El Estado como proxeneta


Luis Christian Rivas Salazar

LUIS CHRISTIAN Hace poco el escritor cubano Carlos Alberto Montaner escribió un artículo denominado: “El Estado proxeneta”, donde denuncia cómo el régimen cubano exporta profesionales a otros países como si fueran esclavos: “La trata de médicos y personal sanitario. Alcanza la cifra de siete mil quinientos millones de dólares anuales (…) El gobierno cubano alquila y cobra por el arrendamiento de sus profesionales. Les confisca el 95 por ciento de los salarios”. También se trata y trafica con profesores de matemáticas y física que son alquilados a universidades latinoamericanas y técnicos en informática para compañías europeas.

En Bolivia también se habla de un proxenetismo político. En el “Estado Patriarcal y Estado proxeneta: La puta no tiene clientes, tiene prostituyentes” de María Galindo, se nos dice que “Estado proxeneta” puede ser un concepto clarificador para entender lo que significa cooptación y clientelismo político, como formas de prostitución política.



Entiéndase por cooptación, la inescrupulosa acción del gobierno por tener a su favor la opinión y decisiones de los dirigentes de movimientos sociales, quienes dejan de lado su institucionalidad no partidaria para apoyar abiertamente al gobernante, por ejemplo, dirigentes de los obreros que apoyan ciegamente al partido oficialista, tal como si se tratase de militantes. Entonces, tenemos dirigentes comprados o seducidos que subordinan los intereses de su grupo por los intereses de quien los ha cooptado.

El clientelismo político, también es una especie de prostitución de intereses donde existe un intercambio de favores, por un lado tenemos un político influyente que busca obtener votos, ventajas o regalos a cambio de apoyar al cliente elector, quien extraoficialmente promete apoyo a cambio de ciertos privilegios, monopolios, subvenciones, o cargos públicos en oficinas públicas. Por ejemplo, grupos de presión que aseguran apoyo incondicional a cambio de puestos en la administración pública o privilegios impositivos, como es el caso de los cocaleros.

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Existe clientelismo político cuando un empresario se convierte en cliente que intercambia bienes o servicios con el Estado en competencia desleal con otros empresarios proveedores, estando este empresario en ventaja, por algún tipo de influencia que puede provenir de padrinazgos, amiguismos, parentesco, etc. Puede pasar que por obtener ventaja frente a otros competidores dentro de un concurso de propuestas o licitación, uno de los participantes oferte una coima que asegure su licitación, lo que se entiende por “diezmo”, que consiste en una tajada que tiene el burócrata que logra hacer efectiva la licitación, generalmente un diez por ciento sobre las ganancias del empresario privilegiado.

Entonces con semejantes características tenemos un Estado empresario mercantilista que trafica con influencias y comete delito en impunidad, María Galindo nos dice: “El estado proxeneta te utiliza (…) establece una relación humillante protagonizada por algún funcionario o funcionaria mediocre que halla en el pequeño espacio que ocupa el terreno ideal para ejercer, reiterar y subrayar ese espacio de “poder” en el que respecto de ti se coloca. Ese funcionario o funcionaria y sus mecanismos de postergación, humillación, arbitrariedad, impunidad y corrupción son el rostro del estado frente a vos puta, a vos desempleado, a vos viejo, a vos vieja, a vos vendedora ambulante. Es la cara del proxeneta que vive de ti con tu dinero”.

La víctima para poder ejercer su actividad tiene que entregar un porcentaje de su esfuerzo al Estado proxeneta mediante tasas, aranceles e impuestos para evitar la confiscación, embargo o cárcel, la víctima del proxeneta es el ciudadano.