieron a leer y escribir en español, quechua y aymara.
Centenarios relatan cómo vieron Bolivia
Elcira Arteaga, a sus 103 años, sentada en el salón de su casa en la zona de Cala Cala. – Hernán Andia Los Tiempos
Por Gisela Alcócer Caero – Los Tiempos – 6/02/2011
“¿Pensaste por un momento verme de soldado? Pues me tienes en esta copia, lo que no pensaste verme jamás de uniforme. Tu negro que te besa… Cesar”, es la frase que se preservó por más de 70 años. Fue escrita con una caligrafía perfecta salida de una pluma fuente negra para quedar impresa detrás de una fotografía en la que se ven dos sonrientes Colorados de Bolivia en la Guerra del Chaco.
“Me quedé con dos hijos en esa época, Wilde e Hilda”, dice Elcira Arteaga García, mientras siente con las yemas de sus dedos la textura de la antigua fotografía en blanco y negro, que ya no puede ver pero recuerda con tanto detalle como si la estuviera mirando. “Ya nos habíamos casado cuando él se fue a la Guerra del Chaco. Temía que pudiera tocarlo una bala o algo así”, dijo recordando el alivio que la invadió cuando su esposo retornó a Cochabamba con licencia. “A los pocos días terminó la guerra. Él estuvo casi un año allá”.
El negro que te besa… fue Cesar Arzabe Reque, un soldado que le robó al ex presidente Germán Busch el corazón de Elcira, su esposa, a pesar de que el ex mandatario fue “el hombre fuerte de los oficiales jóvenes del Chaco” que llegó a la Presidencia de Bolivia “derrocando a Tejada sin derramar una gota de sangre y sin violencia (…) desahuciando al republicanismo con el destierro de Bautista Saavedra a Chile y clausurando El Diario, portavoz del liberalismo, en sólo seis días”, según el libro Historia de Bolivia escrito por José de Mesa, Teresa Gisbert y Carlos D. Mesa Gisbert.
Esta pareja conoció al ex Jefe de Estado en Arque, cuando tenían menos de 20 años. Cesar también trabajaba en el colegio de este pueblo, igual que ella. “A Germán Busch lo he conocido en Arque porque él iba a pasar sus vacaciones allá cuando estaba en el Colegio Militar. El iba a la casa de don Hilarión Antezana, ahí pasaba la vacación. El sólo era alumno del Colegio Militar y teníamos una charla cualquiera, él no ha sido mi enamorado”, dice y suelta un risueña sonrisa tras la pregunta, ¿él quería ser su novio? “Bueno él quería enamorar, pero…”, vuelve a reír y agrega que “no… una no debe creerse tampoco que pueda llegar a ese nivel del Presidente. Yo no quería pues, no simpatizaba, no tenía otro novio, pero él no me gustaba”, dice y asegura que ya no se acuerda como el ex Presidente le declaró su amor.
Sin duda ella fue muy hermosa, pues aunque ya transcurrieron más de 80 años desde la época en la que le rompió el corazón al ex mandatario, al mirarla vestida con un traje de dos piezas rojo con blanco, uno se pone a pensar que la belleza nunca se marchita y que probablemente así serán dentro de muchos años las reinas bolivianas que cada año viajan al Miss Universo.
Ella es muy alta, delgada y tiene el pelo completamente blanco, casi tanto como su piel. Sus ojos azules iluminan su cara, aunque ya no pueden mirar la luz del sol; sus labios rojos, perfectamente pintados con lápiz labial se iluminan cada vez que sonríe con sus blancos y perfectos dientes que más bien son pequeños. Su collar de perlas combina perfectamente con la elegancia de su traje y con el color de sus uñas nacaradas, que son una muestra de un manicure perfecto. Todos estos detalles demuestran que aunque ha pasado mucho tiempo, su arreglo personal continúa siendo una parte importante.
