Juan Marcelo Columba Fernández
Notas para una onomástica política del cambio de nombre del aeropuerto orureño
El 7 de febrero de 2013, la Asamblea Legislativa Departamental de Oruro aprobó una Ley regional que designa al aeropuerto de esta ciudad con el nombre del actual mandatario boliviano “Juan Evo Morales Ayma”, buscando reemplazar así el de “Juan Mendoza y Nernuldez”, nombre original de la terminal aérea en homenaje al destacado pionero de la aviación nacional. Si bien podrían plantearse variados criterios sobre la disparidad entre el justo homenaje a un personaje destacado en la historia regional y el simple culto a la personalidad característico de los gobernantes autoritarios es menester intentar comprender la complejidad de un problema que tiene movilizados, por más de un mes, a importantes sectores de la población orureña no solamente en defensa de un nombre, sino de todo lo que esta designación puede evocar en el imaginario regional. Una onomástica política interesada por el estudio de los nombres propios en el ámbito político, no simplemente como etiquetas para identificar una porción de la realidad, sino como portadores de un mensaje mayor y condensador de otros elementos conexos en la memoria colectiva de los sujetos, puede brindar interesantes luces al respecto de aquello que está en juego en este conflicto.
El verticalismo en la imposición de la nueva denominación del aeropuerto orureño no ha hecho otra cosa que actualizar una representación autoritaria del actual gobierno boliviano que, en la lógica de sus oficiosos representantes, tendría la legitimidad para renombrar lo que se le ocurra, siempre y cuando esté en consonancia con los postulados y protagonistas del “nuevo” Estado plurinacional; aspecto que no es nimio ni reciente si se considera que el denominado “proceso de cambio” boliviano ha significado, ante todo, un cambio de nomenclatura. La disputa por los nombres remite, también, a una contienda entre la instancia ciudadana y la clase política. El nombre del pionero de la aviación orureña evoca los méritos y virtudes de un ciudadano que ha dejado su huella en la historia regional. Los sectores ciudadanos movilizados, identificados con los logros de Mendoza, exigen el respeto a este legado y condenan el homenaje a un miembro de la clase política cuyas cualidades son discutibles. El nombre de Mendoza estaría también vinculado a la identidad regional como personaje orureño y al anhelo de desarrollo vehiculado por el aeropuerto. En este entendido, es comprensible que la instancia ciudadana articulada en instituciones como el Comité Cívico o la Central Obrera Departamental, exija el respeto a su identidad regional y a quienes considera protagonistas de su propia historia, ante la imposición simbólica gubernamental; cabe mencionar que la disputa por el nombre del aeropuerto también ha actualizado tensiones entre la ciudad y el campo, incluso, dando pie a pretensiones gubernamentales de “racialización” de un conflicto de naturaleza cívica.
En el caso en cuestión, el cambio de nombre no pretende única e inocentemente identificar el aeropuerto, sino busca una apropiación simbólica a favor de los gobernantes de turno en detrimento de la instancia ciudadana. El conflicto iniciado por la imposición de un uso lingüístico -un nombre propio- también ha actualizado diversas tensiones y representaciones colectivas regionales que vienen asociadas y condensadas en las denominaciones en disputa. Una disputa en la que el pueblo orureño ha mostrado su enorme fuerza en la defensa de su identidad regional ante el capricho y la pedantería del poder.
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