¿Quién creó a Gabriela Zapata?


MolinaFernando MolinaEl llamado “caso Zapata”, con todas sus ramificaciones showbussineras, ha dañado la credibilidad y la reputación de Evo Morales. Más allá de que el resultado no demostrara la implicación del presidente en las actividades ilegales de la ex gerente comercial de CAMC, Gabriela Zapata, sí sirvió para exhibir al público que tanto él como otros funcionarios no guardan la discreción ni el decoro que corresponde a sus altas responsabilidades políticas, han sido seducidos por las “facilidades de acceso” que da el poder en todas las esferas de la vida, y que constituye la principal deformación de la que este es capaz. Sí, la imagen del presidente, seductor de chiquillas y padre negligente, incapaz de encargarse de sus asuntos privados de manera que no afecten al Estado (¿cuánto dinero habrá gastado el Estado para defenderlo?), ha sufrido un serio menoscabo, quizá irreversible.¿A quién responsabilizará de esto Morales y su gobierno? ¿Se mirará el presidente en el espejo y dirá: metí la pata? ¿Dirá: no debería haber llevado mis asuntos personales de forma que afecte al Estado, el gobierno y mi causa? ¿Tengo que cuidarme de lo que el poder está haciendo conmigo?No, por supuesto. Nadie en el gobierno está dispuesto a plantearse las cosas de esta forma. En cambio, los gobernantes están más que dispuestos a echarle la culpa a otros, concretamente, a los periodistas que destaparon el “caso Zapata” y lo trataron, a menudo de forma politizada, pero que no lo inventaron.Los voceros de Morales han salido con el argumento de que la prensa no tiene derecho a meterse en la vida privada ¡del presidente! (Cierto que con ayuda de algunos periodistas y políticos opositores desavisados). Otro argumento es que, puesto que la corrupción monetaria no ha sido probada, entonces todos los involucrados en este caso se hallan limpios de polvo y paja. Pero la corrupción no es, ni tiene por qué ser, solo monetaria. “Corrupción” incluye toda desviación por parte de los funcionarios de la conducta que se espera de ellos. Y de ellos se espera el cumplimiento de la ley, sí, pero también el seguimiento de la moral republicana, que les exige someter sus deseos y sus caprichos personales, enseñorearse de ellos, subordinarlos al cuidado del bien común.Si seguimos la lógica gubernamental, Evo y cualquier otro funcionario es libre de echarse una amante que sea jefa de la mafia, espía de una potencia extranjera o terrorista, y no tiene ninguna responsabilidad cuando firma documentos que no le consta que sean ciertos. Evo puede ser mal padre, puede meterse con jovencitas que tienen la edad para ser sus hijas. (Y la oposición asiente a esto, pues no sabe cómo, o quizá simplemente no quiere entrar en una discusión ética, porque no le convendría hacerlo; de ahí que se aferre, contra viento y marea, a la teoría de la existencia de corrupción monetaria).Los periodistas tenemos nuestras culpas, pero no fuimos nosotros los que creamos a Zapata y sus relaciones peligrosas con el poder político y económico. A Zapata la crearon la lujuria y la frivolidad del poder. Probablemente Evo no hizo tráfico de influencias, pero actuó mal en tantos sentidos que necesitaríamos otro artículo como este para enumerarlos.