Emilio Martínez*
Hace ya 15 años desde nuestra charla con el escritor cubano Eliseo Alberto en el Hotel Portales de Cochabamba.
Pero recuerdo con claridad que el autor del Informe contra mí mismo, por entonces exiliado en México (la “tercera orilla”, como le gustaba decir, siendo la isla y Miami las otras dos), me decía que una de las principales falencias del régimen castrista era la exclusión política de la amplia población negra, casi sin representación en los altos niveles de gobierno, con la solitaria excepción que confirma la regla de algún general afrodescendiente.
Eliseo Alberto falleció el año pasado, pero quizás en sus últimos tiempos haya reparado en un fenómeno esperanzador: el surgimiento de nuevos líderes afrocubanos en la disidencia.
Es el caso de Guillermo Fariñas, honrado por la Unión Europea con el Premio Sajarov por su lucha destacada en defensa de los derechos humanos, quien ha pasado 11 años de su vida en las prisiones políticas.
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Y es el caso de Berta Soler, líder de las Damas de Blanco, quien dice sin pelos en la lengua que Cuba “no necesita reformillas económicas, necesita libertad”.
Son los vientos de cambio que anuncian el futuro, mientras el reloj biológico cuenta las horas finales de una gerontocracia autoritaria.
*Escritor y analista político