El (supuesto) hijo del presidente


raul-penaranda_01Raúl Peñaranda U.El abogado y rector de la UMSA Waldo Albarracín ha confirmado que, en 2009 o 2010, la exnovia Gabriela Zapata se acercó para pedirle ayuda legal en el caso de un hijo que tenía con el presidente Evo Morales. No llegó a intervenir legalmente, expresó, porque Morales y Zapata lograron un acuerdo bilateral. Este dato podría ser crucial para demostrar que, por lo menos hasta 2009 y 2010, sí existía un niño hijo del presidente.En la suposición de que el niño nunca existió, como afirma el Gobierno, ¿cómo se explicaría que el presidente, tres años después del supuesto nacimiento, no supiera si su hijo vivía o no? ¿Puede engañarse así a una persona? Sí, siempre que esa persona nunca, en tres años, haya querido ver al niño. Entonces, o el niño nació, pero después falleció, como dijo Evo al principio de este escándalo o, si nunca existió, este no se enteró de ello durante tres años.Este tema es relevante porque nos muestra la fibra moral del presidente: su desapego hacia la familia, su opción de poner su interés personal y político por delante de cualquier otro, su trato hacia la mujer, etc. También lo es porque nos recuerda que Morales reconoció a sus dos hijos mayores solo después de largos procesos judiciales llevados adelante por las respectivas madres.Pero el tema no es importante para analizar el supuesto tráfico de influencias. Zapata se enriqueció súbitamente, según mostró su ostentoso estilo de vida previo a su detención. A los 26 años, sin ser profesional, logró un puesto de alta responsabilidad, nada menos que el que se encarga de conseguir nuevos contratos gubernamentales para la empresa china CAMC. Y luego, estando ella en ese cargo, logró 344 millones de dólares para su compañía. El último, la de construir la planta de sales de potasio, fue obtenido después de que se demostró que la empresa había incumplido el contrato de construcción de la vía férrea Bulo Bulo-Montero. Todo esto, por lo menos, es raro. Pero no se aclarará ni eso ni cuál fue en el tema la participación del presidente y su ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, mientras este Gobierno siga, puesto que controla la justicia y todas las instituciones que podrían echar luz al asunto. Habrá que esperar. Y parece que mucho.Pero tanto incomoda al Gobierno el caso Morales-Zapata y tan incapaz es de controlar a los pocos medios independientes que quedan, y sus aliadas, las redes sociales, que ha empezado a tomar acciones ya definitivamente autoritarias: mandar a detener a una tía de Zapata y a sus tres abogados, acusados de algo estúpido, como tráfico de menores, es una grosera arbitrariedad que demuestra su ansiedad de que todo esto termine y de que nada ya lo detiene. Democracia en riesgo.El Deber – Santa Cruz