Álvaro Riveros TejadaUna fuga de gas en la refinería Amuay, en el Estado Falcón de Venezuela, acaba de ocasionar una de las mayores catástrofes ocurridas en la industria petrolera de ese país, con un lamentable saldo de más de 50 personas muertas y cerca de un centenar y medio de heridos. Dicha calamidad, que bien podría catalogarse como una previsible desgracia causada por un gobierno que ha priorizado la política y los intereses de partido antes que la gestión; la demagogia antes que la sensatez y el despilfarro de dinero en proyectos políticos imbéciles, antes que en obras de mantenimiento, prevención y cuidado de la “gallina de los huevos de oro” que para esa noble nación significa su industria petrolera, es una clara muestra del daño que le puede inferir a su patria un demente que se ha sentado en la silla presidencial venezolana, con el único fin de alimentar sus sueños de grandeza.Al decir de Iván Freites, Secretario de Profesionales y Técnicos de PDVSA y Secretario del Sindicato de Petroleros del Estado Falcón, desde finales del año pasado los trabajadores han venido denunciando una cantidad de hechos que se sucedieron en dicha refinería y en muchas otras del país, sin embargo dijo: “se ha implantado una conducta partidista que ha hecho que los gerentes cambien su rol de técnicos por la de agentes políticos y, si había una fuga, o un equipo no tenía repuestos, no se hacía nada, por que lo importante era la campaña electoral con miras a las elecciones del 7 de octubre próximo”.En una patética aparición en el lugar de la catástrofe, el mico-mandante fue abordado por una periodista que le trasmitió la inquietud de muchos vecinos de la zona afectada, que afirmaban que días antes del siniestro se sentía un fuerte olor a gas y que tal anomalía pudo ser el detonante del percance. Bastó esa pregunta para que el anti-líder, con la impostura que le caracteriza, se invente la siguiente versión: “cerca de la media noche (el siniestro se produjo a la 1 y 30 de la madrugada) yo estaba aterrizando en Maiquetía y empecé a llamar al comandante de la Guardia, pues tenía contacto con algunos guardias sobrevivientes, (es decir, ya habían sobrevivido a una explosión que se iba a dar recién una hora y media mas tarde) y sigue: “yo como soldado que soy, sé que los soldados y los civiles pasan revistas… andan recorriendo la refinería, viendo, oliendo, entonces me dicen de ahí los guardias que no detectaban ningún olor a gas a medianoche” ¿Habráse visto semejante desfachatez? Adelantándose a la reportera, visiblemente molesto, con vocación de clarividente desestima que hubiera habido olor a gas y cualquier otra evidencia de descuido en la planta.En este tipo de instalaciones de alta volatilidad, se dispone de protocolos y/o normas internacionales de seguridad que se supone no fueron debidamente observadas. Asimismo, por su ubicación geográfica, generalmente situadas en las costas marinas, éstas están expuestas a un formidable proceso de corrosión, que obliga a un mantenimiento igual o mayor que el de un barco, cosa que con seguridad no se hizo. Finalmente, esta experiencia deja como moraleja la demostrada ineptitud de los gobiernos despóticos, populistas y estatistas que priorizan sus aviesos intereses políticos, en aras de la seguridad de sus recursos y de sus pueblos, generando desidia y muerte, como en Venezuela.