Las vueltas del destino fueron las que definieron su vida. Aproximadamente a los 18 años terminó su formación como maestra de primaria y se fue a Arque para cumplir con el año obligatorio de provincia que todos los profesores del país deben ofrecer a los niños del área rural del país. “Me encantaba ver a los niños, recibirlos, enseñarles a leer y escribir, a los tres meses yo los sacaba leyendo y escribiendo”.
Ella fue maestra, después de terminar el colegio que en esa época en toda Bolivia sólo estaba compuesto por los seis cursos de la primaria. “Antes no había secundaria, sólo la primaria y al concluirla se buscaba alguna profesión, entonces yo me fui a la normal y allá estudie”.
Recuerda que estudió en varias escuelas, “el kínder lo hice en el Instituto Americano, el primer curso lo hice en la escuela fiscal dirigida por la señorita Adela Zamudio, después me fui a la escuela Achá. Antes todas las escuelas eran municipales. En mi tiempo no había sino dos escuelas de mujeres y dos de varones, que una era dirigida por Alberto Navarro y la otra por Ricardo Prudencio”.
Asegura que conocer de niña a Adela Zamudio tuvo una profunda influencia en su vida. “La conocí porque he estado en ese colegio. Ella tenía un carácter bastante ríspido, pero respetable, honorable, muy buena. Ella era la directora del colegio. No era tan linda ni tan simpática, era bastante delgada y de edad cuando fue la directora. Venía al colegio con una falda larga, con su chaquetita. Elegante era”.
Explica que lo mejor que aprendió de la principal poetiza boliviana fue a estudiar. “Adela Zamudio siempre exigía el estudio, nos decía: Vayan a su casa y hagan sus deberes primero para después poder jugar o entretenerse. A mí me decían la challpiri, porque me gustaba el estudio y me dedicaba a estudiar”, dice y en la mesa que está frente a ella, en la que revisa los rastros de sus recuerdos, están dos diplomas conferidos por el Honorable Concejo Municipal como reconocimiento por ser la mejor estudiante de sexto y séptimo de primaria de toda la ciudad.
“Ella nos recomendaba la formalidad, era muy severa. De carácter fuerte, a las profesoras con su mirada no más las dominaba y a las alumnas peor. A mí una vez me castigó. Nuestra escuela era en la calle Jordán y Ayacucho y subían gradas que se dividían y jugábamos en el recreo subiendo y bajando unas cuantas gradas, jugábamos a vencernos y haciendo bulla… cuando salió ella y como era de carácter fuerte… a la dirección, me dijo, después castigo… boca a la pared”, relató.
Los recuerdos de Elcira vuelven a su mente, junto a las fotografías de su pasado. Hay muchas sobre la mesa que tiene al frente, pero ella sólo mantiene entre sus manos la del soldado de la guerra del Chaco que le mandaba besos. Tuvieron 11 hijos, de los cuales sólo seis permanecen vivos, uno murió hace pocos años. “Tengo la familia compuesta por siete hijos, 18 nietos, 39 bisnietos y 10 tataranietos que para el año serán 11, porque uno está por venir”, explica.
Recuerda a sus padres y su niñez con mucho cariño y asegura que fue esa la tapa más hermosa de su vida. “Mi papá se llamaba Timoteo y mi mamá Rosa. Mis hermanos eran Raúl, Hugo, David, Erlan… 11 éramos, cinco mujeres y seis hombres. Yo he sido la primogénita, era la mayor”, agrega y dice que sus recuerdos más lindos fueron los que pasó con sus padres y sus hermanos. Ella nació el 22 de septiembre de 1907.
“Desde pequeña comíamos mote y tostado, era el alimento principal”, dice antes de asegurar que nunca enfermó de nada grave y que siempre fue muy saludable. “Ahora una solo piensa en la muerte… que es el fin de la vida que no se volverá a repetir y que no volverá… siento miedo”, asegura y explica que “Cesar murió mal del corazón”, mientras toma entre sus manos la foto del soldado del Chaco y la atesora cerca de su corazón.
