El funeral de Chávez se convierte en una apoteosis de divinización del líder
En su alocución, el «heredero», Nicolás Maduro, grita que el presidente es ya inmortal: «Sigue invicto, puro, transparente, vivo para siempre»
Mahmud Ahmadineyad. El presidente iraní fue aclamado por los más exaltados chavistas.
Pompa chavista y culto a la personalidad. El funeral de Estado de Hugo Chávez celebrado ayer en Caracas se convirtió en la apoteosis de la divinización política del fallecido presidente de Venezuela. Una ceremonia que contó con la presencia de 32 jefes de Estado o de Gobierno, que siguió un solemne ritual, pero que sobre todo se vio marcada por la exaltación emocional de líderes y militantes chavistas, que no ahorraron lágrimas, vivas y cánticos de alabanza al desaparecido comandante.
Los mandatarios que asisten al funeral de Chávez aplauden al Príncipe de Asturias (a la izquierda) en el momento en que este es presentado
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La Orquesta Sinfónica Simón Bolívar fue la encargada de abrir el acto con la interpretación del himno nacional. A continuación, el cantante folk Cristóbal Jiménez puso un toque más popular al acto con la interpretación de algunas de las piezas musicales preferidas de Chávez, como «Alma llanera», «Fiesta en Elorza», «Venezuela» y «Linda Barinas», la ciudad natal de Chávez.
El «heredero», Nicolás Maduro, que aún no había jurado el cargo de presidente, depositó una copia del sable de Simón Bolívar sobre el ataúd de Chávez, totalmente cubierto por la bandera tricolor. Fueron presentados los jefes de Estado y de Gobierno que asistían al acto y que, por turno, hicieron guardia junto al féretro. El primer turno fue para los más firmes aliados de Chávez, el presidente de Cuba, Raúl Castro, el de Bolivia, Evo Morales, y el de Ecuador, Rafael Correa.
Los enfervorizados chavistas que rodeaban la Academia Militar, donde tuvo lugar la ceremonia, también participaron a su manera. Al mandatario que más ovacionaron fue al presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, seguido de Raúl Castro, Rafael Correa y Evo Morales. El chavismo parecía sentirse cómodo en presencia de líderes tan controvertidos como el iraní o el dictador de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang Nguema. Por momentos, Caracas parecía Pyongyang, solo que la disciplina norcoreana fue sustituida por el carácter latino y tropical.
«La batalla continúa»
En una exaltada alocución de treinta minutos, Nicolás Maduro hizo énfasis en que el fallecido presidente ya se ha convertido en un inmortal que seguirá viviendo entre los mortales venezolanos: «La batalla continúa, ¡Chávez vive, la lucha sigue! Que viva Hugo Chávez, que viva nuestro pueblo», gritó emocionado. «Chávez sigue invicto, puro, transparente, vivo para siempre». Tras lo que concluyó que, eso sí, Chávez lo «dejó todo arreglado». «Ya queda de parte nuestra si lo hacemos o no lo hacemos. Nosotros llamamos a todo el pueblo a que lo hagamos», subrayó.
El obispo Mario Moronta, el pastor de la Guardia de Honor Presidencial, Alexis Romero, y el reverendo norteamericano Jesse Jackson fueron los encargados del oficio ecuménico. «Nos hemos reunido para dar el hasta luego al presidente Hugo Rafael Chávez Frías, encomendarlo a la misericordia de Dios Padre. En los últimos tiempos pudimos oír de sus labios que él se aferraba a Cristo y a la vida y con ello manifestaba su deseo de luchar para vencer la enfermedad, ahora desde nuestra fe le pedimos al mismo Cristo que lo aferre a él mismo, concediéndole el perdón de sus pecados que como débil humano cometió», señaló monseñor Moronta.
Mientras, en los alrededores de la Academia Militar, el tiempo parecía haberse detenido. Los venezolanos que se sienten huérfanos por la pérdida de su comandante llevan horas –incluso días– en el mismo lugar. El sol y un calor cercano a los 35 grados no hicieron mella. El hipnotismo era total cuando la fila interminable para velar el cuerpo de Chávez se convirtió ayer en el público del funeral. Varios miles más de personas querían entrar a la zona, pero ya había demasiada gente y se restringieron algunos accesos.
Fervor y tensión Aunque los chavistas repitan «aquí no va a pasar nada», se respira la tensión en Caracas
En apoyo al «heredero» Los simpatizantes del régimen coreaban, «con Chávez y Maduro el pueblo está seguro»
Entre los fieles chavistas había una muy variopinta representación de la revolución: abuelas con gorras con la bandera tricolor, niños con insignias del caudillo, calcomanías estampadas en los brazos y los rostros de la gente, banderas, la omnipresente estampa del «Che» Guevara en las camisetas…
La simbología rebosó por todos lados. También el sentimiento patriótico. El himno patriótico resonó desde la calle a viva voz. Muchos lo entonaban entre lágrimas. Hasta l os ni ños t ra í dos por s us chavistas progenitores entonaban con emoción el himno. También había algunas señoras que obligaban a los periodistas a ponerse de pie,en la tribuna de prensa, situada a unos 500 metros del corazón del funeral. Ahí dentro los únicos periodistas presentes eran los de la cadena pública de televisión venezolana.
«Chávez se multiplicó»
«Chávez no murió, se multiplicó». Este era uno de los muchos que se escuchaban en los alrededores de la Academia. El sentimiento que reinaba en la multitud era de «lucha», de tensión, de aferramiento al legado del presidente. «Con Chávez y Maduro, el pueblo está seguro», era otra de las consignas.
«En España le llaman comunista, pero esto es el pueblo venezolano, nosotros somos los pobres de Chávez y siempre le querremos», decía uno de sus seguidores en la fila. Otro se dedicaba a increpar a algunos fotógrafos que tomaron algún momento violento que hubo en la espera.
En la concentración había también gente de otras partes del país que llegaron en caravanas a la capital. Aparte de las ocho horas de viaje que Josué hizo el día anterior desde Táchira, al sur, tuvo que esperar alrededor de seis para ver el cuerpo de Chávez, pasó la noche en el lugar y ayer asistía al funeral entero. Además de gentes de Venezuela había peruanos y también pequeñas representaciones de países caribeños aliados.
Pero a la vez se respira en Caracas cierta tensión silenciosa. Aunque Chávez ha muerto, la expresión del chavismo nunca ha sido tan exaltada. «No va a pasar nada» es la frase que se repite una y otra vez entre los caraquenses.
L. VINOGRADOFF / R. MARTÍ – ABC.es