2013: Terrenal y espacialmente paradójico


Erika Brockmann Quiroga

ERICKA Transformar la justicia implica atacar déficits en todo el sistema de instituciones de la justicia. Estos retos terrenales serán imposibles de encarar en tiempos de circo y de campaña, en tiempos en que gobernantes consideran al Estado infalible y tan poderoso que puede doblegar y violentar los derechos ciudadanos.

No es fácil caracterizar este 2013 en pocas palabras. Así como nos asombraron hechos espaciales y aeronáuticos singulares, fuimos también testigos de otros terrenales, festivos y crónicamente lacerantes. Fue el año del lanzamiento de la Agenda Patriótica 2025 desvirtuada por memorables zancadillas cortoplacistas. Su mirada estratégica fue puesta en duda no sólo por reflejos preelectorales prematuramente improvisados (ej. doble aguinaldo) sino también por un Censo cuyos insumos y datos, claves para toda planeación, despiertan más dudas que certezas.



Cerramos el año con el lanzamiento del satélite Túpac Katari cuya espectacularidad y propaganda nos transporta a un mundo de sueños cósmicos antes impensables. La tecnología de la modernidad irrumpió sin complejos. La nostálgica exaltación de lo ancestral se archivo en el desván de los recuerdos mientras la población cada vez menos proclive al Vivir Bien comunitario terminó seducida por Vivir Bien del consumismo.

Sería imperdonable no mencionar al globalmente publicitado periplo aéreo del avión presidencial al retornar de Rusia. Además de generar una secuela inusual de turbulencias en nuestras relaciones con Europa, el hecho fue una demostración de que los países imperiales no están libres de incurrir en torpezas aéreo diplomáticas.

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En tiempos de bonanza y, no conformes con batir récords en el incremento del parque automotor terrestre, optamos por comprar aviones y helicópteros nunca vistos, asegurando la movilidad aérea de rescatistas, jerarcas, burócratas y futuros candidatos en cumplimiento de “funciones oficiales”.

Frente al festín del gasto, dos notas aeronáuticas ensombrecieron el panorama. La primera tuvo que ver con el accidente de Aerocon cuya secuela trágica bien pudo evitarse de contar al menos con un carro cisterna en una importante terminal aérea beniana. La segunda tuvo y tiene que ver con los incontables vuelos clandestinos no detectados en la ruta aérea del narcotráfico, debido al alto costo de los radares que el Gobierno, curiosamente, señala no estar en condiciones de financiar.

En el mundo terrenal lo crónicamente lacerante tiene que ver con la crisis de la justicia boliviana. Los casos Bakovic, Pinto, Ostreicher, la tragedia de Palmasola y el incremento de feminicidios impunes simbolizan la crisis de una justicia que, como el propio vicepresidente dijo “toco fondo”. Su reforma radical sigue siendo una asignatura pendiente. Luego de ocho años de gobierno, el fetichismo legal es hiperinflacionario, el agravamiento de penas y castigos anunciados no son solución reflejando su inoperancia. Con su improvisación “innovativa” el Gobierno dio marcha atrás con lo poco bueno avanzado y agravó la enfermedad con una secuela de corruptas extorsiones. Una reforma radical debiera encararse con la misma determinación política plural demostrada al constituirse un Órgano Electoral confiable entre 1990 y 91.

Hoy necesitamos operadores de justicia no sumisos ante gobernantes que sentencian y juzgan con estridencia, incorruptibles ante el poder económico público y privado, y no temerosos al poder y la presión de la muchedumbre movilizada en las calles.

Transformar la justicia implica atacar déficits en todo el sistema de instituciones de la justicia. Estos retos terrenales serán imposibles de encarar en tiempos de circo y de campaña, en tiempos en que gobernantes consideran al Estado infalible y tan poderoso que puede doblegar y violentar los derechos ciudadanos.

El 2013 fue espacial y terrenalmente paradójico. Se cierra con el rugir de los motores y el entusiasmo despertado por el paso del Dakar por Bolivia.

Los Tiempos – Cochabamba