LA REVOLUCIÓN DEL 52
“Yo estaba jovencita. En Oruro yo estuve cuando al cuartel se introdujeron los movimientistas. Yo era maestra del colegio Anglo Americano en Oruro y los alumnos a los que más recuerdo es a Jorge Papich, a Constantino Claric y a su hermano Ivo.
Constantino ha trabajado en el Lloyd Aéreo Boliviano. Ha cambiado todo en Bolivia por la política, la política es lo que cambia todo. Menos mal ninguno de mi familia es político. Cuando yo vivía en Arque, los campesinos eran humildes y muy buenos.
Teníamos nosotros una propiedad ahí y ellos eran muy buenos porque la familia los cobijaba y los ayudaba en todos sus asuntos. Hasta el último de nosotros hemos poseído esa propiedad y nos han provisto de productos. Yo les enseñaba en castellano y todos los indígenas sabían castellano.
Ahora los indígenas medio insolentes están, han cambiado de carácter. Es que tienen bastante apoyo ahora”.
9 de abril de 1952
“En la madrugada del 9 de abril de 1952, estalló la revolución dirigida al principio por el general Antonio Seleme, a quien se plegaron los carabineros en contra del Ejército que marchaba sobre la ciudad. Se combatió encarnizadamente durante tres días. La llegada de contingentes mineros armados y la falta de unidad de mando decidieron el triunfo a favor de los movimientistas. La revolución dejó un saldo de varios millares de muertos y heridos. Hernán Siles Suazo (vicepresidente elegido) se hizo cargo del Gobierno. Nombró ministros e invitó a Víctor Paz Estenssoro, que obtuvo la mayoría de los sufragios en mayo de 1951, para asumir la Presidencia de la República. Éste a su regreso de Buenos Aires fue recibido por un numeroso público (15 de abril de 1952). Al día siguiente prestó juramento a la primera magistratura. Una de sus primeras medidas fue la firma, el 21 de julio de 1952, del decreto de voto universal. Después nacionalizó las minas de Patiño, Hosschild y Aramayo”. (Fragmento del libro Historia de Bolivia de Froilán Giebel).
HISTORIA DEL CERCADO
“Cochabamba fue fundada (la primera vez) por Gerónimo de Osorio el 2 de agosto de 1571. La segunda fundación fue realizada por Sebastián Barba de Padilla cuatro años después con el nombre de Villa de Oropeza, en honor al Virrey Francisco de Toledo conde de Oropeza”, dice el libro Historia de Bolivia de Florián Giebel.
El arqueólogo David Pereira, tras revisar documentación histórica asegura que la primera fundación tuvo problemas legales con el español Garci Ruiz de Orellana, pues el lugar que Osorio eligió para fundar nuestra ciudad, era de su propiedad.
EL RÍO ROCHA
“No era un río bien formado ni nada así. Era un río que venía desde Sacaba y se iba por la Chimba, así como cualquier otro río. Yo me bañaba allí, era donde todos acudíamos, íbamos a los ríos a bañarnos. En Cochabamba agua de pila no había, las piletas se hicieron muchos años después. El río Rocha era como cualquier otro río y el curso que ahora sigue, ese curso seguía”.
Construcción del cauce
El arqueólogo David Pereira explicó que el cauce del río Rocha fue desviado alrededor del siglo XVI por el capitán español José de la Rocha, quien le compró sus terrenos a los caciques Sipe Sipe y decidió desviar su curso para que puedan irrigar sus zonas de cultivos, ubicadas en La Chimba. Antes este río se llamaba Condorillo, pues el propietario de las tierras por las que pasaba era el tata Kuntur. El experto aseguró que el cauce bien definido y construido con piedras, fue una obra de los prisioneros de guerra paraguayos.
LAS LAGUNAS
“He visto todas las lagunas, la laguna Alalay, la laguna Cuellar también. Yo iba a la laguna Alalay con mi papá porque mi papá jugaba fútbol y en Alalay habían canchas, entonces yo iba con él y veía lo que jugaba. Lo más lindo de la ciudad era la campiña de Cala Cala donde todos iban allá”.
