Álvaro Riveros TejadaCon la alharaca habitual que nos caracteriza a los bolivianos, cuando de celebrar falsas victorias se trata, hemos iniciado esta semana con la condecoración a tres dragoneantes del ejército que, luego de cruzar distraídamente la frontera chilena, fueron capturados por carabineros de ese país y absueltos y expulsados a Bolivia, tras 31 días de prisión.Lo inexplicable del caso es que dicho incidente se haya producido después de uno similar que se produjo hace meses en la misma frontera. Empero, en esa oportunidad primó el sentido común y la cosa no pasó a mayores. Se trató como debe tratarse diplomáticamente una incidencia. Los soldados fueron devueltos sin más aspavientos y las partes mostraron su satisfacción. Empero, en esta oportunidad variaron las circunstancias, así como también los escenarios políticos. La ocurrencia pareciera haberse iniciado a partir de la famosa Cumbre de la CELAC–UE donde tal vez, por parte nuestra se buscó crear un conflicto de forma deliberada con el gobierno chileno, para generar un clima de unión y expectativa entre los bolivianos en torno a su presidente, que desea reelegirse para continuar su patriótica tarea de recuperar el mar, y por parte de La Moneda, se aprovechó el despiste de los conscriptos para mostrar al mundo y, en especial a los magistrados de La Haya, que existe una frontera caliente donde en cualquier momento puede estallar un conflicto bélico de graves consecuencias y por lo tanto es necesario evitarlo, aplicando ecuanimidad en el fallo que se tiene pendiente con el Perú.Curiosamente, en este entripado se llegó hasta acudir, mediante nota escrita, al tan odiado Departamento de Estado de EE.UU. en la persona de John Kerry, comunicándole oficiosamente sobre la malhadada situación. Esta actitud fue por demás ociosa dado que como integrantes del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) tenemos la facultad de realizar operativos en nuestras fronteras, de manera segura, comunicando previamente al país fronterizo, lo cual bastaba para evitar la ordalía de nuestros conscriptos, comandados por el sargento de música Luis Quino, que al momento de la captura se hizo gas, dejando a los soldados al cuidado de los vehículos chutos. Por su parte, el presidente Piñera, que para toda la opinión pública mundial ha metido la pata enredándose en este burdo aquelarre, sabe Dios si logró sensibilizar a los jueces de la Haya, lo cierto es que para la mayoría de los rotos se portó como un patriota que defiende a capa y espada el territorio mal habido de su país, hasta el punto de amenazar con la fuerza, lo que la razón no entiende. En fin, la política da para todo y este triste suceso nos deja valiosas enseñanzas. Primero, que para recuperar el mar quizás sólo necesitemos de unos doscientos soldados distraídos que crucen la frontera y lleguen hasta Antofagasta en pos de su objetivo y segundo, que el tema marítimo sirve políticamente, tanto a bolivianos, como a chilenos y con él, se puede fabricar, tanto héroes, como villanos.