Los malos herederos de la Democracia


Alan Echart*

ECHART Se estableció que en el siglo V antes de Cristo se empezó a hablar de “democracia” y es a partir de ese momento que este sistema de gobierno empezó a evolucionar a lo largo del tiempo, la palabra por si sola nos trae a la mente algunas ideas preconcebidas: elecciones ciudadanas, una vida tranquila y pacífica, una población feliz ejerciendo sus derechos y respetando las leyes, etc., pues es fácil imaginarlo cuando uno asume que democracia es lo opuesto al autoritarismo, sin embargo podríamos describir a este ultimo como un cáncer que a logrado sobrevivir en regímenes democráticos, incluso llegando a adueñarse de ellos, pues cuando se coartan las libertades se ejerce acciones autoritarias así de simple, quienes no vivimos en épocas de dictadura o de gobiernos autoritarios y nacimos en la era democrática Boliviana aprendimos a través de libros y relatos sobre las sombras de los tiranos que nos gobernaron, relatos de miedo, persecución y golpes de estado, pero también escuchamos relatos de valor y lucha, de sacrificio y de entrega de quienes esforzadamente nos heredaron una República en democracia.

Es en ese punto donde se puede contrastar nuestra realidad con la lucha de varias generaciones que vieron la luz del respeto a los derechos humanos, luego de muchos años de oscuridad bajo la tinieblas de las tiranías, la historia nos enseña que los grandes cambios se conquistan de la mano del pueblo movilizado sea en las urnas o en las calles, o en ambas, y pocas veces a través de decisiones correctas de nuestros gobernantes; justamente porque el poder no se cede fácilmente. Por ello el proceso autonómico y de descentralización del poder que por cierto fue ganado en las calles y en las urnas se constituye en una conquista del pueblo, pero hablar de conquista implica hablar de conquistadores y conquistados estos últimos representantes coyunturales del centralismo, a quienes les demostramos que la población merece desarrollo y felicidad, para lo cual uno de los primeros pasos a seguir es que debe ser gobernada únicamente por el propio pueblo y por nadie más, tal cual reza la famosa frase de Abraham Lincoln “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, es así que el sistema democrático para hacer viable una administración efectiva permite la elección de representantes con la principal característica de que gocen de la confianza de las mayorías, proceso que se legitimiza a través del voto popular.



El legado de la democracia fue un regalo para las generaciones como la mía y esa herencia hoy convertida en un derecho se ve amenazada por quienes no comprenden el daño irreparable que le hacen a la sociedad cuando gobiernan un pueblo sin haber sido elegidos para ello como es el triste caso de Tarija, es ahí donde corresponde establecer que los principios democráticos no se negocian o pactan, ni deben ser olvidados, así como nuestra historia no puede borrarse ni los esfuerzos de quienes la construyeron para bien, pues hacerlo nos convierte en malos herederos y mucho más si con nuestro silencio permitimos la hegemonía del autoritarismo en tiempos de democracia. “La mayoría de las veces un pueblo no valora lo que tiene hasta que lo pierde”.

*Abogado tarijeño

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