Karen Arauz
Los últimos acontecimientos en el país, tienen que estar haciendo repensar a muchos padres sobre los esfuerzos principistas, morales, de valores intrínsecos que se trata de inculcar a los hijos. En este momento, tiene que haber miles de bolivianos que se están preguntado si lo que hemos enseñado hasta hoy, ha sido justo en términos de costo beneficio para los logros en sus vidas. La mediocridad es un tema repulsivo para muchos. Sin embargo estamos experimentando que los mediocres poseen la vía más expedita al éxito.
Un viejo amigo me decía que a veces se siente un verdadero imbécil. Lo que llamaríamos un hombre de bien, trabaja doce horas diarias y su vivir y el de su familia es apenas pasable. Su mejor amigo de la escuela, a quien ve frecuentemente por las calles, es un conocido "empresario" aunque nadie sabe con exactitud a qué se dedica ahora pero las malas lenguas comentan que mutó de traficante a blanqueador. Maneja un auto de alta gama, vive viajando por el mundo, sus fiestas son conocidas en su ciudad por opulentas y sin límites de ningún tipo. Su mujer maneja un BMW y sus hijos hacen gala de su dinero. Y la mitad pregunta, mitad reflexión surge: él "¿tú crees que valió la pena ser una buena y honrada persona, tratado siempre de hacer lo mejor y lo más correcto?". Esto no debiera pasar en una sociedad medianamente sana.
Un equipo de fútbol va al exterior, pierde y el homenaje no se deja esperar "porque no los golearon" sólo perdieron…un conjunto musical asiste a un concurso, no gana nada, y los reciben como si hubieran ganado tres Grammys….y tres soldados cruzan una frontera, armados y despistados. Y se los erige en los nuevos héroes nacionales. Se los declara defensores del mar, cuando estábamos bajo la impresión, que cuidaban nuestra frontera de la acción de los contrabandistas, pero resulta que el gobierno los eleva al rango de máximos exponentes de nuestra lucha por la reivindicación marítima. Todos ellos pueden ser sólo producto del medio, pero, ¿héroes? A los soldados, bastaba con darles unos días de vacaciones pagadas para que pudieran cansarse de contar su experiencia en corrillos familiares, de vecinos y camaradas. El tratamiento desproporcionado que se les ha brindado con todas las oriflamas del poder, es además, un peligroso precedente que podría ser utilizado como un medio de lograr notoriedad, dádivas y ascensos.
Esta determinación de utilizar políticamente el incidente de la ilegal infracción cometida al traspasar la frontera -sabemos, involuntaria- es un exceso que se podría haber superado con un par de notas a nivel de cancillerías. Es claro que se lo utilizó en ambos lados de los despachos presidenciales y hasta un diputado, opositor a Piñera, le sacó una tajada a la oportunidad. El triunfalismo demostrado hace temer el tenor del discurso presidencial en los actos del venidero día del mar.
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Qué difícil es admitir que el cambio que estamos viviendo es demasiado. ¿Importan las normas que debe seguir una persona para ser honorable? Porque si desde lo más alto de la administración de poder, se proclama que la meritocracia son puras pamplinas, el mensaje que se da a la comunidad, sobre todo a los jóvenes que están en la etapa en que los modelos ejemplares a seguir o imitar son parte integral de su formación, es altamente preocupante. Perseguir lo óptimo, la excelencia, hacer méritos, parece que está pasado de moda.
El tema de la situación en Oruro, emergente del inconsulto cambio de nombre de su aeropuerto por los siempre funcionales al poder, se está convirtiendo en el waterloo presidencial. Es que el narcisismo está tomando tintes insólitos aún para los que percibimos que la autoestima de SE, se encuentra muy por encima de los límites admisibles para alguien que además, apoya su poder en la gente que lo sostiene y lo vota.
Evo Morales, ha perdido la gran oportunidad no sólo de mejorar su imagen, sino de presentar visos que lleven a admirarlo de algún modo: rechazar la resolución del Concejo Departamental. Si lo hiciese ahora, sería tarde. El daño está hecho. Se ha desnudado su verdadero yo, demostrando que la soberbia copa todo. No queda un atisbo de la humildad y de la sencillez que lo encumbró -amén de inteligencia- que lo haga rechazar lo que a estas alturas y para sus fines, es contraproducente. Lo que sí ha logrado, es poner a toda una ciudad en su contra y las miradas de repulsa de todo el país están sobre él.
Acá de lo que se trata, es de justificar todo lo que se hace, sin importar sobre qué cabezas se pisa y qué honras se destruyen para lograr las metas.
Los fantoches han pasado a ocupar todos los espacios. Se llama señores a los asesinos y se llama héroes a simples personas con sus virtudes y sus defectos. La megalomanía habitual y la mitomanía reinante, vuelve lo verdadero en falso y lo engañoso en evidente. Mientras tanto, Bolivia continuará en trata-miento, donde la oposición trata y el gobierno, miente.