Qué civilizados nos hemos vuelto. O qué pasivos. Un escándalo como el de la NSA hubiera tenido que provocar dimisiones en masa. En otro tiempo ese espionaje internacional y masivo quizás (probablemente) hubiera sido motivo suficiente para declarar una guerra.
Pero no ahora, en una época en la que afortunadamente la diplomacia lo resuelve todo. Parece dar igual que la NSA y Estados Unidos hayan estado espiándonos a todos de forma indiscriminada “en aras de la seguridad nacional“. O quizás no: el descubrimiento del espionaje a diversos líderes mundiales parece haber dado por fin una razón suficiente a esos gobernantes para pedir explicaciones por este absoluto escándalo.