Cinco lagunas en la ciudad
La ambientalista miembro del Foro Cochabambino del Medio Ambiente (Focomade), Natalia Vega, informó que Cochabamba era la ciudad de las lagunas, que se formaban del agua que bajaba por las torrenteras, del deshielo de las cordilleras. De estas lagunas, tres permanecen y son la laguna Alalay; la laguna de Albarrancho. Los dos espejos de agua que desparecieron fueron la laguna Cuellar, de Cala Cala que hicieron secar para construir las canchas auxiliares del estadio y la laguna de San Pedro, que estaba al finalizar la avenida Heroínas.
LÍMITES DE COCHABAMBA
“Hacia el norte la ciudad terminaba hasta el puente actual, lo demás ya pertenecía a Cala Cala. Al sur la ciudad acababa en la carbonería que se llamaba, la Calatayud, porque allá vendían el carbón y la leña, porque antes no se conocían otras comodidades y todos teníamos que usar el carbón y la leña. Allá era el lugar donde se provenían todos, por eso se llamaba la carbonería”.
La Cancha
El libro Vivir Divididos, escrito por Humberto Solares junto a Gustavo Rodríguez y María Lourdes Zabala, revela que Cochabamba se expandió hacia el sur, a partir de 1952 pues los arrieros se convirtieran en los nuevos dueños de la tierra y los piqueros en los dueños de la Cancha. “En los años 60 emergen barriadas y grandes asentamientos ilegales especialmente en las zonas de San Miguel, Cerro Verde, Huayra Khasa, Alto Cochabamba, Ticti, que eran barrios dormitorio”.
SIMÓN PATIÑO
“Conocí a Simón Patiño, pero no de forma amigable, sólo de lejos no más. Me acuerdo que él iba al hospital alguna vez, iba a ver porque mandaron a hacer un pequeño sector, una sala o un pabellón para los niños”.
Albergue de pobres
El gerente del Complejo Hospitalario Viedma, Jimmy Montaño, explicó que el pediátrico que funcionaba en el antiguo hospital Viedma, fue construido por el barón del estaño, Simón Patiño, en agradecimiento al primer pediatra de Cochabamba, Manuel Ascencio Villarroel, que le salvó la vida a una de sus hijas. “Cuando Patiño le pidió que le fijara sus honorarios, el médico le dijo que no iba a cobrarle nada, pero por la insistencia de Patiño, le dijo que mejor construyera un hospital para los niños de esta ciudad, que no tenían donde ser atendidos”, explicó Montaño.
HECHO QUE MÁS AFECTÓ SU VIDA
“El 15 de julio de 1932, una fracción del ejército paraguayo desalojó a una guarnición boliviana de laguna Chuquisaca –Pitiantuta para ellos– y en represalia, las fuerzas bolivianas capturaron los fortines paraguayos Toledo y Corrales el 28 de julio. De esa manera comenzó la funesta guerra con el Paraguay”, dice el libro Historia de Bolivia de Florián Giebel.
“El presidente Daniel Salamanca tenía muy claro que Bolivia debía dominar la región del Chaco que estaba en conflicto (…) Un incidente verbal en Washington con el representante paraguayo, sirvió de excusa para la ruptura de relaciones diplomáticas con el Paraguay el 1° de julio de 1931”, dice el libro Historia de Bolivia de José de Mesa, Teresa Gisbert y Carlos D. Mesa Gisbert. “Hay muchas interpretaciones sobre los verdaderos móviles de la guerra. La más socorrida es la que dice que fue un conflicto promovido por el imperialismo, que se reflejaba en el enfrentamiento entre petroleras”.
LETRADA | Valeriana Avilés Riva asegura que lo mejor que le pasó en la vida fue aprender a leer y escribir cuando cumplió los 100 años y recuerda que lo peor fueron las palizas de los patrones en Morochata. Conoció sólo a un Presidente: Evo Morales Ayma