El abuso al que es sometido el general Gary Prado Salmón por una justicia dócil a los dictados del Palacio de Gobierno, insensible a su condición médica, parece hablar de una venganza que tiene antiguas motivaciones político-ideológicas.Todo apunta a que el encarnizamiento gubernamental tiene que ver con la participación que tuvo el militar en la derrota de la invasión extranjera encabezada por el guerrillero Ernesto Guevara de La Serna, que de triunfar habría convertido a Bolivia en una pesadillesca dictadura estalinista.Teniendo en cuenta lo infundado de las acusaciones contra Prado en el amañado caso Rozsa, estamos en realidad frente a represalias por hechos acaecidos hace casi medio siglo, que denotan la persistencia en el entramado del régimen de concepciones propias de la Guerra Fría.Una venganza que obvia las razones humanitarias que deberían llevar al juzgamiento en soledad del militar retirado, evitándole los padecimientos de lo que, en rigor, tenemos que llamar tortura judicial.Es una triste ironía de la historia que Prado, quien fue parte de la rebelión contra la narco-dictadura de García Meza, ahora tenga que sufrir en los engranajes persecutorios de otro régimen sobre el que también pesan fuertes acusaciones de connivencia o tolerancia con las mafias de la droga…[email protected]