Nuevamente las tasas de interés


Juan Antonio Morales*

JUAN ANTONIO MORALES Las tasas de interés han vuelto al tapete de la discusión, además en un momento inoportuno por el nerviosismo que crean las repercusiones en el país de la crisis internacional. No hay duda que hay disconformidad tanto entre prestatarios como entre depositantes con la estructura actual de tasas de interés, pero regularlas mediante ley ¿será la mejor solución?

Las tasas de interés pasivas, tanto en bolivianos como en dólares, han estado durante un periodo de más de cinco años por debajo de la inflación. Es decir, han sido negativas en términos reales, lo que quiere decir en buen romance que los depositantes no sólo no han estado ganando intereses en términos reales sino que han estado perdiendo en términos del valor adquisitivo de sus depósitos. Las tasas de interés activas, en las dos monedas, han sido positivas en términos reales, salvo durante cortos periodos.



La pregunta es entonces ¿por qué el público sigue depositando a pesar de que está perdiendo capital? La respuesta simple es por la escasez de activos financieros. Los hogares, que son los principales depositantes, no tienen muchas alternativas de inversión, dado el reducido tamaño del abanico de posibilidades que ofrece.

Para la mayor parte de los ahorristas, depositar en el exterior tampoco es una opción realista por los problemas de información y los costos de la transacción. Por otra parte, las tasas internacionales de interés están también en niveles muy bajos; las inversiones en acciones y títulos-valor de renta fija rinden más, pero también son más arriesgadas, sobre todo en estos momentos de gran turbulencia en los mercados financieros internacionales. Por las razones anotadas, el sistema financiero nacional cuenta con depósitos cautivos aunque se debe también estar consciente de que la probabilidad de que se abra una compuerta de escape, si bien baja, no es cero.

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Bajo condiciones razonables de competencia, las tasas de interés activas en bolivianos quedarían determinadas por la tasa de interés de las operaciones de mercado abierto (OMA) del BCB más el costo administrativo adicional que implica un boliviano más de crédito. La tasa de interés pasiva en bolivianos quedaría fijada por la tasa de las OMA, deducida la incidencia del encaje, menos el costo administrativo adicional de procesar un boliviano más de depósitos.

Criterios similares se aplicarían a los intereses en dólares, con una gran diferencia. Como no hay las OMA en dólares es la tasa internacional la que sirve de pivote. Se ha de hacer notar que los encajes afectan solamente a las tasas pasivas, es decir, penalizan a los depositantes.

Como se espera más bien revaluación que devaluación, la tasa en bolivianos debería ser inferior, por la llamada paridad (no cubierta) de tasa de interés, a la tasa en dólares. Esa paridad de tasas de interés ha sido rota por las tasas de encaje legal, que son muchísimo más altas para depósitos en dólares que para depósitos en bolivianos. Con esa política activa de encajes se ha estado forzando la bolivianización. Ésta, deseable como es, podría ser empero efímera.

La estructura actual de tasas de interés ha permitido la recapitalización de los bancos y ha solidificado su situación financiera, lo que es un mérito que no se puede desdeñar. Ha permitido también la modernización de sus sistemas informáticos. La desventaja está en que esa estructura está dando lugar a bonanzas temporales del consumo, de la construcción y más generalmente, del crédito. La bonanza del consumo está alimentando a la inflación. La cartera de créditos ha estado creciendo mucho más rápidamente que el PIB a precios corrientes, lo que origina riesgos.

Le corresponde a la política monetaria (más precisamente a la de las OMA) hacer subir las tasas pasivas de interés. El BCB debe también revisar su política de encajes, que en los dos últimos años ha sido muy variable y caprichosa. Regular administrativamente las tasas de interés y la composición por sectores económicos de la cartera del sistema financiero, como parece ser la intención de la ASFI y del BCB, sería, en cambio, desaconsejable.

*Ex presidente del Banco Central de Bolivia

Página Siete – La Paz