Raúl Peñaranda U.Dos de los principales pilares del sistema democrático es el equilibrio de poderes y la alternancia en el Gobierno. El equilibrio de poderes quiere decir que un sector, por ejemplo el Ejecutivo, no puede hacer lo que desee sin negociar y tener que convencer a otros, como el Legislativo o la sociedad civil organizada, ni violentar las leyes, para lo cual se crea un sistema judicial independiente.En Bolivia no se cumplen esas características. El Gobierno no tiene propiamente límites a su poder. El Primer Mandatario y su Vicepresidente, per se, ellos mismos, sin ninguna institucionalidad, deciden qué medios de comunicación mienten y no reciben publicidad estatal, cuáles ONG «hacen política” y son pasibles de ser «expulsadas”, qué políticos son «vendepatrias” y merecen la cárcel. Están por encima de la ley. Es como Luis XIV: el Estado son ellos, no las normas, las instituciones y, menos, la sociedad.Pero hay más. Como los caprichos presidenciales no tienen límite, y el Vicepresidente los alienta como una manera de asegurarse la pega más allá del 2020, estamos construyendo un régimen que va contra su propia gente. La inexistencia de oposición, la ausencia de justicia independiente y el talante autoritario del Gobierno hacen que estemos frente a una aplanadora que está llevando al país hacia la noche. Veamos tres temas principales:¡Amárrame los guatos! ¡Constrúyeme un estadio!En los últimos días se ha conocido un video en el que el Presidente, con desdén, le ordena a unos de sus guardias de seguridad que le amarre los cordones. Ni lo mira, sólo hace un gesto. Él, predestinado a cambiar el mundo, ya no puede hacer cosas tan domésticas como amarrarse los guatos. Él está por encima de todos los mortales. Otra foto muestra cómo, también sus guardias de seguridad, le colocan los zapatos de fútbol. «Vos, sí, tú, ponme los cachos, rápido”, ha podido decir.Esas visiones son desagradables, pero anecdóticas. El problema es cuando la misma actitud presidencial (y la misma pasividad de sus ministros y asistentes que muestran sus guardias) se pone en marcha para otros caprichos: «Vos, sí, tú, hazme un estadio en Chimoré, rápido, para 15.000 personas”, debe haber dicho. El aludido no le pudo responder que esa era una mala idea porque en toda la localidad hay unos 15.000 habitantes. Sería como construir un estadio en La Paz para 700.000 espectadores. Estará siempre vacío.Con la misma lógica, Evo ha debido decir: «Vos, sí, tú, constrúyeme un aeropuerto internacional en Oruro, rápido”. Y otro en Copacabana; y otro en Chimoré; y un estadio para 60.000 espectadores en Cochabamba; y una planta azucarera en San Buenaventura; y una planta de urea en Bulo Bulo; y un museo en Orinoca; y un nuevo Palacio, etc. Todas esas ideas son erradas, pero los pasivos ministros no pueden ir en contra del soberano.Reactor nuclearTodos los estudios internacionales establecen que la energía nuclear no es más barata de producir que las de otras fuentes, como hidro o termoelectricidad, y ni siquiera más eficientes que la energía eólica o solar. Si se toman en cu enta los costos, casi indefinidos en el tiempo, del tratamiento de los desechos nucleares, resulta que producir un kilovatio de electricidad mediante una planta nuclear es más caro que producirlo mediante gas, la fuerza del agua, el viento o el sol. Por eso, en los últimos 25 años no se han inaugurado plantas nucleares en ningún país de Occidente, sí en China), Francia ha decidido bajar su dependencia con esta energía, Alemania y Suiza están cerrando sus plantas y otros países han suspendido su construcción indefinidamente. Las dos únicas que están construcción, una en Francia y otra en Finlandia, están atrasadas en años y han triplicado sus presupuestos.A lo que hay que añadir el riesgo de graves riesgos de contaminación. El Gobierno, que no está suscrito a páginas web en las que se hablan de estas cosas, ya ha decidido gastar 1.750 millones de dólares en una planta nuclear. Es el amor por hacer estupideces.Inundar el Madidi, perforar en áreas protegidasCuando en 2014 se produjeron graves inundaciones en el Beni, el presidente Morales pidió que se investigue si las causas de las mismas eran las dos represas que construyó Brasil en su territorio. Es una duda razonable, que no ha sido absuelta hasta ahora.Pero contrariamente a esa intuición, Morales quiere ahora hacer una represa en el río Beni, en el denominado estrecho del Bala, que inundaría el 60% del Madidi y el parque Pilón Lajas. Centenares de familias indígenas deberán ser reubicadas, se acabará el turismo en esa zona, morirán las localidades de Rurrenabaque y San Buenaventura y el hermoso río Beni será cortado por una represa que podría tener 60 metros de alto. El daño ambiental y social será incalculable.A la par de ello, el Gobierno ha ordenado que se realicen tareas de exploración y explotación de hidrocarburos en las 22 áreas protegidas del país.La razón que tiene el Gobierno de avanzar en ese tema es que no ve otra manera de desarrollar el país que no sea mediante el extractivismo. Como a su limitada visión del desarrollo no ingresan más conceptos que perforar para producir algo (o bloquear ríos para generar electricidad), entonces apuesta por la idea equivocada: seguir perforando. Y así seguiremos siendo uno de los países más pobres de América Latina.Página Siete – La Paz