
La oleada populista metió a los chilenos en el mismo cauce en el que están otras naciones del continente, donde se ha estado propalando el estatismo y la gratuidad como paradigmas a seguir. Los incautos están convencidos que el Estado saca la plata de algún lugar del espacio para pagar las escuelas y los hospitales, sin darse cuenta de que todo proviene del ámbito privado, es decir, de los impuestos y de la actividad que generan las empresas, los que trabajan y producen.
El problema es que las “escuelas gratuitas”, como casi todo lo que hace el Estado, carecen de supervisión y su calidad es muy mala, mientras que los establecimientos privados, con los mismos programas y los mismos profesores, son muy bien vigilados por los padres y los estudiantes que exigen un buen servicio por el dinero que pagan. En Chile está por ganar el sistema socialista que siempre da como resultado la decadencia.
Fuente: eldia.com.bo
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