Mauricio Aira
Cierta corriente en Chile se mofa de la celebración boliviana cada 23 de marzo que recordamos la inmolación de Abaroa en su fallido intento de parar el avance de la soldadesca chilena al pie del Puente Topáter sobre el rio Loa. En realidad no hay nada que “celebrar” sino más bien la circunstancia histórica es adecuada para reflexionar del gesto heroico con su imperecedero mensaje “y el canto al hombre que supo audaz defender, la Patria amada que le vio nacer, que es el sol de la gloria que en los campos de muerte brilló”, como reza la composición de Luis Felipe Arce que miles de estudiantes y soldados por calles y plazas entonarán a voz en cuello, en una expresión que Chile no puede dejar de reconocer, como un genuino hecho periodístico.
La figura de Abaroa con su arenga “rendirme yo…que se rinda su abuela” con que se jugó lo más preciado que tiene un ser humano, su existencia. Abaroa plenamente consciente de su responsabilidad no se resigna, ni se rinde al enemigo, lo enfrenta, lo resiste y en consecuencia muere aquel 23 de marzo de 1879, cinco semanas después de haber desembarcado las tropas de Sotomayor en Antofagasta. No era mucho lo que Ladislao Cabrera, Eduardo Abaroa y los 135 hombres armados podían hacer, frente a un ejército bien pertrechado, dispuesto a la guerra y que subía por la costa arrasando pueblos y la comarca, ya que habían recibido la orden “no dejar testigos de su vandalismo” de copar totalmente el indefenso territorio a tiempo que se armaba una estrategia conjunta entre Perú y Bolivia puesto que existían entonces tratados para asumir acciones conjuntas en defensa de una agresión. Del resultado de ese esfuerzo, dos meses más tarde el 26 de mayo se libró la batalla de El Alto de la Alianza, que vencida por Chile, facilitó su avance hasta bien adentro de suelo peruano, muy cerca de Arequipa.
Rescatar la memoria de patriotas bolivianos como Gaby de la Reza, bien conocida como “Gaby del Mar” que reclutada por la causa de los premilitares de los años 40, inflamada por su fe reivindicacionista, enarboló la bandera del retorno a las costas y se integró al Comité Pro Mar, constituido en Venezuela y que siempre alentó de un modo fraterno y solidario el ideal concreto de “volver al Pacífico tan injustamente perdido”. Gaby tuvo la virtud de recordarnos con verdadera unción patriótica cual es el deber de cada boliviano.
Junto a Gaby de la Reza se ubican varios otros líderes como el recientemente desaparecido Jorge Soriano Badani, quién se preocupó de recopilar junto al Coronel Velazco toda la documentación posible de las protestas que se suceden desde la misma fecha de la agresión del 14 de febrero de 1879 hasta nuestros días. Soriano Badani documentó todo el proceso y tenía en preparación una obra de la que nos venía anoticiando periódicamente y que no llegó a publicar, siendo de esperar que sus hijos pudieran hacerlo en atención a “la sagrada tarea de recuperar el mar”la obsesión que acompañó a nuestros líderes.
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Cuando Hugo Banzer acogió la iniciativa de “negociar con Chile” una salida al mar, logró el concurso de civiles y militares que trabajaron en la formulación del planteamiento ante Augusto Pinochet y se montó el episodio de “El abrazo de Charaña” cuando el primero deja en manos del segundo la formal solicitud que es respondida a las pocas semanas con una propuesta muy concreta. Chile otorga una salida consistente en un corredor paralelo a la frontera con Perú hasta las cercanías del puerto de Arica. El corredor de 10 kilómetros de ancho, será compensado por Bolivia en el mismo número de kilómetros cuadrados en territorio potosino. La propuesta de 18 puntos es examinada por grupos militares, civiles, cívicos hasta que llega al Comité presidido por Gaby de la Reza, que en histórica sesión ofrece una réplica expresada por el Dr. Hugo Bilbao la Vieja en nombre de los 100 ilustres convocados a la Cancillería para conocer en detalle la proposición.
Contundente rechazo a la oferta formula el Comité por dos causas, una la imposibilidad de olvidar “en forma solemne y definitiva el tema de la reivindicación” y segundo porque ningún ciudadano potosino estaría dispuesto a ceder en su territorio, un solo metro de terreno a favor de Chile. Esta postura sirvió de acicate a Perú, para negarle a Banzer la aceptación del corredor “dentro de territorio que no le pertenece a Chile”. Con lo que el famoso “abrazo…” pasó a la historia.