Guillermo Bedregal Gutiérrez
Particularmente quienes somos políticos tenemos como misión mejorar la vida social y económica del pueblo, tenemos el deber de examinar continuamente la pureza de nuestras intenciones y de los medios empleados. Debemos conocer las disposiciones interiores que necesariamente deben acompañar los cambios estructurales ya propuestos y puestos en marcha y cooperar a los demás a adquirirlos.
Este tiempo finisecular y de ingreso al tercer milenio cristiano está pleno de premoniciones escatológicas e incluso de fenómenos milagrosos, como la recurrente serie de apariciones de la Virgen Madre de Cristo en diversas ocasiones y lugares. Sus mensajes no son cosa para ignorarlos, así como tampoco son para ignorar múltiples expresiones científicas sobre las imágenes de Cristo que sangran y lloran.
Los que tienen Fe tenemos el excepcional recurso de la oración. Constante por la purificación del propio corazón y por el establecimiento de relaciones interpersonales más sanas, aún en vista de un mejoramiento de la vida pública. Todo ello dentro de las posibilidades de cada uno, a partir de buscar la verdad y el contenido diverso y unitivo de la Nueva Alianza. Dependemos en exceso de egoísmos individuales y de grupo que debemos superar para jerarquizar nuestra vida cotidiana. Particular atención requiere el tema del Amor, la Conversión y la Justicia.
La Prensa – La Paz
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